A propósito
Una celebración como Dios manda
Si hay algo que fascina a los guatemaltecos que profesan la fe católica es la Semana Santa.
En cada rincón de nuestra geografía el olor a corozo e incienso invitan a recorrer las calles y observar las alfombras de serrín, los cucuruchos, las procesiones, y por qué no, algunos fervores que trascienden lo religioso y lindan con lo pagano...
Para vivir la Semana Santa como Dios manda —así lo diría mi abuela— no hay que salir de nuestras fronteras, porque es aquí donde aún se mantienen las ceremonias, casi sin cambios, tal cual las heredamos de nuestros antepasados. Claro, cada región de nuestra tierra le imprime sus particularidades, su cultura.
Las festividades más famosas son las que se llevan a cabo en Antigua Guatemala. Pero Lívingston, Izabal, cuenta con actividades que pocos conocemos.
La comunidad garífuna fusiona sus reconocidos tambores y exótica comida con cortejos procesionales y una estupenda escenificación de la Pasión de Cristo.
También hay quienes “guardan las fiestas” ofreciéndole a Dios ayunos, abstinencia y silencio.
Francisco Mauricio Martínez profundiza en el tema Dfondo de esta edición sobre estas peculiaridades e incita a dejarnos seducir por una Semana Santa con sabor a plátano, pero por sobre todo, con mucha fe.
Viviana Ruiz,
editora
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