China, en una jarra de cerveza
El té es la bebida más conocida de China, pero la cerveza no se queda detrás en cuanto a popularidad. El país compite cada año con EE. UU. por ser el mayor productor y consumidor mundial, y duplica las cifras de Alemania, el país cervecero por excelencia.

Por Antonio Broto
La cerveza es en China la bebida favorita para acompañar las comidas, beber con las amistades y celebrar grandes ocasiones. Un restaurante en ese país, a veces, no tiene agua mineral, pero nunca, nunca, le falta cerveza.
Este espumoso líquido tiene en el país asiático apenas un siglo de historia, que comenzó en la ciudad de Qingdao, un hermoso puerto de la costa oriental donde nació la primera cerveza china.
Denominada Tsingtao —forma en la que se escribía el nombre de la ciudad a principios del siglo XX—, esta bebida celebró sus cien años de historia a lo grande, y en la actualidad es la más consumida en la región y la octava del mundo.
Primero los alemanes, después los japoneses
La primera fábrica de Tsingtao, junto a los muelles y astilleros de la parte norte de la ciudad, fue creada seis años después de que los alemanes se asentaran allí (Qingdao fue colonia germana entre 1897 y 1914, como “reparación” de China a Alemania por el asesinato de dos misioneros del país centroeuropeo).
Construida por ingenieros germanos y británicos, su objetivo principal en esos primeros tiempos era abastecer de cerveza a los soldados teutones destinados en China.
Algunos de los edificios, instalaciones y bodegas de aquella época todavía se mantienen en la fábrica original, que continúa funcionando, y transformó su parte más antigua en un museo.
En dicha fábrica se puede aprender el proceso de elaboración de la cerveza, desde la maceración de los granos de cebada y otros cereales, en grandes recipientes, hasta su cocción y la posterior fermentación en barricas, donde la bebida permanece entre seis y ocho semanas.

El establecimiento industrial original de Tsingtao siguió siendo un reflejo de la historia contemporánea de China en 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando cayó en manos de los japoneses, otra potencia con intereses en los puertos costeros de esta nación.
La ocupación nipona no detuvo la producción cervecera de la factoría, aunque ésta también se dedicó a marcas de ese país, como la popular Asahi.
De aquella época (1914-1945) son los primeros anuncios publicitarios de la cerveza Tsingtao, carteles en los que elegantes chinas vestidas con qipao —el traje de moda en el Shanghái de los locos años 1920— pregonaban los efectos benéficos de la bebida.
Una vez privatizada, en 1993, cotiza en la Bolsa
En 1945, con la rendición japonesa, la fábrica pasó a manos del gobierno nacionalista del Kuomintang (KMT), y cuatro años después, con la huida de éste a Taiwán, la historia de la cervecería volvió a dar un giro, y la factoría fue nacionalizada por el entonces recién fundado régimen comunista.
A partir de entonces, Tsingtao tuvo dos líderes, como si se tratara de un ente político: un presidente —elegido por la mesa de accionistas— y un secretario general del partido comunista.
En los años de 1990, la cerveza Tsingtao fue un claro ejemplo de la transformación de la economía china, con su rápido abandono de la economía planificada hacia la capitalista.
Privatizada a principios de esa década, en 1993, Tsingtao se decidió a participar en la Bolsa, para cotizar en los mercados de valores de Hong Kong y Shanghái.
En 1998 comenzó a incrementar la competencia con otras marcas chinas —las hay cientos, pues casi cada
ciudad tiene su propia cerveza— y absorbió a algunas de sus competidoras. También comenzó la diversificación de sus productos, a la cerveza corriente añadió cerveza negra, jugos, refrescos.
De ahí al salto al extranjero había sólo un paso. En la actualidad, Tsingtao, que ya en la década de 1970 se exportaba a EE. UU., se vende en más de 50 países de los cinco continentes, entre ellos El Salvador, Chile y España.
Dicha marca tiene medio centenar de filiales en toda la nación asiática, incluidas cuatro en su Qingdao natal, y otras en las principales ciudades (Pekín, Shanghái, Shenzhen).
Las oficinas centrales de Tsingtao, en la céntrica plaza Cuatro de Mayo de Qingdao, conforman un alto rascacielos verde vidrio —como las botellas— que domina el paisaje del paseo marítimo.
Patrocinadora de Pekín 2008
La marca es uno de los patrocinadores de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, por lo que el logotipo de la gran cita deportiva acompaña desde hace unos años a sus etiquetas y anuncios.
Pese a los éxitos, esa compañía ha tenido que lidiar con problemas en los tiempos recientes. Uno de ellos, la entrada en el mercado chino de las marcas internacionales, bien con sus productos (San Miguel, Corona, Carlsberg) con la adquisición de compañías.
Al seguir la estrategia de “pactar con el enemigo”, Tsingtao se asoció con la mayor cervecera mundial, la estadounidense Anheuser-Busch (la productora de Budweiser). Desde el 2002, esta marca posee el 27 por ciento de Tsingtao, que sigue controlada mayoritariamente por accionistas asiáticos.
Otro problema para Tsingtao en los últimos años fue la duda en torno a la calidad de las materias primas que utilizaba, una cuestión que ha afectado a muchas otras industrias del país, especialmente las que exportan al resto del mundo.
Al parecer, se detectaron altos índices de contaminación en la cebada que se usaba en el pasado para elaborar la conocida bebida, un contratiempo que dicha compañía decidió cortar por lo sano y prohibió el uso de cereales nacionales e importándolos todos de Australia, Canadá y Francia.
Uno de los secretos de su éxito es el agua que se usa para hacerla (procedente de la montaña taoísta de
Laoshan), pero también, cómo no, su precio: tres yuanes (30 céntimos de euro, o 45 centavos de dólar) ¡el litro! |