Una en un millón
La aventura de mi amigo Jordi en Yakarta.

Mi amigo Jordi Prado y yo nacimos en Guatemala. En la actualidad, él vive y trabaja en París. Yo vivo en Viena. Cuando nos comunicamos y hablamos sobre Guatemala, siempre sale el tema de la comida. Qué nostalgia…
Hay tantas cosas buenas, bonitas y sabrosas del terruño que extrañamos, y que algunas veces, nos hacen falta.
El 19 de noviembre del 2007, en vías de trabajo, Jordi viajó a Yakarta, Indonesia. A pesar de las precauciones, a mi amigo le pasó lo que a cualquiera le puede pasar en cualquier país del mundo. Le robaron su pasaporte. Fue el 27 de noviembre. Cuando se dio cuenta de que le faltaba, inmediatamente trató de averiguar si en el área había alguna Embajada de Guatemala, con la mala suerte de que en esa parte del mundo nuestro país no tiene ninguna representación diplomática.
Al día siguiente, en su búsqueda de otras soluciones, ya que trabaja para una compañía francesa y es residente de ese país, Jordi fue a la Embajada de Francia en Yakarta, pero por ser ciudadano guatemalteco nada pudieron hacer.
Al filo del mediodía, con un calor de 35 grados a la sombra, el desconsolado Jordi salió de la Embajada francesa. Se sentía agotado y estaba desvelado.
Además, tenía sed. Habría dado su fortuna por una cerveza Gallo. De repente, cuando iba caminando por la calle Jalan M.H. Thamrin, en Gedung Sarinah, y pasó por el No. 11, se quedó paralizado. No podía creerlo. Enfrente de él estaba el anuncio del nada más y nada menos, Pollo Campero. Sí, el tierno, jugoso y crujiente.
Jordi no sabía que el Pollo Campero ya existe en Yakarta. En medio de su asombro, vio que en la entrada del local se encuentra una bandera con el emblema de Pollo Campero acompañada de dos más. A la derecha, la bandera de Indonesia y a la izquierda, la de Guatemala.
Con paso lento, se dirigió a la puerta del edificio de cuatro pisos y observó que el personal llevaba el tradicional uniforme anaranjado con blanco. El precio del menú, ya fuera con papas fritas o arroz y con una Coca-Cola, Fanta o Sprite, era de 31,900 rupias que, al cambio actual, representan US$3.15.
Con qué gusto ordenó un menú de pollo crispie “Campero Meal B”. En la mesa que escogió, estaba también la tradicional salsa ketchup. Al terminar su banquete, se dirigió a la puerta de salida en donde obsequiaban globos a los comensales cuando salían del local.
Como buen chapín, Jordi pidió tres globos aún sin inflar y las personas que atendían, muy amables por cierto, le dieron dos de color naranja y uno amarillo con sus respectivas varas. Para Jordi estos globos son muy importantes. Les ha dado la categoría de trofeos. ¿Será él el primer comensal turista guatemalteco que estuvo allí? ¡Qué envidia!
Ese día, por la tarde, ya más relajado, llamó a la Embajada de Guatemala en París en donde, afortunadamente, le dijeron que después de cumplir con ciertos requisitos, le enviarían un pase que le permitiría viajar de regreso a Francia.
La moraleja de este artículo es que cuando viajemos al exterior, debemos tomar precauciones no solo en poner a salvo los documentos personales y de valor, sino también llevar información sobre las oficinas consulares. “Ahola, en Yakalta cuentan que una vez, en un país lejano, un chapín peldió su pasapolte, suflió mucho, mucho, pelo finalmente alivió su desconsuelo cuando encontló y comió el Polo Campelo”.
Marta G. González Molina
marta.gonzalez@chello.at
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