Semanario de Prensa Libre • No. 193 • 16 de marzo de 2008

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D viaje

Mina de oro blanco y de fe
De los más de 14 mil usos comprobados que tiene la sal, los colombianos decidieron ofrecerle esplendor a uno: la fe

Fotos y texto por Viviana Ruiz

Al norte de Bogotá, a unos 40 kilómetros, una de las montañas que se encuentran en el pequeño poblado minero de Zipaquirá, ubicada en la Cordillera de los Andes, a una altura de dos mil 750 metros sobre el nivel del mar, abrió sus entrañas para dejar entrar a todo aquel que desee bautizar con sal su fe. Se trata de la catedral que lleva el mismo nombre del municipio que la cobija. En esta maravilla del mundo se conjugan la rudeza de la piedra con la delicadeza del arte y la fuerza de la creencia por un ser superior.

Roswell Garavito Pearl, responsable de la obra, construyó la catedral en 1991 por debajo de la que existía desde 1954 en las antiguas galerías cavadas por los indígenas chibchas dos siglos antes, la cual fue cerrada por razones de seguridad.

Lo que ahora es considerado patrimonio histórico, cultural y religioso de Colombia es también una creación arquitectónica subterránea cuyos 160 metros bajo tierra pueden albergar hasta tres mil feligreses.

No es casualidad que exista una obra como esta en la Tierra, porque la sal, las creencias religiosas y el hombre siempre han estado unidas. Homero llamaba la sal “sustancia divina”. Para los antiguos hebreos y los judíos actuales, este mineral es el símbolo del carácter eterno de la alianza de Dios con Israel.

En el islam se utilizaba para cerrar un trato por su inmutabilidad, ya que, incluso disuelta en un líquido, puede evaporarse y volverse a cristalizar, como si se tratara de una resurrección. En el cristianismo se asoció a la longevidad, a la verdad y al conocimiento.

El lugar está dividido en tres secciones: un vía crucis, la rampa de descenso y las naves centrales, donde se encuentran las cruces más grandes de toda la construcción.
En el primer tramo, pequeñas capillas emulan los 14 pasos que Jesucristo recorrió antes de llegar al Gólgota y ser crucificado. Cada una de éstas cuenta con una cruz y un reclinatorio.

Antes de llegar a la segunda fase, conformada por la cúpula desde donde se observa la cruz mayor (de 16 metros de altura que pareciera que está suspendida en el aire), ubicada en la nave central, ángeles y estatuas de Vírgenes acompañan al turista —todas elaboradas en sal o roca salina—; igual sucede con el tramo intermedio cuya rampa de descenso lleva hacia las cámaras, los balcones superiores y el nártex o atrio.
Y para finalizar el itinerario, el viajero encuentra La Creación, elaborada en alto relieve en mármol, el pesebre y la escultura de La Piedad.

La reflexión y la oración son cosas fáciles en este lugar. El recorrido es lento pero no por ello tedioso; la mina guarda silencio; sus sombras, que por momentos se iluminan con luces azules o verdes, guían al feligrés para hacerlo olvidar el tiempo y los rayos del sol, pero por sobre todo, las penas.

Un poco de historia

El domo de sal de Zipaquirá, uno de los depósitos más grandes de sal en el mundo, se formó hace aproximadamente 70 millones de años en la cordillera oriental colombiana, cita la página oficial de la catedral de sal: www.catedraldesal.gov.co

En este mismo sitio se explica que fueron los chibchas quienes descubrieron la utilidad de este mineral. Tiempo después, éstos, orientados por el Cacique Zipa, lo tomaban de algunas fuentes donde fluía al mezclarse con agua y formaban riachuelos; con el calor, el agua se evaporaba y aparecían montículos de sal blanca. Una vez descubiertos los yacimientos de Zipaquirá, Nemocón, Sesquilé y Táusa, fueron explotados de forma rudimentaria dentro de cuevas que además los protegían de las inclemencias del tiempo y de animales salvajes.

Años más tarde, en 1801, el humanista y pensador Alexander Von Humboldt visitó este lugar. Interesado por la minería, aconsejó una explotación bajo tierra, construyendo túneles con el fin de penetrar al centro de la Tierra en la búsqueda de sal más pura. El ingeniero alemán Jacobo Wiesner empezó en 1816 un túnel ubicado en la cota de dos mil 710 metros sobre el nivel del mar, al cual se le llamó Potosí.

Después, en 1834, fueron Diego Davinson y Alejandro McDouall quienes comenzaron el primer piso a la altura de dos mil 730 metros sobre el nivel del mar, lugar al que se le llama Guasa, que significa socavón.

Allí se construyó la primera catedral de sal; se aprovechó las grandes cuevas del piso superior, para lo cual se utilizó pólvora negra y taladros taponados con hojas de maíz. La fabricación conocida como cámaras y pilares a una altura promedio de 25 metros sobre el nivel del mar y con áreas de cien metros cuadrados, es lo que ahora se conoce como la Catedral de Sal de Zipaquirá.

Los mineros participantes en la construcción establecieron la devoción a la Virgen del Rosario de Guasa, y la nombraron su patrona. Con el pasar de los años, el fervor de los mineros aumentó y se propusieron construirle dentro de la Catedral un templo a la Virgen.

Cómo llegar

Desde Bogotá puede tomar un bus. El recorrido se emprende en la autopista Norte o la carrera Séptima. En La Caro debe continuar por la variante occidental; luego de pasar por Chía y Cajicá se llega a Zipaquirá.

El recorrido por la Catedral de Sal toma una hora; se recomienda llevar calzado adecuado e ir abrigado.


   

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