Cirma,
treinta años
El Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica ha rescatado la historia visual y escrita de Guatemala y fomentado la investigación.
Por Francisco Mauricio Martínez
Fotos: Carlos Sebastián
Este año, el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (Cirma) cumple 30 años de contribuir, entre otros aspectos, con la preservación de los valores históricos y culturales del país, así como al fomento de la investigación científica, sobre todo en el área social. “Pocas personas saben los tesoros que tenemos y el uso que se les puede dar en el área académica”, indica Lucrecia de Paniagua, directora de Programas de dicha institución.

Cirma fue fundada en 1978 por los académicos estadounidenses Christopher Lutz y William Swezey, quienes para cumplir su sueño unieron sus colecciones con las de Stephen Webre, Julio Pinto Soria y Julio Castellanos Cambranes. La intención de estos quijotes de la cultura fue construir una biblioteca dedicada a las Ciencias Sociales que fortaleciera la reflexión y la investigación “sobre Mesoamérica en Mesoamérica”.
Desde sus inicios se estableció en la ciudad de Antigua Guatemala y su primer director fue Swezey, quien apoyó mucho el área arqueológica, mientras que su sucesor, Steve Elliott, lo hizo en el campo de la lingüística maya. Estos primeros años fueron complicados para Cirma debido a que, a raíz del conflicto armado interno, recibió múltiples amenazas; sin embargo, mantuvo abiertas sus puertas.
El corazón
La médula de esta institución, aunque es larga la lista de servicios, lo constituyen la Biblioteca Centroamericana de Ciencias Sociales, la Fototeca de Guatemala y el Archivo Histórico. En estas áreas, ubicadas en la 5a. calle Oriente #5 de Antigua Guatemala, las personas y especialmente los investigadores de cualquier parte del mundo encuentran documentos de cualquier tipo del período entre 1600 y 2008. “Todo relacionado con Mesoamérica”, indica Thelma Porres, coordinadora de Archivo Histórico y de Conservación de los Acervos.
En la Biblioteca los investigadores tienen a disposición 70 mil volúmenes, en los cuales se incluyen 600 títulos de publicaciones periódicas y tres mil materiales únicos (libros antiguos) desde el siglo XVII. Esta cantidad aumenta cada año a un ritmo aproximado de dos mil nuevos ejemplares, gracias a las donaciones. En este archivo se pueden encontrar libros de autores nacionales y extranjeros, así como revistas editadas por un sinnúmero de organizaciones como Flacso, Avancso, Asies y algunas de EE.UU., que contienen temas relacionados con la región.
Entre los miles de documentos históricos que ahí se exponen llama la atención una edición facsimilar del Códice de Dresde elaborada por Jorge Bonilla y que le llevó 10 años de trabajo hacerlo. “Es una reproducción en material original de papel amate. Textura, presentación y colorido del manuscrito original”, cita la información que le acompaña.
Uno de los anexos de la biblioteca es el salón Termer, en el cual se ubica una colección donada por el etnólogo alemán Franz Termer. Aparte de esta recopilación, también hay libros de otros autores, escritos en latín, alemán, inglés, holandés, francés y castellano. Entre los múltiples tesoros está Los viajes de Thomas Gage, el cual se encuentra ilustrado con grabados. También hay algunos ejemplares escritos por Garcilaso de la Vega.
En esta misma área, que mantiene controles de temperatura para lograr una mejor conservación de los documentos, está la Unidad de Audiovisuales. Aquí los investigadores encuentran información periodística microfilmada de las colecciones del Diario El Gráfico (de 1961 a 1997) y de Siglo XXI (de 1981 a 2001). En este mismo sistema, también están almacenadas algunas partituras de música colonial de la Catedral Metropolitana.

Millón de imágenes
Para descubrir Guatemala en imágenes, Cirma cuenta con la Fototeca Guatemala. Este archivo tiene más de un millón 80 mil imágenes que reflejan las tradiciones culturales, la vida cotidiana, el arte, la arquitectura, los hechos políticos y los desastres naturales que han caracterizado, a través de su historia, la vida del país.
Fue fundada en 1980, a partir de la colección de Mitchell Denburg, y representa el esfuerzo más importante para rescatar la memoria visual del país. Retrata, además, a los diferentes grupos étnicos y sociales desde 1850, hasta el presente año. Porres dice que hay retratos elaborados en los siglos XIX y XX con daguerrotipos y placas de vidrio.
Documentos
Otra sección de atención la constituye el Archivo Histórico, el cual guarda 42 colecciones de 80 donantes nacionales e internacionales. Esta compilación reúne siete millones de documentos y, anualmente, se calcula que ingresan cinco mil nuevos. Fundado en 1997, según Cirma, es el único de su tipo en el ámbito centroamericano. Guarda colecciones documentales del siglo XIX a la fecha.
Su labor es rescatar, organizar, preservar y difundir archivos documentales provenientes de Organizaciones No Gubernamentales y particulares. Juega un papel crítico en la recuperación de la memoria histórica del país.
Se inició con la adquisición de los archivos del semanario centroamericano Inforpress a partir de 1972 y del diario El Imparcial (recortes por temas desde 1952 a 1985) lo cual fue hecho por el periodista Rufino Guerra, ya fallecido.
En esta sección también está la información compilada por dos comités de solidaridad con el pueblo de Guatemala en la década de 1980. (boletines, comunicados, “mosquitos”, elaborados por los grupos sociales organizados durante el conflicto armado). Esta colección fue elaborada con el objetivo de darla a conocer en Alemania y Holanda para elaborar proyectos de desarrollo. Fue donada a Cirma en el 2001.
Crear conocimiento
Otro de los grandes ejes es formar investigadores, para lo cual, junto con el International Fellowship Fund y la Fundación Ford promueve, desde 1991, su Programa Internacional de Becas de Posgrado en Guatemala, el cual permite cursar maestrías y doctorados a líderes sociales e intelectuales guatemaltecos. Los estudios se llevan a cabo en universidades del extranjero en ciencias agrícolas, sociales y ambientales entre otras.
El fin primordial de este programa es la formación académica en diversas disciplinas, dirigido a miembros de grupos sociales que históricamente han tenido acceso limitado a la educación superior, y que poseen unan trayectoria de compromiso por el cambio social. “El objetivo es que, al regresar al país, generen transformaciones”, expresa De Paniagua.
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