Semanario de Prensa Libre • No. 194 • 23 de marzo de 2008

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Punto final

Documental desata ira en México

Por JEREMY SCHWARTZ

En Texas la conocen como la niñera asesina, una adolescente inmigrante que mató a un bebé de 21 meses de edad luego de introducirle un rollo de toallas de papel en la garganta.

Pero, en México, Rosa Estela Olvera Jiménez es vista como la víctima de una justicia que se volvió loca en Texas, un chivo expiatorio en un sistema que prefirió apuntar a una migrante de 19 años de edad en vez de buscar la verdad.

Un nuevo documental que narra el juicio de Jiménez en el 2005, en Austin, está desatando ira e indignación en México, así como una campaña que busca revocar la condena de 99 años de prisión que pesa sobre la joven.

La película Mi vida dentro, ha captado mucha atención en dos de los más prestigiosos festivales fílmicos en el país charro. Los cineastas anticipan llevarla a Austin para el otoño.

“Es fundamental que ellos vean la película allá”, expresa la directora de 32 años de edad, Lucía Gaja, galardonada con un Ariel (la versión mexicana del Oscar) por su documental, Soy. “No sé qué pasará cuando sea exhibida en Estados Unidos. Estoy impaciente por ver la reacción”, comenta.

El filme, que contrasta videos del juicio en Texas con escenas cargadas de emotividad entre la madre de Jiménez y dos niños pequeños en México, representa el caso como un monstruoso fracaso de la justicia. Los fiscales del condado Travis son presentados como los principales villanos.

En el 2003, Jiménez fue acusada del asesinato de Bryan Gutiérrez, niño al que ella cuidaba en su propio apartamento de Austin. La fiscalía dijo que Jiménez había inmovilizado al niño antes de, vigorosamente, introducirle a la boca un rollo de toallas de papel del tamaño de un limón.

Abogados de la defensa argumentaron que el niño tragó el papel, destacando luego que el infante no presentaba cortes ni hematomas que indicaran una lucha, y que éste había quedado alojado en la profundidad de su garganta debido a los posteriores intentos de rescate por parte de la Policía y paramédicos de Austin.

Un jurado la halló culpable y la condenó a 99 años de cárcel. Será elegible para la libertad bajo fianza después de haber cumplido 30 años.

La escena del filme que más se ha comentado incluye a la subprocuradora de Distrito Allison Wetzel, quien le pregunta a un agente de Policía de Austin que está en el estrado: “Pese a ser de México, ella es muy inteligente, ¿no lo cree usted así?”
No obstante, Wetzel explicó que la escena fue sacada de contexto y sigue a un interrogatorio de la defensa que, destacó, daba a entender que Jiménez no entendía qué estaba ocurriendo, debido a que era mexicana.

Wetzel, quien no ha visto la película, dijo que Jiménez no recibió un trato más severo por ser inmigrante. “La gente puede decir lo que quiera y hacer cualquier película que quiera, pero eso no cambia lo que ocurrió en el juzgado”, destaca.

La directora del filme asegura estar convencida de que Jiménez no mató al niño y que los fiscales manipularon diestramente al jurado, hasta hacer que sus miembros terminaran llorando algunas veces. “Fue más un juicio de total manipulación emocional que de evidencia”, explicó Gaja ante un público en Ciudad de México tras una proyección reciente.

La película ha inflamado las pasiones en Ecatepec, donde nació Jiménez. “Lo que vimos no fue una búsqueda de la justicia; lo que vimos fue a una de nuestras hijas siendo sometida a una injusticia”, declaró el presidente municipal de dicha localidad, José Luis Gutiérrez Cureño. “Ni siquiera los peores delincuentes reciben esa sentencia”.

Tanto funcionarios como residentes de dicha comunidad se han unido en torno a la madre de Jiménez y sus dos hijos, y les brindan cuidado médico sin costo alguno y ayudan con los gastos de su casa. Gutiérrez explica que funcionarios locales intentarían acercarse a sus contrapartes en Texas, con la esperanza de asegurar una revisión de su caso.

La apelación de Jiménez fue rechazada y ella ha solicitado a la máxima corte penal de Texas, la Corte de Apelaciones Penales, que considere el caso. Potencialmente, Jiménez podría apelar ante una Corte Federal, si argumenta que sus derechos constitucionales fueron violados.

En la película, Rosa Estela expresa que ella vino al norte por razones ya familiares: “Lo que más me gustó de Austin son los edificios; que puedes conducir por las carreteras con gran facilidad, la comodidad y el dinero”, dice.

Buena parte del filme explora la experiencia inmigrante en Austin: entrelaza entrevistas con inmigrantes recientes y tomas de hitos familiares —el restaurante Pollo Regio de Riverside Drive, la panadería La Mexicana en la calle Sur— con escenas de Ecatepec y el México rural.

El celuloide termina con sombrías tomas de trabajadores de la construcción y familias mexicanas en sus patios del este de Austin. El efecto es una sensación de las estrechas conexiones personales entre el país azteca y el centro de Texas.

No obstante, para Jiménez, la experiencia no se quedó en la cinta, sino en una pesadilla. Hacia el final, vestida con su uniforme a rayas de la cárcel, cuenta, “Habría dado mi vida por regresar y no cruzar el río”.

   

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