Giuseppe Contran
Al servicio de los más pobres
Las Obras del Hermano Pedro son un lugar donde los más necesitados encuentran asistencia con amor.
Por Julieta Sandoval
F
otos: Carlos Sebastián

Fray Giuseppe Contran es más conocido como fray José. Tiene 67 años, de éstos, 37 los ha vivido en Guatemala, al dejar Italia, su país natal y dedicarse a su misión: ayudar a los desamparados. Ha estado a cargo de la Asociación de Obras Sociales del Hermano Pedro durante los últimos 14 años. Cuenta que habla un poco de inglés, francés y, por supuesto, muy bien latín, italiano y español.
Su día está lleno de muchas actividades, de forma regular empieza a las 6 de la mañana, a veces antes, “y si logro terminar todo lo que tengo que hacer, me retiro a las 21.30 horas”, comenta. Tiene bajo su responsabilidad el funcionamiento de muchas obras sociales, sin embargo, con ánimo expresa que se necesitan más.
En esta entrevista habla un poco sobre él y, por supuesto, sobre su trabajo.
¿Qué lo motivó a buscar el
sacerdocio?
Desde pequeño tuve el deseo de servir y ayudar; de amar al Señor. Una vez vino un fraile y me preguntó si me gustaría ingresar a la orden. Yo dije, pues claro, probé y sigo aquí en la Orden Franciscana.
En mi familia habían otros seis sacerdotes, quienes fueron un ejemplo; además el sacerdocio se consideraba bonito para un niño. Esto se transformó en un ideal que llevé adelante, unido al apoyo e invitación de la familia. Uno se siente a gusto al servir de esta forma.
¿A qué edad ingresó en la
Orden?
Al Seminario Menor, a los 11 años, pero podía regresar a casa. A los 18 años preguntaron si queríamos seguir en la orden. Al aceptar se hace un año de noviciado, luego se toma el vestido. A los 26 años me ordenaron sacerdote. En Roma hice el doctorado y, al terminar la tesis, me vine para acá.
¿Cómo llega a las obras del Hermano Pedro?
Son 14 años de estar encargado de las obras. El fundador fue Fray Guillermo Bonilla, hace 27 años, quien empezó a asistir a los pobres sobre la tumba del hermano Pedro. Después alquilaron unas casas para los niños minusválidos y los ancianos.
Al enterarse de que el edificio actual (Antigua Guatemala) estaba abandonado a consecuencia del terremoto de 1976, se solicitó a la alcaldía, que lo concedió poco a poco. Se reconstruyó hasta obtener el lugar en donde nos encontramos ahora, y que alberga a 250 personas, la mayoría abandonadas o de familias tan pobres que no pueden ayudar, hasta transformarse en la casa de los indigentes, necesitados e impedidos. A lo que se ha añadido otras asistencias.
Las necesidades aumentan
y por eso agregan servicios.
Sí, crecemos en la medida en que nos ofrecen espacios. Uno a veces piensa que alcanza lo que se hace, pero las necesidades son tantas que ofrecemos lo máximo que podemos.
¿Qué otros planes tiene?
Hay un gran sueño; llevar nuestras obras a un terreno cerca de Sumpango. Ahí funciona el Centro de Recuperación para Alcohólicos y Adictos, hay un poco más de espacio y queremos aprovecharlo, porque aquí ya se nos acabó. Pero son sueños que se harán realidad cuando Dios quiera, ahora no tenemos nada, sólo proyectos y planes.
Siempre existen personas
que los ayudan.
Siempre. Nosotros no tenemos nada. Vivimos al día, pero el Señor, como es tan bueno y lo ha prometido en su palabra, no va a dejar morir a sus hijos. Así, poco a poco, él nos envía a personas buenas que nos dicen yo les ayudo aquí o allá, así vamos. Cada día nos despertamos esperando algo nuevo. Por ejemplo, hay muchos médicos que ofrecen sus servicios de forma gratuita, pues ellos dan lo mejor de sus especialidades sin remuneración económica. Saben de nuestra pobreza y la de los enfermos.
¿Qué han hecho para que médicos extranjeros
colaboren con las obras?
Primero le pedimos a Dios, después empezamos a visitar a personas que han visto nuestro esfuerzo. Al ver que estábamos luchando por las personas necesitadas, nos tuvieron confianza. Los amigos de nuestros amigos se transforman también en amigos. Algunos colaboran desde hace 15 años, otros son más nuevos.
Para la atención de médicos extranjeros es necesario el uso de traductores, en muchos casos se necesitan dos, para el k’iche’ o kaqchikel, y también para español e inglés. Personas que provienen de las aldeas vienen acompañados de sus traductores, a quienes ya conocemos. Los del español al inglés son voluntarios, a otros les pagamos y algunos vienen con los propios médicos.
De todo el trabajo que
desarrollan, ¿cuál es la obra más especial?
Pienso que la dirigida a las criaturas impedidas, niños o ancianos, quienes en la calle no podrían sobrevivir cuando son abandonadas. También están aquellas que sus familias son pobres, que es difícil tener agua, luz y medicina, con las convulsiones que les dan de forma constante muchos no estarían vivos, por eso es como darles la vida, pero también hacerlos felices.
Los niños desnutridos también son prioridad. Recuerdo a una niña que la enviaron del hospital, dijeron que no podían hacer nada por su estado, aquí estuvo unos 15 días y murió, no podíamos hacer más que el centro asistencial, pero por lo menos fuimos quienes la acogimos.
Tras estar en constante contacto con tantas necesidades, ¿a veces no le faltan ánimos para seguir?
Cuando me siento muy cargado, con todos los problemas, voy a jugar con los niños impedidos. Ellos me agarran de la cuerda (el cordel con que amarra su traje) y no me sueltan, les doy vueltas por el corredor en sus sillas. Jugamos un poco y esto es una terapia preciosa para mí.
(El padre se detiene un momento para mostrar cómo hace su terapia).
¿Aceptan a personas de
cualquier edad?
Tenemos un lugar para niños y otros para adultos. Algunos pasan toda su vida aquí, al punto que hemos tenido que hacer un lugar en el cementerio. Muchos no tienen familia.
¿Cómo llegan?
Los vienen a dejar, o por ejemplo, a la niña que sonríe más —hay un grupo de jóvenes con discapacidad mental— la llamamos Mercedes porque la dejaron en el atrio de la iglesia La Merced. Otra que se llama Francisca le sucedió lo mismo en el templo de San Francisco.
También nos llaman para decirnos que un niño se encuentra abandonado, vamos y lo recogemos. A veces la familia se acerca porque no puede cuidarlos, pues no le alcanza el dinero. En estos casos buscamos que se mantenga el contacto, les pedimos que en Navidad los lleven a casa.
Hemos tenido varios hermanos, recuerdo un caso en donde eran cuatro, quienes se graduaron de peritos contadores, excepto uno, pero fueron a contarle las estrellas a San Pedro, porque murieron: tenían una enfermedad progresiva.
¿Qué es lo más triste que ha vivido acá?
Cuando no podemos salvar las vidas. Cuando convulsionan y mueren. (El padre se detiene y se le llenan los ojos de lágrimas. Al finalizar y despedirse, dice que sólo espera que más personas puedan unírseles para atender a aquellos que necesitan de una mano amiga).
Las obras
Fray José describe todo el trabajo que se tiene en las obras del Hermano Pedro.
Centro de Recuperación para niños desnutridos. Dan asistencia a niños con problemas de desnutrición, labio leporino y paladar hendido.
Se hacen, aproximadamente, cinco mil operaciones anuales, como de cataratas y otros.
Hay un hogar para jóvenes, adultos y niños con discapacidad, además de un hogar de ancianas que han sufrido accidentes o abandono.
Guardería infantil para hijos de madres trabajadoras, en especial, aquellas que atienden negocios en el mercado. Se les asiste hasta que ingresan a la escuela primaria.
Un centro para recuperación de alcohólicos y drogadictos.
Página: www.obrashermanopedro.org |