Semanario de Prensa Libre • No. 195 • 30 de marzo de 2008

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D farándula

El sentido común no le interesa
Carlos Santana tiene una nueva propuesta musical.

Por GARY GRAFF

Para resumir la forma en que ha abordado su carrera musical de casi 40 años, a Carlos Santana le gusta citar al legendario jazzista Miles Davis.

“Miles diría que uno nace con una maldición y una bendición: la maldición de cambiar y la bendición de poder hacerlo”, expresa el guitarrista y director de banda. “Yo acepto el hecho de que puedo hacer esto, así que también puedo hacer aquello, que es lo que constituye un reto y una alegría cada vez que me presento para hacer música nueva”.

Ese principio ha producido una de las carreras más variadas y fascinantes en la historia del rock and roll. Con su herencia latina en el corazón de su sonido, el guitarrista nacido en México ha disfrutado de éxitos en el rock convencional, como Evil Ways (1969), Oye cómo va (1970), Smooth (1999) y The Game of Love (2002), además de que ha efectuado exploraciones más esotéricas con colaboradores de la talla de John McLaughlin y Alice Coltrane. Ha lanzado tres docenas de discos y ganado 10 premios Grammy. Y en 1999, fue admitido en el Salón de la Fama del Rock and Roll.

Empero, a la fecha, Santana se enorgullece por seguir diversificándose y experimentando, a veces al desafiar la ventaja comercial y el sentido común.

“Caray, para mí, lo mejor está todavía por llegar”, predice Santana, de 60 años de edad y que está en proceso de divorciarse de su esposa Deborah, después de 34 años de matrimonio y tres hijos. “La mayoría de quienes llegan al Salón de la Fama del Rock and Roll están acabados, pero yo siento que apenas estoy empezando”.

“Todo lo que he hecho hasta ahora me ha preparado para llevar la música a un nuevo nivel”, continúa. “Nos llamamos arquitectos de un nuevo amanecer ... hay personas como Sting, Prince, Michael Jackson y yo mismo. Hacemos cosas que la gente no necesita saber, pero que las hacemos... sin límites”.

El más reciente lanzamiento de Santana, Ultimate Santana, demuestra que es capaz de hacer todo eso y además vender discos. Si bien el álbum de 18 pistas difícilmente sería un repaso exhaustivo de su vida musical, sí ofrece un panorama creíble de la época en que su creatividad se cruzó con el pop convencional, con muestras de la era dorada de 1969-1971 y de la trayectoria constelada de éxitos que ha seguido desde el multiplatino Supernatural (1969), el primero de tres discos en los que Santana trabajó con jóvenes creadores de éxitos, como Chad Kroeger de Nickelback, Jennifer López, Dave Matthews y Rob Thomas, de Matchbox Twenty. El disco ofrece además tres canciones nuevas, entre ellas la versión original de The Game of Love, con la voz de Tina Turner, ganadora de un Emmy.

Algunos devotos de Santana han lamentado que la dirección de estos discos en particular, que fueron idea de Clive Davis, jefe de Arista Records que en 1969, cuando estaba en Columbia Records, le dio a Santana su primer contrato. Sintieron que éstos habían subordinado las virtudes instrumentales y el virtuosismo del guitarrista y de su consumada banda en favor de un pretencioso valor decorativo.

Pero Santana defiende sus colaboraciones, y las considera tan artísticamente válidas como cualquier cosa que haya hecho desde que debutó con The Live Adventures of Al Kooper and Michael Bloomfield (1969).

La relación de Santana con Kroeger es una de las más interesantes de los tres discos —los otros dos son Shaman (2002) y All That I Am (2005).

Kroeger coescribió y canta la versión de Why Don't You and I que aparece en Shaman. Pero cuando ésta fue lanzada como sencillo y llegó al número ocho de las cien de Billboard, estaba cantada por Alex Brand de Call. La disquera de Kroeger le negó la autorización para aparecer en un sencillo.

“En ocasiones son las disqueras, o los contadores o los abogados, o cualquier otro ...”, explica Santana. “No necesito hacer a nadie víctima o villano, pero en ocasiones hay personas que les estorban a los artistas”.

No obstante, él hizo que Into the Night, cantada por Kroeger y primer sencillo de Ultimate Santana, fuera una especie de reparación.

“Cuando la escuché la primera vez —recuerda—, “me sonó como un himno que hablaba de que cada persona en lo individual lucha entre el bien y el mal, lo correcto y lo indebido. Cuando escuché el coro y la letra, pensé que eso era precisamente, así que le hablé a mi hermano Chad y le agradecí”.

Resucitar la versión de Turner de The Game of Love, éxito que llegó a las primeras cinco de las tablas, también complació a Santana.

En el 2002, Arista eliminó la voz de Turner de esa pista y la reemplazó con la de Michelle

Branch, cuando Turner anunció su retiro y dijo que no estaría disponible para promover la canción.

Empero, nadie le dijo nada a Santana ni a Turner, y ella se sintió ofendida por el desaire. “Durante años le envié flores y disculpas y le hice saber que no tenía nada que ver con la decisión”, recuerda. “Pero ella no las aceptaba. Yo seguí insistiendo. Encendí veladoras y entoné cánticos... y para mi sorpresa, esta vez ella dijo que sí, así que estoy muy agradecido”.

“Mi gratitud se extiende a Michelle Branch”, se apresura a agregar Santana. “Ella hizo un excelente trabajo, recibimos un Grammy y todo está muy bien, y ahora nos toca tener nuestro pastel y comérnoslo. La gente también podrá escuchar la interpretación de Tina”.

Si Santana lleva adelante sus planes, en el futuro próximo hará otro cambio de rumbo musical. Su siguiente proyecto se llama The Father, Son and the Holy Ghost, una trilogía con el productor modernista Bill Laswell, que estará construida en torno de un trío de Santana, su tecladista de siempre Chester Thompson y el baterista Narada Michael Walden, con una variedad de cantantes e instrumentalistas invitados como Kenny Garrett, Pharoah Sanders y Wayne Shorter.

Será muy español... con otros colores, revela y agrega que quizá no vaya a tener el potencial de lanzar sencillos como sus tres discos anteriores, aunque esa perspectiva parece no preocuparlo mucho.

“Mire, no estoy programado para pensar como contador, abogado o promotor”, asegura el guitarrista. "Estoy programado para transmitir cierta frecuencia, una resonancia, una vibración que pueda causar una sacudida.

No necesito escribir nada en piedra, algo así como mis reglas. Me ayuda que no permito que nadie me defina como 'un blusero mexicano más'... Prefiero ser un músico que puede ir a Japón, al África, a Jerusalén o a una reserva apache y poder complementar cualquier cosa que me pongan enfrente.

“Así que, conscientemente, no me gusta que la gente me encajone ni me defina”, y concluye: “Y me peleo con quien trate de hacerlo”.

*THE NEW YORK TIMES


   

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