Semanario de Prensa Libre • No. 195 • 30 de marzo de 2008

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D viaje

Aventura a 4 mil metros de altura
El lago Titicaca es un verdadero capricho de la geografía.

Por ABRAHAM ZAMORANO

El lago Titicaca podría ser un pedazo del Océano Pacífico que trató de escapar hacia el cielo y pensó que allí estaba cuando decidió quedarse en los Andes, a más de tres mil 800 metros sobre el nivel del mar.

Este capricho de la naturaleza ha convertido a sus habitantes en una especie de paradoja de la geografía humana: pescadores que viven en las montañas, marineros a casi cuatro mil metros por encima del océano.

Al lago hay que verlo para darse cuenta de por qué quieren que sea reconocido como una maravilla del mundo.

El Titicaca sirve de frontera natural a Perú y Bolivia, donde la localidad turística más importante es Copacabana, de unos 15 mil habitantes, donde conviven el ambiente de pueblo pesquero y turístico-mochilero, y el introvertido espíritu social del altiplano boliviano.

En Copacabana viven en tranquila y bulliciosa armonía la realidad del costeño ante la aparente inmensidad oceánica del Titicaca, un auténtico mar al que se asoman los impresionantes nevados de los Andes, con jóvenes viajeros llegados de todas partes.

Desde La Paz, el trayecto dura unas tres horas o más, en función de si se opta por contratar un radio taxi (el medio de transporte más caro del país y que puede conseguirse por unos US$100), o se elige la “flota”, el autobús en el que lo único garantizado es el retraso, pero por menos de US$2.

El camino, de unos 160 kilómetros, transcurre por una de las mejores carreteras de Bolivia, sin precipicios y casi siempre asfaltada, salvo la parte que es literalmente de agua, ya que hay que atravesar el lago en unas barcazas en las que es imposible evitar estar pendiente de las corrientes y de cuál es la orilla más cercana, por si tocara nadar.

Sólo por los paisajes, el camino vale la pena, aunque es imposible tomar una fotografía que no sea prácticamente una postal, con el lago engullido por los impresionantes nevados andinos.

Una vez en el pueblo, sol y playa, eso sí, un sol de altura que no calienta, pero quema y un agua en la que nadar es resfriado casi seguro. Aun así, el chapuzón es irresistible.

Desde Copacabana, el horizonte lo preside Isla del Sol, donde se puede ir en barco por unos US$7 en un trayecto que no debería durar más de una hora. Lo mejor es no ir solo a este lugar, ya que la opción de sus habitantes —por no tener electricidad— hace que sus ocasos sean el preludio de una auténtica explosión de estrellas.

Se trata, sin duda, de uno de los lugares más románticos del mundo, o el más solitario y deprimente, si sólo se va acompañado de recuerdos.

La playa

El edificio más llamativo de Copacabana es la enorme y blanquísima Basílica consagrada a la Virgen de Copacabana, donde se mezclan elementos de la ortodoxia católica con otros de origen indígena, mestizo y criollo.

Especialmente los fines de semana, a sus puertas llegan autos bolivianos e incluso peruanos para ser bendecidos. Sus dueños los disponen en fila con adornos y compran alguna botella de alcohol con la que rocían el carro a modo de alimento para “la Madre Tierra”, la Pachamama.

El párroco René Vargas es uno de los impulsores de la beatificación de Tito Yupanqui, el escultor de la talla de la Virgen de Copacabana, cuya vida considera un “ejemplo de perseverancia en la fe”.

Precisamente, gracias a Yupanqui es mundialmente famoso el nombre del pueblo, no así el pueblo mismo, pues cuenta la leyenda que el escultor dejó una copia de la talla de la Virgen en Potosí, desde donde la llevó un comerciante de armas portugués a la que era la playa del Fuerte, en Río de Janeiro, que hoy es la playa de Copacabana.

Así, la Virgen de Yupanqui terminó dando nombre a la playa carioca que hoy es una de las más famosas del mundo y cuyo día celebran cada 6 de agosto los bolivianos residentes en Brasil junto a los devotos locales, con festivales folclóricos, bandas de música y procesiones.

Sin embargo, para Hans Van der Berg, rector de la Universidad Católica de Bolivia y uno de los miembros del comité promotor de la beatificación de Yupanqui, no está comprobado documentalmente que la talla de Río de Janeiro sea del escultor boliviano.

Como llegar

Departamento: La Paz

Ubicación: en el Altiplano, entre Perú y Bolivia.

Atractivos: su paisaje y el recorrido a pie o en bicicleta de montaña.

Desde La Paz se puede llegar a través de la carretera asfaltada que une a la capital con la ciudad de Copacabana.

Desde Perú se puede acceder a través de la carretera que une Puno (Perú) y las Tierras de la Virgen Morena (Bolivia).

Actividades: montañismo, escalada, turismo de aventura.

Clima: soleado por el día y bajas temperaturas por la noche.


   

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