Semanario de Prensa Libre • No. 200 • 04 de mayo de 2008

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D farándula

"Soy muy impulsivo"
Lenín Fernández desea que lo recuerden como un conciliador.

por Viviana RUIZ
fOTO: kATTIA vARGAS

Aquel chico rebelde que a los 18 años decidió que lo suyo era la música, dejó su casa y familia para emprender su destino, es ahora, “treintipico” años después, un artista reconocido, tanto dentro como fuera del país. Lenín Fernández regresó hace unos días, tras haber participado en la primera gira de conciertos, por Nicaragua y Costa Rica, con la Orquesta Río Infinito, una agrupación integrada por cien músicos de Latinoamérica, y que surgió de la mente del costarricense Manuel Obregón, con la finalidad de recorrer los arroyos de nuestra morena América y rescatar las raíces musicales del continente, aunque también para levantar otra bandera: la de la protección de los ríos y la recuperación de las cuencas.

En esta entrevista, el ex batería de Alux Nahual, productor y locutor de un programa de radio, relata con pasión la bitácora de ese viaje, y navega por su pasado.

Cien músicos navegando, y usted, el único guatemalteco entre ellos.

Sí. Viajamos por el río San Juan, en Nicaragua, y parte de Costa Rica; fuimos a la provincia. Fueron dos semanas de intenso trabajo, que nos sirve de preparación para nuestro siguiente recorrido: arrancaremos en el río Paraná (atraviesa la mitad sur de América, y forma parte, a su vez, de la cuenca del Plata) hasta el Amazonas.

La idea es ir tocando durante el periplo, anclar en cada puerto, en cada pueblo; compartir con la gente, para retroalimentarnos con nuestras raíces.

Este proyecto me provoca sentimientos encontrados: me siento honrado y dichoso, pero, a la vez, es una responsabilidad muy grande.

¿Qué privilegio tengo cuando hay tantos músicos en este país que han escrito música y que han luchado, y a mí me toca estar? No me considero menos que nadie, pero sé que hay muy buenos músicos en este país.

Usted ya tenía un proyecto similar a éste: La orquesta de la papaya.

Sí, solo que en éste fui fundador (hace seis años) y nos limitamos a Centroamérica, y no viajábamos en un barco. Con Infinito soy un músico más, aporto la percusión, junto a otros que ejecutan el mismo instrumento.

Con este viaje, como en todos los que he hecho, volví a caer en la cuenta de que siempre me hace falta aprender. Me voy a morir y nunca alcanzaré el conocimiento necesario.

Estoy deseoso de seguir estudiando, a mi estilo, porque yo no voy al conservatorio ni a una academia, pero estudio. Soy una persona disciplinada, pero tengo mis propias formas; soy autodidacta.

En esta primera etapa, ¿los cien músicos estuvieron en escena?

No, solo 35, que también es un número significativo. Lo sorprendente del caso es que nos acoplamos de forma natural. Muchos de los que estuvimos ahí trabajamos con otros artistas o somos solistas, pero ninguno quiere figurar.

Reina la tolerancia, el respeto y la humildad. Entendemos que no es a mí (ego) al que deben escuchar o mirar. Es contradictorio, porque en un grupo de cuatro o cinco personas siempre alguien quiere destacar, y en éste, con tantos, no. Quizá porque uno llega simplemente con la idea de aportar.

Será también porque se trata de músicos de cierta madurez, con un nivel mucho más elevado

Sí. Porque cuando observa el currículo de estos músicos, se nota que son de otro nivel. Con nosotros estaba León Gieco.¿Quién no conoce a Gieco?, y compartir con él; viajar, comer, hospedarse los mismos hoteles sencillos, nada de cinco estrellas; bromear, lo único que uno piensa es que todos estamos a la misma altura.

Entonces, si un artista como León es capaz de bajarse de un pedestal donde la gente lo pone, ¿por qué no nosotros?

Yo vengo de una banda de rock que se ha presentado en estadios, en bares… de una banda que ha pasado por mucho, y todo ese glamour que viví no es lo que ahora busco, lo que anhelo es conocimiento; donde pueda darme, donde pueda aprender.

Dejemos atrás el viaje y hablemos de sus otras actividades. ¿Qué tal en la radio?
Muy bien. Para mí, se trata de una nueva aventura.

Tengo dos años de trabajar en Infinita, como que nada, y ahora la gente me ve en la calle y me dice: “Usted es el de la radio”.

Ya no soy solo el músico, sino el amigo de todas las mañanas. En el segmento programo música nuestra, del Istmo, del mundo, y el radioescucha reacciona de muy buena forma, incluso comparte conmigo materiales que yo a la vez comparto con quienes me escuchan.

¿Prefiere la radio que la batería?

No. Yo soy un hombre que tiene muchas cosas por dentro, y la batería es el medio que me permite sacarlas, y no quisiera hacerlo de otra manera. La batería sigue siendo el instrumento con el cual me identifico, por el cual me metí en la música y, por lo tanto, siempre estará conmigo. Pero a veces la dejo ahí, un poco tranquila, y me voy a hacer otras cosas con otro tipo de instrumentos de percusión, que tienen otro sonido exótico, como las tonajas o el yembe.

¿A qué se refiere cuando dice “Tengo muchas cosas por dentro que quiero sacar”?

Soy un hombre muy impulsivo. Soy así, porque es la única manera como he logrado mis objetivos. Porque, para empezar, tengo que partir de donde vengo. Crecí en barrios populares. No estudié en los colegios lindos, privados, y no soy un resentido social, gracias a Dios. Lo digo porque vengo de una Primero de Julio, de la Landívar, una Castillo Lara. Ese es el pasado de Lenín, y un gran orgullo.

De niño no tenía ni para comprar un redoblante; mis padres tampoco. Me iba a meter a los basureros a buscar pedazos de baños viejos, tapaderas de ollas o cosas así, para, según yo, hacer mis baterías. Quiere decir que adentro guardo cada uno de los detalles que me han costado para ser quien soy. Cuando mis padres tuvieron posibilidades económicas, insistieron en darme una carrera universitaria.

Me rebelé a los 18 años. Agarré mi ropa y me fui de la casa. Con el tiempo, mi familia se dio cuenta de que no se trató de un capricho, sino del derecho de ser quien soy.

Agarré el camino del esfuerzo, me cuidé de no consumir drogas, y cada año he cosechado éxitos. Pero sé que no debo descuidarme. Entonces, cuando quiero sacar a ese muchacho de las clases sociales más bajas, toco la batería. No saco un resentimiento, sino una fuerza interna.

¿Contra qué se rebela hoy?

De la violencia, de la indiferencia, de quedarme callado. Porque soy así, impulsivo, un ser que reacciona.

Son 30 años de carrera musical de éxitos, pero también de fracasos. ¿Cuál creería que ha sido su mayor decepción?

Fue muy decepcionante no darle la cara a México. Cuando Alux estaba listo, y ellos (los productores mexicanos) nos dieron la oportunidad, después de haber entrado por la puerta pequeña, nosotros no fuimos lo suficientemente fuertes para aceptarlo. Los compromisos familiares, que no fue mi caso, porque yo he decidido no tenerlos, fueron una de las principales razones. Tanto trabajo, y renunciamos a eso. Ahora le encuentro sentido a muchas cosas… Eso no se dio, pero en mi vida se están dando otras cosas. Con Alux viajé a Centroamérica y a Estados Unidos, pero ahora, como solista, viajo a Europa, a otros países que están muy lejos. El ser humano debe aprovechar las cosas que tiene, y no lamentarse por el pasado.

¿Cómo quisiera que lo recordaran?

Como alguien cuyos ideales siempre fueron unir. Como un conciliador.

¿Ha pensado dejar Guatemala?

No, hasta hace dos semanas. Me descompuse, se quebró mi espíritu, porque la violencia de este país cada vez cala más fuerte. Me sentí impotente. Mi familia vive desde hace 25 años en Estados Unidos. Yo decidí vivir acá. Pero amo a este país.


   

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