Una vida
dedicada al softbol
Ayer fue pelotero, hoy es el juez deportivo más longevo de Guatemala.
por JULIETA SANDOVAL
fotos: CARLOS SEBASTIÁN

Cándido Felipe Ureña Soto, en los últimos tiempos, escucha de forma más frecuente las frases: “ Y tú, todavía juegas” o “Para los árbitros, ya eres una leyenda”. Pues a sus 81 años aún está detrás de una pelota, al cuidado de aplicar el reglamento en el softbol. Y aunque ya considera el retiro, aún lo piensa, puesto que dejaría la profesión a la que se ha dedicado toda su vida.
¿A qué edad empezó a jugar?
A los ocho años comencé a jugar béisbol en Panamá, de donde soy. Empecé en la liga infantil; dos años después pasé a la liga juvenil, más tarde a la amateur, hasta llegar a ser seleccionado en 1950. En 1978 dejé de jugar.
Aún como jugador de béisbol entré al colegio nacional de árbitros. Me decían el benjamín porque comencé muy patojo. Varios de mis compañeros han muerto. Desde que inicié estoy activo.
¿Por qué vino a Guatemala?
En 1953, estaba en Venezuela representando a Panamá en la Serie Mundial, cuando la Cervecería Centroamericana me contrató para jugar acá con los Cerveceros. Llegué en 1956 a Guatemala; tres años después me casé con una chapina, y me quedé para siempre. Tuve dos hijos, y ya soy abuelo. Al principio, cuando vine, sabía que era de paso, pero me quedé. En ese entonces, qué linda era Guatemala.
—Hace una pausa en la conversación, y pregunta— “¿Quiere ver mis recortes?” Son varias hojas de periódicos, en su mayoría de Guatemala y Panamá, colocadas de forma cuidadosa sobre cartones y emplasticadas. “Aquí era jugador de béisbol, cuando estaba patojo, era más gordo”, explica. Algunos titulares de los periódicos refieren “El mejor catcher en acción”, posición en la cual estuvo desde los 21 años hasta su retiro, en 1978.
¿Qué es lo que más lamenta?
Al estar en la Serie Mundial, que se jugó en Caracas, Venezuela, llegaron unas personas de las Grandes Ligas. Propusieron contratarme, tenía que decir sí o no. No lo pensé bien, y dije que me quería quedar un par de años más con la selección de Panamá, pues tenía dos torneos en la región, en donde representaría a mi país. Además, el entrenador del equipo me había comentado: “Lipe, si usted se va, no habrá selección, porque usted es el que comanda todo”. Entonces, me quedé y deseché una oferta para los Yankees de Nueva York.
¿Qué piensa ahora?
Todos los días lo lamento. Creo que estuviera en el Salón de la Fama. Además, me dicen que ya fuera millonario. En los países latinoamericanos el deporte no paga, a diferencia de Estados Unidos, en donde se trabaja por 10 años y con eso se puede vivir toda la vida; aquí, uno se pasa la vida trabajando y se está casi como al principio. Ahora llevo 48 años de arbitrar.
Me arrepiento mucho, pero creo que fue el destino. Ellos (los buscadores de talento) van a todas partes rastreando jóvenes jugadores; creo que hubiera dado la talla, porque tenía cualidades.
Fue una oportunidad que solo una vez se presenta en la vida; para decir sí o no.
A los únicos dos que les ofrecieron, en aquella oportunidad, fue a (Luis) Aparicio, venezolano, y a mí. Él aceptó y se fue; por cierto, aparece en el Salón de la Fama.
¿Siguió con su equipo?
Sí. Fuimos a Colombia y al Panamericano en México. En 1956 empecé a jugar con los Cerveceros en Guatemala.
¿Por qué se radicó en
Guatemala?
Por amor. Aquí conocí a mi esposa. Después de casarme, una cosa llevó a la otra, y decidí quedarme en este hermoso país, con su gente tan agradable y su clima refrescante.
A Panamá regresé después de 40 años (fue un regalo que le hicieran los integrantes de la Asociación de Softbol, después de un homenaje por su trayectoria). Encontré diferente a mi país, con calles bien trazadas y viviendas muy bonitas. Me gustó el cambio. Volví a ver a mi hermano mayor, tiene 86 años y está muy bien.
¿Cómo conoció a su esposa?

Ella tenía 16 años, era estudiante; su profesión fue dedicarse a cuidarme. Antes, la Cervecería Centroamericana tenía una ranchería, en donde vivían las familias de quienes laboraban allí. Ella era hija de un trabajador, y como yo jugaba con los Cerveceros, la miraba. Ya no regresaría a Panamá, pues aquí tengo mi ambiente.
¿Alguna historia que le sea especial en todos estos años de deportista?
Sí. Siempre recuerdo, de una forma especial, un jonrón. Era un juego entre un equipo de extranjeros y otro de nacionales, acá en Guatemala. Yo participé en el primero. Hicimos cinco juegos seguidos, duró 17 innings —lo normal son nueve, que tarda unas dos horas y media—. Estábamos empatados seis a seis, y yo hice el jonrón del desempate.
—Sin embargo, don Felipe no tiene registrada la fecha de cuándo sucedió esto, porque en sus recortes de prensa no aparece el dato, y él ya no lo recuerda—.
Para usted ¿quién ha sido el mejor jugador de Guatemala?
Enrique Trapo Torrebiarte. Jugamos juntos. El estadio lleva su nombre por ser el mejor jugador. Siempre fue un deportista sano, que no tuvo vicios y se dedicaba al béisbol por completo, le tenía amor.
Al escuchar que algunos deportistas consumen drogas ¿qué piensa?
Para mí, es malo, y no es necesario para ser un buen jugador. Ellos dan la excusa que la usan para tener mejores capacidades, pero eso no es cierto, lo mejor es ser natural. Cuando yo era jugador, no nos dejaban ni fumar. Yo puedo asegurar que no sé qué es el cigarro. Aunque sí me tomaba mis traguitos, de vez en cuando, pero hace 20 años que no los pruebo.
En Panamá ¿por qué hay tan buenos jugadores en softbol o béisbol?
Cuando Estados Unidos tuvo una base militar en mi país, implantó toda una escuela en este deporte. Hizo coliseos deportivos similares a los estadounidenses, llevó todo lo que ellos tenían. Apoyaron a aquellos que deseaban jugar, comenzábamos desde pequeños, y creo que ahí fue donde crecimos en habilidades.
¿Cómo ve a los jugadores guatemaltecos en este deporte?
Al llegar por primera vez a Guatemala (éramos cuatro panameños), solicitamos estar con buenos jugadores, para no bajar las condiciones deportivas, pues vinimos a reforzar un equipo. Pero no sé que les falta para tener el nivel de otros países, quizá amor, en donde no te importa el dinero o las condiciones en que lo haces. Antes no usábamos ningún implemento como protectores o todo eso; ahora sí existen, para conservar el físico.
De no haber sido jugador, ¿qué le hubiera gustado ser?
Constructor de casas, porque mi papá lo era y muy bueno. Pero mi familia siempre me apoyó en lo que me gustó, mi papá mencionaba que yo había nacido para el deporte, y mi hermano mayor me aconsejaba que siguiera en lo que quería hasta el fin del mundo. Hubo una temporada que no viví en mi casa, pues tenía varias invitaciones para jugar en otros países.
¿Qué lo llevó al softbol?
Al ser árbitro me concreté en el sófbol. Me gustó después de que me retiré del béisbol, y me ofrecieron el trabajo, por eso me quedé en esto.
¿Qué hace para estar en forma y seguir en el arbitraje?
Eso es lo que me preguntan muchos. Yo respondo que aparte de no fumar, y tener más de 20 años de no tomar un solo trago de licor, me he dedicado sólo al deporte. Además, me levanto a las seis de la mañana y corro casi toda Chinautla. Eso me ha servido para tener habilidad y agacharme con facilidad, también tengo buena vista para ver como viene la pelota.
¿Alguna vez ha tenido problema por las decisiones que toma como árbitro?
Siempre hay problemas, pero los apaciguo, y ahí se acaba todo. Cuando doy un fallo no lo cambio aunque me equivoque, tiene que ser una decisión férrea, porque si uno duda se le va el juego de las manos. Después, cuando estoy solo, reconozco que sí me equivoqué, eso le pasa a cualquier árbitro, porque nadie es perfecto.
En estos 48 años de arbitrar creo que he sido bueno. No tengo enemigos, pese a que en el juego se dan muchos temperamentos. Voy solo de un lugar a otro. Nunca me han amenazado.
¿Cuándo piensa retirarse?
En el colegio de árbitros me dieron la oportunidad, junto a otro compañero, quien es más joven que yo (tiene 78 años), de tener el cargo de forma vitalicia, hasta cuando lo deseemos.
Ya he tenido ganas de retirarme, por mi edad ya me canso, no es como antes, pues desde patojito que empecé no he dejado el deporte, el cual lo he hecho con todo mi amor, pero tengo que pensar muy bien el retiro, porque después no me quiero arrepentir.
—Todos los recuerdos que tiene don Felipe están en su memoria y en los recortes de periódicos, pues no conserva fotografías de su recorrido por los campos de béisbol—.
Algo más
- Antes de estar en la posición de catcher, jugó como parador en corto.
- A sus hijos no les llamó nunca la atención el ser deportistas; a sus nietos, que tienen ocho y nueve años, trata de inculcarles el amor por el béisbol.
- Ha entrenado a varios equipos de béisbol, la selección juvenil de Guatemala, el de Habana y Ópticas América.
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