Hoy, mi revista número 200
Para mí, cada Revista D es un mundo de fascinación. Jamás había coleccionado algo.

En esta ocasión especial, quiero compartir con los lectores algunas anécdotas y los sacrificios hechos por tenerlas todas. Mi interés por coleccionarla nació un 11 de julio del 2004, para el primer número. Fue por casualidad, pues me encontré con un amigo que estaba leyendo Prensa Libre. Él encontró allí la revista y rápidamente me dijo: “Mirá, pues, otra revista.
Tanto papel para después tirarlo”. La dejó por un lado, y yo, curioso, la empecé a ver; luego de una ojeada, pensé: se equivoca. Esto no es para tirarlo. Me impresioné al verla, luego, me la llevé a casa, pero, como no tenía el hábito de coleccionar algo, me olvidé de adquirir la siguiente. A mitad de semana me acordé de eso, y después de obtenerla me propuse: “El domingo, tempranito, salgo a comprarla”. Y así empezó mi tarea de no dejar pasar ninguna.
Soy catedrático del Instituto Nacional Mixto América, de Villa Canales, y le propuse a mis alumnos que también la coleccionaran. Así que cada semana la leemos en clase.
Un día olvidé mi mochila en un autobús, no me lamenté por la mochila ni por mis demás pertenencias, sino por el ejemplar que iba dentro. Al día siguiente, un alumno me la facilitó.
Otro día, en casa de una amiga, por un descuido mío, un sobrinito suyo me la hizo retazos. Pero la anécdota que más recuerdo es cuando iba leyendo la revista en un bus urbano; estaba tan entretenido que no me di cuenta de que lo iban asaltando. Uno de los asaltantes, con pistola en mano, me la arrebató y la tiró al suelo. Luego, me dijo: “¿No escuchás hijo d........, te querés morir? Vivo te quiero”. Después de eso, ni siquiera pensé en el robo de mis cosas. Levanté mi revista y bajé del bus.
Y así, entre sacrificios y penas, porque a veces el voceador no pasa, o también porque me levanto tarde y ya no encuentro Prensa Libre por ningún lado, siempre estoy pendiente de obtenerla cada semana. Es una de mis metas. Alguien me dijo una vez: “Por qué no tirás ese tu nido de ratas”. Y yo le respondí: “Prefiero tirar tus cosas a la calle”.
Quiero felicitar a todos los que hacen posible que esta joya de revista llegue a nuestras manos. Con orgullo exhibo mi colección completa, pues es mi biblioteca, mi pasión y mi tesoro. Exhorto a los lectores a que también la coleccionen, pues contiene temas interesantísimos, fotografías impresionantes, todo sobre nuestro lindo país y del mundo. Además de un exquisito contenido cultural. Felicidades Revista D, por estas 200 joyas.
Jeffrey Francisco Gómez
jeffreyamorinmenso14@hotmail.es
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
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