Semanario de Prensa Libre • No. 200 • 04 de mayo de 2008

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D viaje

En el lugar del cielo
Muy cerca de la frontera con Guatemala, nos espera una de las ciudades mayas más importantes de Belice.

Fotos y texto Gemma Gil

“Caracol fue la ciudad gemela de Tikal”, explica una madre a un grupo de niños de la iglesia adventista, que un domingo visitó el parque arqueológico. La afirmación quizá sea excesiva, pero los estudios efectuados, desde mediados de los años de 1980, por Arlen y Diane Chase, de la Universidad Central de Florida, indican que la ciudad no solo desempeñó un papel importante en las estrategias militares que enfrentaron a las archienemigas Tikal y Calakmul, sino que estuvo densamente ocupada (se calcula que en su momento más floreciente, hacia el siglo VI d. C., llegó a tener cien mil habitantes, es decir, el equivalente a un tercio de la población actual de Belice).

El punto de partida para acceder a la antigua urbe maya es San Ignacio, también conocido como Cayo, que aunque su aspecto es algo destartalado, su oferta de servicios turísticos, hoteles y restaurantes invita a hacer, al menos, un alto en el camino.
Desde Cayo, la ruta que conduce hacia Caracol atraviesa la reserva natural de Mountain Pine Ridge, donde las coníferas coronan las lomas que dominan el paisaje. La zona, que tradicionalmente ha sido explotada por sus recursos madereros, ofrece parches de vegetación de irregular densidad, y está cuajada de arroyos, piscinas naturales, cuevas y caídas de aguas.

Ruinas y camuflaje

A medida que nos aproximamos por la carretera de terracería hasta la entrada de la cercana Reserva de Chiquibul, donde se ubica Caracol, el entorno se puebla de tupidos bosques tropicales. Entre el follaje, no se sorprendan al descubrir la presencia de cuadrillas de militares, con los rostros pintados de camuflaje. Probablemente les saludarán mientras hacen ejercicios prácticos de cómo defender un puente o cómo efectuar una emboscada. Con la estampa, que hace recordar un filme de Oliver Stone, y que es cuándo menos singular para cualquier concepto turístico, se explica por qué el Ejército británico tiene una escuela de entrenamiento en la zona.

Superado el momento de película bélica, llegamos a Oxwitza’, que se traduce como “Agua de Tres Colinas” y es el antiguo nombre que se atribuye a Caracol. Hasta ahora habremos recorrido 86 kilómetros desde San Ignacio.

Pese a que la carretera de acceso se vuelve casi impracticable en época de lluvias, y que la afluencia de turistas está lejos de ser masiva, las instalaciones están bien preparadas para recibir visitas.

El recorrido comienza con un pequeño museo de la historia del sitio. Desde allí, el sendero conduce directamente hacia el edificio más notable de esta ciudad descubierta en 1938: la pirámide de Caana o Lugar del Cielo.

Desde lo alto del Lugar del Cielo se contempla una hermosa vista de la Plaza del Grupo B, donde confluyen las edificaciones más monumentales, como la que se yergue justo al frente, con su escalera central flanqueada por mascarones dedicados al dios de la lluvia.

Con 43 metros de altura, Caana es la construcción más elevada de todo el país. Se cree que este edificio, que está coronado por tres pirámides distribuidas alrededor de un patio central, fue la residencia de la familia real, aunque es probable que también cumpliera con funciones administrativas y religiosas. Aquí también se han encontrado varias tumbas; entre éstas, la de la Señora B’atz Ek’, quien habría llegado con 18 años a la ciudad procedente de Calakmul.

No olvidemos que Caracol, una ciudad que estuvo poblada desde, al menos, en el 300 a. C., fue en un principio aliada de Tikal, hasta que alguna disputa político-militar la condujo a alistarse en las filas enemigas de Calakmul. Así ha quedado registrado en las estelas, los altares y los glifos que engalanan el sitio; un legado escrito que se interrumpe en el 859 a. C., dejando para la posteridad bellas plazas y edificios envueltos en incógnitas, un exuberante territorio de interpretaciones que abren al visitante las puertas de la imaginación.

¿Dónde dormir?

Dentro de la reserva del Mountain Pine Ridge existen abundantes ofertas, aunque dos de las más cercanas (aproximadamente a una hora y 20 minutos de la entrada del parque) son el Blancaneaux Lodge y Five Sister Logde.

El primero pertenece al cineasta Francis Ford Coppola, quien encontró en las selvas de Belice el mismo encanto que le había hipnotizado en Filipinas, cuando rodaba Apocalypse Now. El director, que compró la propiedad en 1981 (después de que Belice obtuviera la independencia), abrió este selecto establecimiento en 1993. Sus villas rústicas ofrecen todo tipo de comodidades, sin romper con un paisaje de una belleza privilegiada.

En el Blancaneaux no faltan ni las actividades propias del turismo de naturaleza (paseos en canoa, rutas a caballo, observación de aves), ni toques de sibaritismo (como puede ser un masaje tailandés a orillas del río Privassion). Con reputación de ser refugio privado de estrellas de la gran pantalla, este hotel (www.blancaneaux.com) cuenta con su propia pista de aterrizaje para avionetas.

A un precio algo más asequible, para los mortales, podemos encontrar el cercano Five Sister Lodge (www.fivesisterslodge.com). Un conjunto sumamente agradable de cabañas bien equipadas, con magníficas vistas a las pozas naturales, que se forman en el río Privassion.

Cómo llegar

  • Después de cruzar la frontera de Melchor de Mencos (Petén) se llega a la pequeña localidad de Benque Viejo del Carmen.
  • A 13 kilómetros se encuentra San Ignacio (Cayo).
  • En caso de que se haya llegado hasta aquí, haciendo uso del servicio regular de autobuses, éste es un buen punto para alquilar un vehículo 4x4, imprescindible para llegar hasta Caracol, pues la carretera de acceso es de terracería, e incluso en época seca puede tener tramos complicados.
  • El recorrido entre Cayo y Caracol es de, aproximadamente, dos horas.

   

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