Felipe Valenzuela
“Sigo siendo el demente ágil”

por roberto villalobos
fotos: carlos sebastián
Felipe Valenzuela es un hombre sencillo, con gran facilidad para hablar y con apariencia de ser muy sociable; sin embargo, según dice, es una persona que detesta la vida social. “Soy un tímido que habla con miles de personas al día”, comenta el actual director general de Emisoras Unidas (EU) y de Patrullaje Informativo.
Felipío, como le llaman para diferenciarlo de su padre —un revolucionario que dio la vida por el país, el histórico 20 de Octubre de 1944—, es uno de los periodistas más reconocidos y exitosos de Guatemala. Su trabajo lo ha plasmado, desde hace unos 20 años, en los rotativos El Gráfico (desaparecido) y Siglo 21, en la sección cultural, para luego pasar al espectro radial, primero en Radio Punto y ahora en EU.
Es un amante de la música: Pink Floyd, Queen, Led Zepellin, Genesis y, por sobre todos, admirador del legendario grupo británico The
Beatles, del cual tiene toda su discografía; se autodefine como caótico, creativo y a veces un poco cínico, pues le gusta el humor negro. También dice: “Soy un melancólico alegre y un noctámbulo bohemio que se levanta de madrugada”.
En esta entrevista habla sobre su labor informativa, la actualidad de los medios de comunicación y confiesa cómo ingresó al mundo periodístico: por amor a una mujer.

Augusto Monterroso junto a Felipe Valenzuela, en diciembre del 2000
¿Cómo fueron sus inicios en este trabajo?
Te digo que yo soy periodista por amor y no por vocación. Yo me enamoré de una mujer, y es por ella que me quedé en el periodismo. Luego, ella se casó, y yo continué en mi camino; solo después me di cuenta de que me gusta más la música.
Pero supongo que algo le gustó de la labor informativa.
Mirá, a mi la música me mueve más el corazón, el alma y las entrañas que una nota periodística, pero me gano la vida como hombre de Prensa, y lo hago con todas las ganas del mundo; me encanta sentir la adrenalina que este trabajo provoca.
La gente ve al periodismo como el cuarto poder, ¿para usted lo es?
Yo creo en el periodismo como una manera de darle servicio a la gente, no como un poder; no me voy a valer nunca de ese servicio para ser protagonista.
Locutor de radio, dramaturgo, escritor,
amante de la música e hijo de un revolucionario de 1944.
La sociedad, en ocasiones, podría percibir que la Prensa se ensaña con determinados sectores y defiende a otros.
Pero hay que saber que un periodista jamás debe ensañarse contra sus enemigos, ni ensalzar a sus amigos, sino todo lo contrario. Si en un momento un amigo comete un error, y si hay que señalarlo, no hay opción, así como cuando hay que admitir que un enemigo dice algo correcto, aunque a uno le duela. Esa es la verdadera razón de un periodista: transmitir la noticia y no juzgarla. Yo tengo, en cambio, mi columna, y ahí meto mi opinión, pero eso no lo hago en el micrófono.
A propósito de su columna en la prensa escrita, ¿sigue siendo “el demente ágil”?
Sí, sigo siendo el demente ágil.
¿Cómo nació el nombre?
Surgió en la Universidad. Fue por una catedrática a quien yo le debo mucho, fallecida, víctima de la violencia imbécil de este país; ella era María Eugenia Muñoz, asesinada junto con su hija. Ella me pidió que le pusiera nombre a mi columna y se me ocurrió este juego de palabras: “El demente ágil”. Me inventé ese nombre quizás influido por Manuel José Arce, a quien admiro.
De la Prensa escrita a la radio...
En efecto, tengo una formación más propia para hacer periodismo escrito, pero lo que más he gozado es la radio, pues tiene un componente humano muy directo. Se requiere mucha espontaneidad en cada segundo.
¿Qué momentos le han marcado en su vida informativa?
En primer lugar he tenido que aprender a lidiar con un oficio que no es mi vocación. Ahora bien, me encanta recordar en momento del “Serranazo”, cuando hubo una reacción muy valiente de la prensa guatemalteca al ir a manifestar a la calle, sin tener garantías constitucionales; me encanta pensar en los momentos del Jueves Negro, en el que no sabíamos qué podría ocurrir, incluso pensé que podría ser un golpe de Estado.
Esa ocasión, a pesar de la dolorosa muerte del “X” (el periodista Héctor Ramírez), la recuerdo siempre, porque se hizo un equipo. Recuerdo que había una reportera que tenía unos seis meses de embarazo, y estaba en la calle trabajando, a pesar de que había persecución a periodistas.
Otro instante que me marcó fue la entrevista que le hice a Silvio Rodríguez, o la que le hice a Efraín Ríos Montt en su casa, el mismo día en el que habíamos tenido un debate de antología, con Mario Taracena y Anabella de León.
Por último, mis viajes a los Estados Unidos con los migrantes; en fin, así hay muchos momentos, y todos se los debo al periodismo.
¿Cómo ve la relación del actual Gobierno con los medios de comunicación?
Se está construyendo. Francamente, creo que los funcionarios deberían hablar más, ya que ahora es muy complicado platicarles, y es un error que ellos no lo hagan, porque en la medida en que quieran ser transparentes tendrán que enfrentar a la Prensa, para que ésta escuche sus planes y compararlos con la realidad. Creo que la política de comunicación del Gobierno debe ser abierta.
¿Por qué tan herméticos?
Ellos tienen sus intereses y nosotros los nuestros. Nosotros (la Prensa) pretendemos, buscamos y añoramos que nuestros intereses sean los mismos de la gente. Ojalá que la comunicación que tengamos en el futuro con el Gobierno sea de gran fluidez, porque así gana el pueblo.
Necesitamos una ley de acceso libre a la información pública, para que haya transparencia, para que la gente pueda enterarse de todo lo pertinente. Esto es fundamental para que la democracia funcione. Entre más se le cuenten las costillas al gobierno de turno, más se sabrá cómo se ejecuta su trabajo.
Su padre fue protagonista el 20 de octubre de 1944, ¿usted también se considera un revolucionario como él?
Yo no. Mi padre fue un revolucionario, es cierto; es un hombre que se jugó la vida por el país. Yo tengo otra manera de ser; más que un revolucionario, soy un pacifista.
¿Tiene alguna ideología política?
Me ubico en el lugar con más desprestigio: el centro. Un centro que tiende a la izquierda, porque el humanismo lo ubico ahí. Pero, como mis manos, aunque escriba con la derecha, hago el amor con las dos. Y así soy en mi visión del mundo, sólo que con la zurda.
¿Qué fue lo más importante que aprendió de su padre?
La honestidad... y quizás otras cosas que no debí haber aprendido (risas).
¿Qué cosas?
Las chicas le encantan a mi padre (risas). Recuerdo un poema que dice: “Las mujeres no son fuente de conocimiento, sino que son el conocimiento mismo”. Y yo, de todo lo que he aprendido en la vida, se lo debo a las mujeres. Tengo una madre fundamental, tolerante, creativa, amorosa; y mi hija, a quien amo con todo lo que tengo. La Prensa es mujer, la música es mujer, la radio es mujer.
Hábleme de su otra pasión: la música.
Pues así como puedo gozarme un trabajo experimental de Ian Anderson, me gusta el Art rock en inglés, el blues, la canción bien hecha española y latinoamericana; me gusta Silvio Rodríguez o Joan Manuel Serrat, pero en general, le tengo estima especial a Los Beatles, pues su calidad es insuperable.
Nos seguimos reuniendo con los amigos, ponemos un DVD y, literalmente, contemplamos la música, pues todos nos quedamos callados.

A mi jamás los dueños (de un medio) me han
dicho qué publicar o qué dejar de publicar”.
Felipe Valenzuela
¿Qué piensa de...?
- Monseñor Gerardi. Un hombre que quería una Guatemala distinta, y que fue víctima de los
horrores de este país.
- Jorge Carpio Nicole. Un ser al que le tuve gran respeto y cariño.
- Álvaro Colom. Alguien a quien le tengo aprecio, y a quien le deseo mucha suerte.
- Narcotráfico. La pesadilla de nuestros tiempos.
- La violencia. La pesadilla de todos los tiempos.
- Congreso de la República. Una gran deuda con Guatemala en cuanto a cumplir su labor, con algunas excepciones.
Trayectoria
- Fue jefe de suplementos de El Gráfico, también de la sección cultural y sub director general de Siglo 21.
- En la actualidad, director general de Emisoras Unidas.
- Columnista literario y político (El demente ágil).
- Escritor de narrativa (Antología demente, 1995) y próximamente publicación de Los muertos deben morir (Artemis y Edinter).
- Dramaturgo: Un milagro de Navidad (1985), Instrucciones para inventar una tumba (1990), La muerte sueña descalza (premio centroamericano en 1994) y La livia no mejorará su cadáver (premio hispanoamericano en Xelajú 2001).
- Autor de docudramas: biografías del Hermano Pedro y de Manuel Estrada Cabrera.
|