Anaité Quiroa
“Aprendí
a vivir el presente”
La vivencia maya cambió su vida,
al punto de que se transformó en sacerdotisa.
por JULIETA SANDOVAL
fotos: CARLOS SEBASTIÁN

Hace 10 años, Anaité Quiroa empezó a vivir de una manera diferente, a valorar el hoy más que pensar en el futuro, a respetar al ser humano y la naturaleza. Adoptó tal actitud a partir de haber conocido a profundidad la cultura maya. “Muchos guatemaltecos ignoramos lo que poseemos, porque no se nos enseña, hay tanto que aprender, pues aquí todo tiene un significado”, afirma.
Quiroa ha combinado ese amor por la cultura maya con la escritura; escribió un libro en donde explica la importancia del nahual en la persona. No sabe si esta afición es un talento heredado por su padre (el maestro Marco Augusto Quiroa), de quien también habla en esta entrevista.
¿Cómo se introdujo en el sacerdocio maya?
Aunque la cosmogonía maya ha estado aquí siempre, desde hace miles de años, se ocultó con la conquista española que impuso la religión católica. Yo no sabía nada de sacerdotes mayas, fue hasta hace 10 años, cuando un extranjero, chileno, me contó que había una espiritualidad maya.
Primero, fue curiosidad de saber algo sobre Guatemala, pues es una vivencia que se da a través de conocer gente, montañas, volcanes y cuevas. Una cosa lleva a otra, es como una magia que te envuelve, hasta que me hice sacerdotisa.
Pero esto no es algo de quien quiera, sino de quien es elegido por los maestros, de acuerdo con su nahual y fuerza espiritual. Dentro del sacerdocio hay muchas líneas, no todos hacen lo mismo; hay curanderos, comadronas, curadores con plantas, abogados, casamenteros (que se dedican a cosas del amor).
¿Cuál es su línea?
Creo que soy una guerrera espiritual, para defender a las personas, pedir por ellas. Al convertirnos en sacerdotes se nos da una herramienta, un oráculo, la vestimenta y otros utensilios, para oficiar una ceremonia. La misión del sacerdote es ayudar al prójimo, respetar e investigar nuestras costumbres, para proteger lo que los abuelos nos dejaron.
“La cosmogonía maya no es un misterio,
es conocer lo que nosotros somos, nuestros
antepasados y costumbres”.
A mí me puedes ver blanca y media rubia, pero esa es la parte exterior, mas en la parte interna de todos los guatemaltecos somos una mezcla con sangre indígena, no hay uno que no la posea, lo que pasa es que existe racismo y discriminación, en vez de sentirnos orgullosos de tener esa sangre y fuerza espiritual.
Nuestra cultura es viva, con un calendario completo, 2 mil 500 sitios sagrados y una naturaleza bella.
Al tener una piel blanca o el ser mujer, ¿no le fue difícil entrar en el sacerdocio maya?
En absoluto, porque se manejan otros valores. Los abuelos me escogieron; mi maestro, que se llama Jacinto Ceto, cuando me conoció y vio mi nahual dijo que me estaban esperando, porque tenía una misión, no importaba mi color de piel o si era mujer. Además, el 50 por ciento de los sacerdotes mayas somos mujeres, y se nos llama nanas, y a los hombres tatas. Nunca me sentí discriminada, al contrario, muchas de las personas que vienen a pedirme ayuda son indígenas, porque me quieren y respetan. No tengo ninguna barrera con ellos, podrían buscar a una sacerdotisa de su propia etnia, pero viajan a la capital lejos de sus pueblos.
En la cosmogonía maya no hay jerarquías, como en otras religiones, por ejemplo obispos; aquí todos somos alumnos y maestros. Mi propio maestro me consulta cosas, es una actividad de experiencia. Cada ceremonia es diferente a la otra. Porque eso es una cultura viva en donde se mueve con personas y lugares. Lo más bonito es la unión del individuo con su tierra, el respeto con cada planta, animal o día, pues se vive el presente.
El calendario tiene dos mil 500 años de vigencia, sería bueno que todos lo conociéramos y usáramos, no solo los sacerdotes, saber cuál es su nahual, que es tu protector y depende de la fecha de nacimiento, es el recordatorio de que eres guatemalteco. A veces me pregunto: cómo pasé 30 años de mi vida sin esto, en total ignorancia. Para prepararte en el sacerdocio te llevan a recorrer el país, se da teoría y práctica. Se lee el Popol Vuh, al cual se le encuentra otro sentido. Es una preparación de nueve meses o a veces dos años. Lo mío duró mes y medio, porque mi maestro me dijo que ya me estaban esperando, y que iba atrasada.
Y ¿cuál es su nahual?
La ley. Cada nahual tiene un animal o elemento que lo representa, el mío es el perro.
Escribí un libro llamado La hija de los nawuales. Lo hice para comunicar la experiencia que he tenido con toda la cosmogonía maya. Es una prosa y tiene un glosario, en donde explico sobre cada nahual. Le pedí a mi hermana, que es pintora, que lo ilustrara.

¿Desde cuándo escribe?
Escribo como aficionada desde los 15 años, cuando uno hace poemas de amor. Pero este proyecto nació para transmitir lo que yo he aprendido. Que sepan que no es oculto, negativo o diabólico. Al contrario, es sano y limpio. Los guatemaltecos no apreciamos nuestra esencia por no conocerla.
¿Por qué se han visto las ceremonias como malignas?
Por ignorancia. Hay muchos tabús e inhibiciones religiosas, si uno se educó en colegio de monjas o con sacerdotes se cree que todo es pecado, que es negro.
¿Se puede tener una religión, como la católica, y ser sacerdote maya?
Sí. La mayoría de sacerdotes mayas son católicos, son cofrades. Los evangélicos son quienes nos tienen más limitados. Se ha confundido con decir que los mayas tienen muchos dioses, son politeístas, y los nahuales son los santos. Pero no es cierto, pues éstos son los días del calendario, son los protectores, como el ángel de la guarda. Tenemos un solo dios, formador y creador, quien es madre y padre, tierra y agua.
Hablemos de su padre, el artista Marco Augusto Quiroa
Mi papá era un hombre muy especial y un artista completo. Además de ser pintor y dibujante, era escritor, periodista y político; tenía muchas facetas. Creo que lo que más nos dejó fue la afinidad por el arte, porque nosotros crecimos con eso. Cuando tenía unos 3 años, en vez de darme cuadernos para pintar me ponía a Picasso, Renoir o Goya, el juego consistía en identificar qué artista había pintado cada cuadro.
Además, nos leía muchísimo, nos hablaba de (Pablo) Neruda y de todos los escritores latinoamericanos, nos daba libros. En nuestra casa siempre se vivió con mucha afinidad hacia el arte y sus disciplinas. Nos llevaba al ballet y la ópera, había música de Beethoven. Se tiene tan cerca el arte que te gusta, porque vivís a través de él, aunque no sé cuánto heredamos. Mi hermana pinta, pero es totalmente diferente a lo que él hacía, y lo que yo escribo es distinto.
También nos heredó el amor por Guatemala, pues era un hombre muy amplio y con mucha humildad. Nunca lo vi discriminar a nadie ni menospreciar a alguien por su condición social o su raza, pues respetaba al ser humano.
Por haber sido su padre quien fue, en su vida siempre estuvo aquello de ser la hija de...
Sí, eso va a ser siempre así. Pasé de ser la hija de, para convertirme en la mamá de. Uno siempre va a tener un reflejo cuando se ha tenido un papá que ha sido un personaje, habrá una comparación a ser mejor o si sacó el talento o no.
¿No le ha molestado?
No. Yo admiro mucho a mi padre. Como artista, creo que le dejó bastante a Guatemala. Me encanta que digan que soy la hija de Marco Augusto Quiroa, siempre me van a asociar con su figura.
La experiencia con mi libro, que fue el primero, me gustó. No sé si voy a hacer otro, y si será con tema maya. Lo maya es lo que realmente me apasiona en mi vida, y si yo pudiera dedicarme de lleno a eso lo haría, no como una actividad secundaria sino primaria. Ahora trabajo en publicidad, ventas y mercadeo, pero si tuviera la posibilidad económica me dedicaría a promover nuestras costumbres, enseñar lo poco que sé, y conocer miles de lugares sagrados que aún no he visto.
De esos sitios que conoce, ¿cuál es el que más le ha impresionado?
Todos, pero mi preferido es Mixco Viejo, por tener una paz y armonía especial. Es ordenado, limpio, rodeado de montañas y barrancos, las piedras tienen como destellos de oro, que iluminan el lugar. También Nimajay, una cueva, desde donde se mira el Lago de Atitlán. El Cantil, en Palín, un cerro que parece una cabeza, es un nacimiento de agua, un lugar precioso. Chichoy, en Baja Verapaz, una cueva. Y hay más sitios verdaderamente lindos.
Al empezar en el sacerdocio, ¿recibió críticas?
Me dijeron que estaba loca, y me lo siguen diciendo, pero a mí no me importa lo que la gente me diga, porque esto es parte de mi vida; lo que me gusta y respeto no lo dejaría por nadie ni nada. Ni siquiera es punto de discusión, seguiré en esto hasta que tenga vida.
El sacerdocio es para siempre, hasta el día que muera, cuando entregue la vara y la dejen en el lugar sagrado que yo elija.
Algo más
- Es publicista y mercadóloga.
- Tiene 46 años y dos hijos.
- Aprendió que la espiritualidad maya es una conciencia diaria. En los lugares sagrados se debe pedir permiso para cortar una planta.
- El animal de su nahual es el perro, y aunque muchos se identifican con él o tienen una conexión especial, ella prefiere a los gatos.
- Nunca le llamó la atención pintar, aunque sabe bastante de arte por la influencia de su padre.
- Dice: “Los Acuerdos de Paz despertaron la cosmogonía maya, abrieron espacios y se reconocieron que los lugares arqueológicos eran sagrados, en donde podían realizarse ceremonias, lo que antes era prohibido”.
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