Caballero de la eterna primavera
Poeta y músico; cambió el tango Mi Puerto Barrios querido.

En estos días en que los padres jóvenes se preguntan qué le pueden heredar a sus hijos, la respuesta puede ser inmediata: una buena educación fundamentada en valores y principios, y esto —como dice mi señor padre— se mama en la casa.
Vemos con tanta nostalgia, a veces hasta con dejo de tristeza, cómo con el transcurrir de los años se dejan atrás aquellas buenas costumbres y tradiciones, en que adultos y jóvenes nos sentábamos a la mesa o en la sala de nuestras casas a compartir por largas horas, anécdotas, historietas de nuestros antepasados, con la gracia y picardía que nuestros abuelos y padres le ponían de ingrediente a tan agradables momentos.
Me siento orgulloso de que mi señor padre supo compartir varios de esos momentos con todos mis hermanos, cuando en la niñez, luego en la adolescencia, él convertía cada una de esas anécdotas en poemas que adornaban el contorno de la historia de los ambientes de mi pueblo, como dice un poema suyo, cuando rozaba los 21 años en el oriente guatemalteco, o cuando nos contaba que rompió la tradición de escuchar la marimba en el templo de Minerva en Xela, y sacó a bailar a una sonrojada dama de aquella época, con la cual fueron cómplices de invitar a bailar a la demás concurrencia, de donde surgió su composición Marimba del indio.
Para sus queridos amigos de la populosa zona 6, con los que compartió el levantamiento sagrado de su vivienda que fue cobijo para todos sus hijos, y que dio lugar a su inspiración titulada Los vigueteros, y sus historias acompañadas de lágrimas de todos los vecinos del barrio cuando recitaba el Brindis del bohemio, y Navidad de su propia inspiración.
Tantos momentos que compartió con familiares, vecinos, niños, jóvenes y adultos, que sacamos provecho, porque sobre todo en las épocas de fin de año, en cada casa donde se le invitaba a contar sus historias, traducidas en poemas, de chicos cachábamos dulces, manzanas, nueces; y de adolescentes, cachábamos más de alguna sonrisa de la vecinas adolescentes y más de algún picante adormecedor.
En sus noches de alborada de su Puerto Barrios querido, en fidelidad a su tradición de gardeliano, cambió el famoso tango por: Mi Puerto Barrios querido cuando yo te vuelva a ver.
Noches porteñas que fueron el escenario perfecto para enamorar a Mamalena, en homenaje a su amada y a su Lívingston con el baile del yankunu.
“Y es que quien vive la vida/ la vive a plenitud/ para contar cada etapa que da nuestra existencia,/ pues cada segundo es la molécula que mueve las arterias/ para avanzar la etapa”, así reza una estrofa de su admirado poema Yo soy aquél.
Pues sí, este es mi señor padre, don Humberto Corado Villela, caballero del país de la eterna primavera, que recorrió desde oriente a occidente; donde se extasió del paisaje en la época dorada del ferrocarril, del norte al sur en su querida California, y de su populosa zona 6, en su querido 4-3, y de su inolvidable y bendecido trabajo en La Pedrera.
Hoy, como un pequeño reconocimiento de su esposa en el cielo, sus hijos, hijos políticos y nietos; a Papeto le decimos felicidades por sus 85 años de vivaracha existencia, y gracias por hacernos vibrar de emoción cada vez que escuchamos la historia de su vida. Dios lo bendiga.
Mynor O. Corado Castro
(en nombre de la familia Corado)
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
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