El factor ignorado
de la creatividad
Hay acciones que parecen no tener gran trascendencia, pero pueden lastimar a una sola persona o familia.
Por Ana María de García
Todos los estudios en referencia a la creatividad hacen hincapié en factores como la originalidad y utilidad, pero descuidan o, más aún, ignoran los factores éticos y humanos apoyados en los valores.
Eso significa que, para llevar a buen término una idea que sea de beneficio para la sociedad, es —sin duda— necesario apoyarse en valores que estén centrados en lo que debe ser el beneficiario de todas las acciones: el ser humano. Aquí, entonces, surgen muchas inquietudes, sobre cuáles son estos valores de los que se habla. Naturalmente, un creativo, como cualquier ser humano, debe fomentar todos los valores que nos hagan verdaderamente Hombres y Mujeres con mayúscula, pero hay algunos en los que se debe esforzar de manera especial.
En primer término, deberá desarrollar el valor de la humildad que, según San Bernardo, se define como una virtud, por la que un hombre, que se conoce a sí mismo, se rebaja.
Aunque a simple vista, podría parecer que no existe una relación muy clara con la creatividad, la humildad es necesaria para evitar la terrible soberbia, que puede ser un gran freno a la verdadera creatividad. La soberbia evita que se pueda conocer y aceptar los propios límites, y estorba la capacidad de recibir consejo, lo que hace más duros los inevitables escollos y fracasos, que sin duda, surgirán a lo largo del camino.
Otra virtud que debe tener el creativo es, sin duda, la fortaleza, la tenacidad que le permite un trabajo constante, que no flaquea cuando las cosas no salen como se habían planeado.
Vienen a la mente las películas de los hermanos Wright, cuando una y otra vez se estrellaban contra la Tierra los artefactos precursores del avión, después de haber hecho un tímido intento de elevarse unos pocos metros. ¡Cuánto trabajo y recursos utilizaron! ¡Cuántas decepciones sufrieron! Pero no cejaron en su empeño de darle a la humanidad el más asombroso medio de transporte, que ha hecho posible que las distancias desaparezcan, con el consiguiente bienestar para todos.
Por último, el creativo debe tener el valor de la responsabilidad, que implica numerosas facetas. La integridad de vida que lo lleve a comprender el efecto y alcance que tiene la obra que produce sobre el individuo la naturaleza, o los recursos que podrían emplearse en necesidades más perentorias.
Esto implica que el creativo deberá estar constantemente en formación para mantenerse al tanto de los factores que puedan influir en sus decisiones.
Es cierto que a veces el uso que se haga de la producción de una idea escapa al control de quien la produce, y puede emplearse en acciones que nunca fueron visualizadas por sus creadores.
Por ejemplo: qué lejos estaban de suponer los grandes científicos Henri Becquerel y Pierre y Marie Curie que sus investigaciones sobre las propiedades de la radiactividad, que tienen grandes aplicaciones en la medicina para curar tumores malignos, servirían de base para desarrollar investigaciones que los conducirían a la terrible bomba atómica, que eliminó en un minuto a más de un cuarto de millón de seres humanos en Hiroshima y Nagasaki.
Las acciones que parecen sin gran trascendencia también pueden lastimar a una sola persona o familia, y esto representa una responsabilidad a la que estamos sujetos; cualquier persona puede llegar a ser creativa si se encuentra en una actitud mental positiva y abierta, en una disposición de no darse por vencida y pensar que existe infinidad de caminos para resolver cada problema.
El entusiasmo por la vida que caracteriza a la persona creativa le conducirá a la búsqueda de toda la formación intelectual que le sea posible, la cual le abrirá la puerta a la imaginación, y lo llevará a la innovación. Por ello, es importante preparar a los jóvenes, para que puedan sacar toda la creatividad que llevan dentro, por medio de una educación que privilegie la libertad responsable. Se debe trabajar para convertirlos en mentes inquisitivas, no conformistas, lo cual los conducirá al camino del verdadero liderazgo.
Es aquí donde nos encontramos ante el otro concepto que nos atañe: el liderazgo y, por ende, su relación con la creatividad.
* Decana Facultad de Arquitectura - Universidad del Istmo |