Semanario de Prensa Libre • No. 203 • 25 de mayo de 2008

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D fondo

Resguardo de los tesoros
El patrimonio es el sello distintivo de un pueblo.

Por Julieta Sandoval
fotos: carlos Sebastián

Son un conjunto de bienes materiales o inmateriales, heredados de los antepasados, que manifiestan el espíritu de quienes los crearon y que con el paso del tiempo se han convertido en valiosas riquezas para una nación y para la humanidad. Guatemala tiene una herencia cultural y natural muy rica, la cual se manifiesta en casi cualquier parte del país.

Son remanentes que quedaron de una época y “representativos de un período, con características propias”, explica el arqueólogo Erick Manuel Ponciano, subdirector de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura y Deportes.

Aunque todos escuchan sobre el patrimonio, pocos son los que pueden definir cuál es y la importancia que tiene. Es posible que pronto se piense en Antigua Guatemala o en Tikal, pues son lugares reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como bienes de la humanidad.

Un patrimonio puede ser tangible (aquél que se puede ver y tocar), éste, a su vez, se divide en mueble, sitio o edificio. De los primeros se tienen los objetos o elementos como pinturas y esculturas. El intangible (aquél que no se palpa) es una serie de valores tradicionales asociados a patrones culturales, sociales y económicos que le dan características propias. Este es el caso de las creencias o costumbres con significados especiales, por ejemplo, la procesión del Niño de Amatitlán.

Sin embargo, hay muchos bienes que son tangibles pero, a su vez, son también intangibles, como sucede con los lugares sagrados o los trajes ceremoniales de hombres y mujeres indígenas; estos últimos fueron declarados Patrimonio Cultural Ancestral en el 2006 y son una expresión vital de identidad étnica.

“Además de observarse y tocarse, también transmiten los valores y la visión del mundo de muchas comunidades de Guatemala”, comenta Bárbara Knoke, antropóloga e investigadora asociada al Museo Ixchel del Traje Indígena.

Muchas de estas joyas usadas por los cofrades son observadas solo en museos, fotografías o pinturas, ya que quedaron en desuso o han sido modificadas.
A pesar de las medidas en favor de la preservación, mucho del patrimonio nacional se ha perdido o dañado, en varias ocasiones, de forma parcial. Kaminal Juyú, que fuera el centro precolombino más grande del altiplano, ha perdido muchos de sus aproximadamente 200 montículos, debido a la mala aplicación de las leyes de conservación; sin embargo, “es de los pocos que tiene su propia norma, emitida en 1966”, indica Ponciano.

Conforme la ciudad ha ido creciendo, esos sitios han sido tomados para el desarrollo urbano. Lo mismo sucede con otros lugares que han pasado a ser propiedad de particulares, lo cual incluye que las personas consideren los vestigios de su propiedad. Mas, la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación establece que los bienes son de la nación. Lo procedente, según la ley, en este caso, es que las personas pueden constituirse en depositarias de las piezas encontradas, pero deben legalizarlas.

Valorización

Desde el siglo XIX hasta 1997, cuando se hicieron las últimas modificaciones a la ley, se han sucedido varios intentos para cuidar la riqueza cultural, histórica y natural del país. Durante su período de gobierno, Rafael Carrera ordenó, el 16 de enero de 1854, levantar planos arqueológicos de Quiché y de Mixco Viejo, explica el historiador Haroldo Rodas. No obstante, el primer interés por las antigüedades de Guatemala lo tuvo el abate Brasser de Bourbourg con las crónicas indígenas, como el Memorial de Tecpán Atitlán y el libro sagrado Popol Vuh; sin embargo, los originales se los llevó a Europa.

Gurmacaaj o Utatlán fue el primer sitio protegido, de forma oficial, el 15 de noviembre de 1893, por el general José María Reyna Barrios. Esta ley tuvo modificaciones. Una de ellas fue en 1895, cuando se prohibió la realización de trabajos de agricultura, donde existían ruinas, explica Rodas.

El historiador Miguel Álvarez, por su parte, dice que los sitios que siguieron en protección fueron Iximché y Zaculeu y, más tarde, se publicó una lista de sitios arqueológicos. Estos fueron los primeros pasos para guardar los tesoros de la nación.
El primer patrimonio colonial que se declara en conjunto (lo que significa que reúne varios elementos, como arquitectura, escultura, pintura y tradición) fue Antigua Guatemala, en 1944, por Jorge Ubico; 365 días después de celebrar los 400 años del establecimiento como ciudad. Para Miguel Álvarez fue una decisión importante, ya que las ruinas se encontraban abandonadas o invadidas.

Otra importancia

“Conservar estos valores es importante porque representan parte de las ideas materializadas de diversas épocas”, comenta Haroldo Rodas. Al declarar un bien patrimonio, se espera detener su deterioro, motivar su estudio y proyectarlo al mundo. Pese a que Guatemala posee mucha riqueza cultural y natural, solo existen cuatro patrimonios reconocidos como de la Humanidad por la Unesco. “En América Latina, México tiene el primer lugar y, a nivel mundial, España, seguido por Italia”, agrega Miguel Álvarez.

En la actualidad, en el Ministerio de Cultura y Deportes se trabaja en la presentación ante la Unesco de varias propuestas, entre ellas, la zona cultural de El Mirador, Gumarkaj, como sitio arqueológico, y la población de Santa Cruz del Quiché, Quiché, tomada como cultura tradicional y viva.
El proceso de aceptación dura un año y medio, o dos. “Guatemala, por su rico legado cultural, debería tener más bienes reconocidos a nivel mundial”, explica Erick Ponciano.

Los beneficios

Entre los privilegios que se dan al tener el reconocimiento internacional están la mayor atención de gobiernos y organizaciones extranjeras cuando sucede una amenaza o robo; se adquieren cuantiosas utilidades económicas al atraer al turismo, y “se constituyen en embajadas culturales de la Nación”, agrega Rodas.
A escala nacional, aún no se ha reconocido la Semana Santa o la romería hacia Esquipulas.

Rodas propone los bosques de pinabete de San Marcos como bien natural, o las pozas de Santa María Chiquimula, Totonicapán, que están en riesgo de
desaparecer, porque las autoridades locales las desean derribar, para construir un área del mercado. La lista continuaría, pues el país es sumamente rico en bienes tangibles e intangibles; es más, para Álvarez, la gastronomía guatemalteca debería inscribirse como patrimonio mundial, pues es muy rica en tradición.

A pesar de que con el tiempo se ha perdido o dañado mucho de nuestro patrimonio, otros más van surgiendo o descubriéndose, ya que, de acuerdo con la ley, se reconoce como bien preciado, lo cual tiene valor simbólico, artístico e histórico de 50 años en el país. En consecuencia, la creación del patrimonio nacional va en ascenso y deberá preservarse. Como dice Haroldo Rodas: “Lo que hoy es creación será el patrimonio de mañana”.

Períodos

El patrimonio cultural de Guatemala es clasificado en tres grandes épocas.

Época prehispánica

Este período comprende del 3 mil a. C. al 1254 d. C. Antecede a la llegada de los descubridores, conquistadores y colonizadores.

La región es reconocida por sus características antropológicas y culturales muy definidas y homogéneas. La civilización destaca por su originalidad, lo cual quedó plasmado en la arquitectura y la cerámica.

En el inventario existen registrados 3 mil 500 sitios como patrimonio cultural, entre los cuales hay arqueológicos y lugares sagrados que pueden ser tangibles e intangibles, culturales y naturales. Algunos de estos son las Cuevas del Río Candelaria, el Cerro Chi Aj Xucub’, Sayaxché, el juego de la pelota Maya, Kaminal Juyú, la zona cultural del Mirador y Piedras Negras.

GumarcaAj

Funcionó como la última capital de los quichés, cercana a Santa Cruz del Quiché, Quiché. A pesar de ser el primer monumento en declararse patrimonio, en 1893, por el general José María Reyna Barrios; sus restos arquitectónicos se encuentran deteriorados por el saqueo y su uso es para fines agrícolas.

Época colonial o Hispánica

Empieza con el arribo de los conquistadores españoles en 1524. Durante esta etapa, la producción artística colonial fue abundante y con características propias, pero con influencia europea por medio de España y de los indígenas surgió un arte particular. Una época rica en producción artística en todos los campos —arquitectura, pintura, escultura, literatura y música—; estas manifestaciones forman parte del patrimonio cultural del país. Algunos ejemplos: el templo de San Agustín Acasaguastlán, San Cristóbal Totonicapán, San Juan del Obispo y la Ciudad de Santiago de los Caballeros. En la Ciudad de Guatemala, el antiguo edificio de la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Catedral Metropolitana, el árbol del Hermano Pedro, etcétera.

La Merced

Tiene múltiples manifestaciones artísticas, a esto se le llama conjunto, pues contiene arquitectura, escultura, pintura, retablos, mobiliario, platería y manuscritos, por lo cual es patrimonio nacional tangible, pero también es intangible por todo lo que representa, por ejemplo, la procesión del Martes Santo o los miércoles de San Judas Tadeo. La mayoría de iglesias unen lo tangible e intangible, dice Miguel Álvarez.

Período Independiente

Comprende del 15 de septiembre de 1821 hasta hoy, donde destacan los edificios de la Nueva Guatemala de la Asunción. En un documento elaborado por Miguel Álvarez se dan las siguientes subdivisiones: etapa de la República Federal, de 1823 a 1838. Conservador o régimen de los 30, de 1838 a 1871. Liberal, 1871 a 1885. Neo-liberal, de 1885 a 1944. Contemporáneo, de 1944 a la actualidad.
Algunos son: los edificios del Palacio Nacional, el antiguo Edificio de Correos, la Policía Nacional Civil (hoy, Ministerio de Gobernación), el Campo de la Feria de Noviembre, el mapa en relieve, el Museo de Historia, la Biblioteca César Brañas (en foto), el Centro Histórico de Quetzaltenango (a excepción de la Catedral) la quema del diablo.

Gastronomía

Algunos platillos de la cocina guatemalteca son considerados patrimonio, ya que tienen características culturales de la sociedad moderna y representan la identidad del pueblo. El pepián, mole, zubanic, el fiambre y jocón, son los que están declarados, hasta ahora, patrimonio nacional.


   

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