Semanario de Prensa Libre • No. 203 • 25 de mayo de 2008

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D juegos

¡BINGO!
Un juego que puede ser peligroso

por roberto villalobos

El humo de cigarrillo es penetrante en el recinto donde se juega al bingo; todos están concentrados para tachar en sus cartones los números que una muchacha anuncia por un altavoz. Nadie habla; hay un ambiente de emoción. Luego de unos 15 ó 20 números “cantados”, alguien grita “¡Línea!”, y este gana un premio menor; el juego continúa y, luego de varios aciertos, se escucha una vigorosa voz que exclama: “¡Bingo!”, para avisar que ha sacado todos los números y, por lo tanto, el ganador del premio mayor.

Los bingos, por lo general, son visitados por personas de 40 años en adelante. Aunque quizá la mayoría no tienen problemas con el juego, muchos de ellos, por el contrario, presentan los síntomas característicos de la ludopatía.

Cuando el juego se constituye en adicción se vuelve enfermedad. Muchos han llegado a perderlo todo: familia, amigos, dinero y trabajo. “Mynor” es uno de ellos. “Vengo aquí desde hace unos tres años y, la verdad, he perdido más de lo que he ganado; sin embargo, no puedo dejarlo, ya que cuando juego gusto del correr de la adrenalina. Aunque a veces he tratado de dejarlo, no he podido”, dice. Él tiene 53 años y en ocasiones llega acompañado de amigos, de lo contrario, juega solo. “No me importa estar aquí sentado en soledad; el cigarro y la emoción son mi compañía”, expresa.

Para personas como Mynor, el juego es una obsesión que puede considerarse como un descontrol de los impulsos, explica la psicóloga Regina Fernández.
Asimismo, es normal ver a grupos de tres a cinco damas, la mayoría de edad avanzada. También ingresan jóvenes, aunque es evidente el poco número.

“Rocío” explica que llega allí para “despejar la mente”, y las excusas son que sus hijos casi no la visitan o que se aburre en casa. “Vengo con mis amigas y nos la pasamos bien; al menos, así puedo reírme un poco”, comenta.

Un problema complejo

En todo juego de azar no hay forma de controlar de manera sistemática los resultados del juego, es decir, apenas intervienen las habilidades mentales de la persona para saber cuándo se cantará “bingo”. Ciertos ludópatas se excusan cuando aseguran que jugar los libera de tensiones cotidianas o que les provee distracción y diversión; además, muchos tienen la esperanza de mejorar su situación económica.

Uno de estos casos es el de los esposos Víctor y Marcela, quienes indican que el motivo del juego, para ellos, es el dinero y no el ocio. “Nuestro hijo nos envía dinero de Estados Unidos, nosotros lo ‘invertimos’ aquí; hay ocasiones en las cuales tenemos suerte y, otras, simplemente perdemos todo… Cuando se nos acaba el dinero, le pedimos más”, confiesa la señora, de unos 50 años de edad.

Estas situaciones hacen que el problema sea complejo. Como cualquier otra adicción, el primer paso es reconocer la enfermedad, aunque el jugador patológico rara vez lo hará. Su tendencia será la de mentir, incluso, a sus seres queridos más próximos; a endeudarse para luego pagar, aunque manifiesta que todo se solucionará enseguida, cuando llegue a tener “una buena racha”.

También es usual que diga “esto lo dejo cuando yo quiera” y que, además de su condición de vicio para el juego, asocie otras adicciones como el alcohol, tabaco u otras drogas.

Según documentos de la Asociación Americana de Psiquiatría, el juego patológico se presenta cuando existen al menos cinco de las siguientes circunstancias:

Preocupación por el juego (por ejemplo, idear formas de conseguir dinero para jugar); necesidad de jugar con cantidades elevadas de dinero; fracaso frecuente en los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego; inquietud o irritabilidad cuando se intenta parar; cuando se utiliza como estrategia para escapar de los problemas; volver a jugar después de perder dinero (para así intentar recuperarlo); al engañar a los miembros de la familia, al terapeuta u otras personas para ocultar la adicción; cometer actos ilegales como falsificación, fraude, robo o abuso de confianza para financiar el juego; poner en riesgo o haber perdido las relaciones con otras personas; confiar en que los demás proporcionarán dinero para aliviar la situación financiera.

En cualquier caso, la voluntad para salirse de esa adicción es fundamental, puesto que, según los científicos, sí existe una solución.

Importante

  • Gobernación departamental se encarga de autorizar la apertura de bingos o casinos.
  • Los bingos operan en beneficio de distintas fundaciones, aunque en la mayoría de casos evitan brindar información sobre cuánto dinero manejan. Incluso, Gobernación Departamental evitó dar cifras; ni siquiera menciona cuáles son los negocios de este tipo que están autorizados.
  • Lo más probable es que se pierda dinero; es una felicidad fugaz cuando se gana alguna cantidad.
  • Ante cualquier problema con el juego, se puede acudir a ayuda profesional, como un psicólogo o psiquiatra. También existen grupos de ayuda, como Ludópatas Anónimos.
 
   

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