Lo maravilloso de ser maestra
Un docente no es alguien que se quede sentado, sin preparación.

Cuando cursé tercero básico, muchas de mis amigas escogieron ser bachilleres o secretarias, y solo 18 decidimos la carrera de magisterio. Esta tendencia aún continúa, tanto así que el colegio donde estudié, el Instituto Experimental de la Asunción, acaba de cerrar la carrera.
Hace 23 años me gradué de maestra de educación primaria urbana. Después de haber sido una alumna promedio en mis resultados académicos, cuando empecé cuarto magisterio descubrí lo maravilloso que es prepararse para ser maestra. Una carrera donde la persona se humaniza, entrega todo su tiempo y todo su ser al servicio de los demás. Claro, fueron tres años de preparación donde la vocación me hizo ser de las mejores.
Cuando me gradué, al año siguiente, empecé a estudiar y a trabajar al mismo tiempo. Recuerdo que mi primer sueldo fue de Q105, que aún en ese momento era poco, fue un año donde aprendí que de mí dependían muchos niños. A pesar de mi corta edad, fui madurando y tomando los retos que esta carrera exige, por supuesto, para llegar a la excelencia. Hoy, estoy entregada a la docencia en menor grado, ya que dirijo a todos los formadores de la institución, que no son muchos, pero el trabajo es el mismo.
Este año, uno de mis maestros participó de un entrenamiento fuera del colegio, y me quedé con una plaza vacía al inicio del ciclo escolar. Nunca había buscado docentes por medio de los medios escritos, pero no tuve otra opción. Vi desfilar muchos llamados docentes, algunos con más preparación que otros, claro, en teoría; en la práctica era otra historia.
Se les hizo ver que ingresar en nuestra institución era como un entrenamiento, donde aprenderían y se terminarían de formar. Tal fue mi sorpresa que, después de entrevistar a muchos de ellos (15), por su currículo y entrevista, dos fueron puestos a prueba para observar su trabajo.
Ninguno se quedó, no tenían preparación suficiente, dominio de grupo, creyentes aún de un método tradicional, con poca voluntad para dar todo y el colmo, con mala ortografía y falta de vocación.
¿Por qué la formación de maestros era mejor? Un docente no es alguien que se quede sentado, sin preparación. Su función es transformar vidas y hacer crecer a los niños como personas en busca de un mundo mejor.
Ser maestro es un título grande, reto que no todos pueden ejercer. Deben prepararse, porque, después del hogar, ustedes son los formadores de los hombres y mujeres del mañana.
No es la carrera mejor pagada, pero es la única que nos permite ayudar para cambiar una sociedad.
María del Rosario Rodas de Rodas
mdrrodas@hotmail.com
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