Semanario de Prensa Libre • No. 228 • 16 de Noviembre de 2008

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D salud

Entrenador de vida
Coaching, la nueva profesión del siglo XXI.

por viviana ruiz
ilustracion: billy melgar

Desde siempre, algunos seres humanos han querido encontrar las fórmulas para perpetuar la juventud o conseguir el éxito, y muchos más hallar la llave que abra la puerta de la felicidad plena. El escritor brasileño Paulo Coelho, por ejemplo, al tomar como base éstas, ha sido autor de numerosos libros de autoayuda que lo han convertido en un fenómeno de masas. Así como él, hay infinidad de escritores, ejemplares y charlas que giran en torno a la búsqueda personal y al sentido de la vida. Lo reciente para responder a estas dudas existenciales es el life coach.
Así las cosas. A los terapeutas, consultores, asesores de imagen, e incluso, al mismísimo Coelho y sus superventas, les aparece un nuevo competidor: el coaching o entrenador de vida. Su técnica es tan innovadora como milenaria, porque saber indagar y escuchar de forma reflexiva (dos herramientas básicas de esta profesión), lo practicaban con maestría los filósofos griegos, entre ellos Sócrates y Aristóteles, quienes por medio de la pregunta lograban que sus discípulos reflexionaran y descubrieran que las respuestas y soluciones ya las tenían ellos mismos.
Claro, este método, con sus virtudes y defectos, también lo utilizan los psicólogos y psiquiatras, pero el coaching no trabaja únicamente con la mente, sino con todo el ser. Es por eso que más bien es un mentor, un sabio al estilo de Kung Fu y su pequeño saltamontes o a un Obi-Wan Kenobi.
Fue hasta principios de la década de 1980, según la agencia de noticias EFE, cuando se empezaron a establecer y racionalizar las técnicas del coaching, gracias a la creatividad del financiero estadounidense Thomas Leonard, quien comprendió no solo que sus clientes necesitaban un asesoramiento sobre temas bancarios o empresariales, sino que de igual manera, estaban ávidos por compartir con él problemas de índole personal.
Fue así como Leonard desarrolló unas técnicas de acompañamiento y de asesoramiento que daban respuesta al mismo tiempo, tanto a las inquietudes financieras como a los conflictos personales de sus agobiados hombres de negocios. También fue clave la experiencia que aportó Timothy Gallway, entrenador de tenis que creó nuevas metodologías de entrenamiento mediante las cuales ayudaba a sus aprendices a involucrarse en los procesos de aprendizaje, además de enseñarles a jugar ese deporte.

Quién puede ser un coach


El objetivo del coach es guiar a una persona para que ésta se reconozca a sí misma como ser humano y cambie la forma como percibe la vida y actúe, desde su situación actual hacia otra que se desea alcanzar, porque se considera más positiva y enriquecedora”, explica la psicóloga y life coach, Carolina Pérezalonzo.
Para María Cristina de Crespo, también coach, el entrenador de vida también tuvo que haber pasado por un coaching, y luego haber aprendido en un instituto certificado las técnicas para ofrecer sus servicios.

¿Para quiénes está indicado?

“El coaching es una alianza entre un coach y cliente, donde éste es una persona común y corriente que tiene cosas pendientes por afinar y desea alcanzar sus metas tanto a nivel personal como empresarial o espiritual”, explica Pérezalonzo. “Pero no se puede tratar a personas que tengan alguna enfermedad mental o adictiva”, repara De Crespo.
En Guatemala, esta disciplina es una novedad. De hecho hasta hace algunos meses era desconocida. El experto Allard de Jong, director de formación de
CoachVille Spain, quien ha diseñado programas de formación e imparte cursos de coaching ejecutivo en Barcelona (España), afirma que la lenta introducción y aceptación de estos métodos en otros países (fuera de Estados Unidos) podría deberse a “que existe una percepción errónea sobre el coaching, que lo identifica con una terapia”.
De igual forma piensa María Cristina de Crespo quien remarca que no se trata de una terapia para alguien que ha pasado un trauma reciente, como la pérdida de un ser querido, “porque un coach no es un psicólogo o un psiquiatra, por ejemplo yo soy abogada de profesión pero hago este trabajo por vocación”, dice De Crespo.
Para que funcione este proceso, los expertos aclaran que debe hacerse un trabajo en doble vía, porque luego del conocimiento del problema que tenga cada cliente, el entrenador de vida ofrecerá una serie de herramientas para que obtenga resultados, pero si no se practican, de nada servirá.
Un coach no funciona en personas que creen tener la verdad absoluta o que no pueden cambiar porque son así; desean transformaciones, pero solo se quejan, y no se molestan en poner de su parte, se sienten víctimas, y lo que necesitan es encontrar a alguien que corrobore lo que ellos piensan, esperan resultados milagrosos e inmediatos, y eso no existe, comenta Carolina Pérezalonzo.
“Al final de cuentas lo que hacemos es abrirle los ojos al cliente y hacer que tome conciencia que su peor enemigo no son los demás, sino él mismo, quien de forma inconsciente se autosabotea”, explica María Cristina de Crespo, “no somos magos, somos entrenadores de vida”.

  • En otros países del mundo existen diferentes formas de ofrecer este servicio. Es por ello que hay diferentes niveles de coaching: el personal (life coaching) que ayuda al individuo a conseguir objetivos concretos en la vida.
  • El empresarial (business coaching) dirigido al empresario que quiere mejorar algún aspecto en la dirección de su negocio.
  • El ejecutivo (executive coaching) y el corporativo (corporate coaching), aunque son dos modalidades diferentes, pueden agruparse en una única categoría.
  • Mientras que el primero se dirige a los directivos de las grandes compañías con el objetivo de que puedan desarrollar de manera más efectiva su trabajo, el segundo contempla la corporación en su conjunto, su funcionamiento, su política interna, la forma de desempeñar su actividad, la concepción de su negocio, e intenta aplicar las técnicas del coaching sobre los diversos aspectos de la compañía como un todo.
  • Una sesión de este proceso, puede costar en Guatemala entre Q250 a Q800 por hora.

   

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