Semanario de Prensa Libre • No. 226 • 2 de Noviembre de 2008

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Punto final

“Recomendamos votar por Barack Obama”

Las estadísticas demuestran que un editorial tiene poca trascendencia en las urnas electorales.

POR ricardo trotti

Una de las particularidades del proceso electoral en Estados Unidos, comparado con los de América Latina, es que los diarios recomiendan a quién elegir, bajo el precepto de que es responsabilidad democrática de la prensa orientar al público e incentivar el debate.

Este ejercicio —con más adherentes que detractores — es una larga tradición de los periódicos, que en estas elecciones se han volcado tres a uno a favor de los demócratas, con lo que Barack Obama ha cosechado el apoyo de 127 diarios, contra 49 para John McCain.

La singularidad es que 27 periódicos que habían endosado al republicano Bush en la elección contra Kerry, en el 2004, ahora se pasaron a las filas de Obama, tal es el caso del Chicago Tribune que por primera vez desde su fundación, en 1847, apoya a un demócrata, así como Los Angeles Times que rompió el silencio desde que recomendó al republicano Richard Nixon, hace 36 años.

La posición de los editoriales se supone que debe estar fundamentada en un escrutinio permanente y responsable de los candidatos, y no siempre los editores de opinión y el dueño coinciden con sus periodistas. Robert Rivard, director del San Antonio Express-News, carga con el peso de que el dueño haya endosado a McCain. Cree que es una práctica anacrónica, e incluso, peligrosa comercialmente. Su preocupación, desde que la penetración de los diarios decayera en 40 por ciento en los últimos 20 años, radica en el mensaje erróneo para retener a los lectores jóvenes, en su mayoría seguidores de Obama, que emigran día a día hacia Google News y Yahoo News.

Al revisar unas 30 editoriales de diarios inclinados por los demócratas, los denominadores comunes son el talante y talento de Obama, las políticas continuistas de McCain, pero sobre todo, la pésima decisión de haber escogido a Sarah Palin en su nómina. La gobernadora de Alaska sale destrozada. Esto demuestra, en parte, lo que es un secreto a viva voz: la Prensa estadunidense, a pesar de sus propietarios más conservadores, está alineada a la ideología liberal.

Los editoriales de apoyo no garantizan una elección. Kerry tuvo más endosos que Bush, en el 2004, y perdió. Un estudio del Pew Center for the People and the Press, de enero último, calculó que su influencia es solo del 7 por ciento sobre el electorado, y si a eso se le suma que la credibilidad de la Prensa en general decreció del 27.4 por ciento al 19.6 por ciento, desde el 2003, según un sondeo de la Sacred Heart University, queda demostrado la poca trascendencia que un editorial tiene en la soledad de las urnas electorales.

A diferencia de The Washington Post, The New York Times, The Miami Herald (por Obama) o el New York Post, Detroit News y San Antonio Express-News (por McCain), otros medios sostienen que los apoyos editoriales son contrarios a los principios periodísticos. Allen Neuharth, fundador del USA Today, opina que los endosos “son un insulto”, porque desprecian a los lectores; mientras que para Paul Gigot, director de opinión del Wall Street Journal, los periódicos no se deben apegar a las personas, sino a las ideas, como las de su diario, “el mercado libre, la libertad de comercio e impuestos bajos”.

Sin embargo, Tony Pederson, ex director del Houston Chronicle, expone que los endosos estimulan la discusión y la participación en el proceso electoral, mientras que para Edward Schumacher-Matos, ombudsman de The Miami Herald, representan un acto de servicio, liderazgo e involucramiento en la comunidad. Existen coincidencias de que las recomendaciones tienen mayor validez cuando se disputan cargos locales, sobre los que el votante necesita mayor orientación.

Desde la visión latinoamericana es difícil comprender el fenómeno de los endosos presidenciales sin que se vea comprometida la independencia. En el Sur, donde el periodismo es calificado de “opositor” por solo reflejar las noticias o por haber suplantado el papel de los partidos políticos, o donde la línea entre las noticias y comentarios no está bien definida, se corre el riesgo de cargar con un estigma editorial para toda la existencia.

En el Norte, como The Miami Herald puede recomendar a Obama y en la misma página a un diputado nacional republicano, el endoso para muchos acerca la profesión a sus orígenes, al periodismo cívico, aunque si no queda bien hecho, se transforma en un acto de propaganda.

   

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