La historia la juzgará
Catalina Barrios y Barrios ha publicado libros que rescatan la historia del periodismo nacional.
por juan carlos lemus
Fotos: Carlos Sebastián

Los diarios son el referente obligatorio para todo aquel que quiera conocer la historia de un país. Miles de páginas son atesoradas en las hemerotecas, pero se necesita algo más que un archivo para conocer lo custodiado. Catalina Barrios y Barrios es licenciada en Letras y ha dedicado parte de su vida a investigar, de forma individual, el periodismo guatemalteco. El resultado es el valioso tomo titulado Historia del periodismo guatemalteco, publicado en 1996. Obra cuyo segundo tomo se encuentra a punto de ser publicado y que abarca desde finales del siglo XIX hasta los primeros 30 años del siglo XX.
Ambos libros, sin precedentes en la bibliografía nacional, se han convertido en fuente de consulta para investigadores y estudiantes. Con una paciencia y devoción extraordinarias, Barrios y Barrios es asidua visitante de la Hemeroteca Nacional, además de la Biblioteca y la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, y sus investigaciones la han llevado —con una beca Fulbright— durante seis meses, por bibliotecas de Nueva York, Washington, Nueva Orleáns y Texas.
Paradójicamente, ha sido en casa, específicamente en el Archivo General de Centro América, donde no ha podido acceder a periódicos antiguos que, aunque aparecen en los ficheros, no le son proporcionados.
Aparte de eso, el camino para dar a conocer la historia del periodismo ha sido para ella gratificante, como “una adicción”, dice, que le ha dejado mucho placer, pero, seguramente, al país le deja algo más que un placer: un recorrido por la Prensa escrita desde sus inicios en la Colonia.
Para empezar esta entrevista, evocaremos con ella su relación con César Brañas y Flavio Herrera.
¿Cómo recuerda su relación con César Brañas?
Antes de conocerlo, cofundé un periódico femenino en Quetzaltenango que se llamaba La Idea. Era un periódico pequeñito, pues no teníamos dinero, aunque poco a poco íbamos reuniendo algo. Esperanza Alba era la directora y yo la administradora; recogíamos anuncios, hacíamos entrevistas, lo vendíamos, lo hacíamos todo. Se me ocurrió que debería ser conocido en todo el país. Era una de esas fantasías que una tiene cuando es joven, así que lo envié a los periódicos de Guatemala; a Clemente Marroquín Rojas y a César Brañas.
Además, le mandé una carta a Brañas, que a él le gustó tanto que la publicó. Después me escribió diciéndome: “Disculpe que publiqué su carta sin su permiso, pero me pareció digna de ser publicada. Las páginas de El Imparcial están abiertas para usted”. Así fue como me entusiasmé, empecé a mandar algunos poemitas, algunas prosas, cosas que a una se le ocurren. Cuando vine a Guatemala, lo primero que hice fue visitarlo. Él fue quien me empujó a entrar en la facultad de Humanidades. Mi tesis la hice sobre su poesía; me asesoró Hugo Cerezo Dardón.
El día que me gradué, me vine de la ciudad universitaria a El Imparcial, porque no hice fiesta, ni nada de eso, llegué con don César y le dije: “Le traigo la tesis”. Entonces, me preguntó qué haría, y le contesté que iría al médico, porque me sentía un poco mal, pero él me dijo que me invitaba a cenar, con mis padres. Fuimos y cenamos en su casa, donde hoy está la biblioteca César Brañas. Lamentablemente, era muy arisco y de una vez me dijo que no quería que tomara fotografías: “La espero, pero sin cámara”.
A Brañas no le gustaban, además, las grabaciones.
Cierto. Un día, un tanto ingenua, llevé una grabadora y le dije: “Don César, vengo a grabar una entrevista con usted”. Mi grabadora era eléctrica y él me ayudó a conectarla, pero cuando empezó a funcionar, cogió un lápiz y una hoja, y me los dio. Me dijo: “Bueno, conversemos, pero por escrito”.
¿Cómo era Flavio Herrera?
Era un hombre afectuoso, muy sencillo en su trato. Como buen poeta, siempre iba hacia la poesía en sus pláticas. Con mis compañeros de la universidad íbamos a su casa, y él nos daba pláticas tan importantes que a veces eran mejores que una cátedra.
Cuando me cambié de Periodismo a Letras, Flavio Herrera, en la clase, me dio un libro suyo con la dedicatoria: “Con mi reprimenda porque se va de la escuela”, pero como me quedé en Letras, seguí cerca, porque él era un renombrado escritor en el departamento.
Ahora, hablemos de periodismo, ¿Se puede hablar de una “época dorada”?
Sí, creo que la de El Imparcial. Lo que he investigado es sobre periodismo literario. Cuando César Brañas tenía a su cargo la tercera página de ese diario, así como me abrió a mí las puertas se las abrió a muchos. Hace poco estaba leyendo, en esa página, un poema de Pablo Neruda, los hay de Luis Cardoza y Aragón, de todos los grandes poetas de Guatemala. Así que, literariamente hablando, la época de oro fue la de César Brañas.
Hoy se habla de bibliotecas y hemerotecas virtuales. El mundo tuvo un cambio. ¿Cuál es su apreciación al respecto?
Me he quedado investigando, hasta la fecha, hasta los primeros 30 años del siglo XX. Todo era muy rústico, las máquinas impresoras eran de tipos, de manera que mis estudios no pueden llegar más allá de 1930, pero mi criterio es que han progresado muchísimo en tecnología y creo que también en libre expresión del pensamiento. Ahora pueden hablar del Presidente, que no hay ningún problema, pero leí casos de periodistas que murieron en su profesión. Uno fue Daniel Amaya, de La República, a fines del siglo XIX, y el otro, José Rómulo Alfaro, quien dirigía La Campaña en 1912 ó 1913. Según leí, En el Autócrata, de Carlos Wyld Ospina, Alfaro fue envenenado, posiblemente por orden del tirano.
Se sabe que desde la época colonial influyó el catolicismo en el periodismo nacional, ¿cómo afectó esto a la veracidad?
En la época de Rafael Carrera se le da mucha importancia a la religión como noticia, se dio relevancia a la imagen de los altos jerarcas de la iglesia, como los arzobispos, a quienes se les publican en grandes fotografías. Carrera era muy católico. También había periódicos exclusivamente religiosos dedicados solamente a los actos litúrgicos.
¿Cómo afecta la censura de finales del siglo XIX y principios del XX?
Bueno, la época de Manuel Estrada Cabrera fue funesta. Durante ese tiempo, la Prensa era incondicional, asalariada y servil del “Dios Minervo”. No había libertad de expresión, se publicaba lo mandado por el gobernante; se sabe que los artículos se los mandaban para su visto bueno. Ciertos textos fueron escritos por él mismo. Estrada Cabrera le tenía miedo a la crítica periodística y por ello aplicó la “ley mordaza”, pues sabía que no sobreviviría con el pensamiento del opositor. En consecuencia, algunos periódicos de los años del régimen cabrerista constituyen, ahora, una vergüenza para el gremio; sin embargo, hay excepciones. Puede mencionarse La Campaña, donde colaboraban hombres honestos, valientes, que sacaban a luz las lacras sociales del momento.
Salvo esas excepciones, ¿no estaríamos enfrentándonos a un período en el que se desconoce la verdadera historia, pues hay completos vacíos?
Sí, toda la época de Estrada Cabrera fue un vacío. Después de su Gobierno, en los años de 1920 a 1930 se empezó a abrir un poco el camino para la verdad, porque ya había más libertad y es entonces cuando se llenan los vacíos que no se conocían, porque todos empiezan a sacar a luz los problemas. Denuncian, pero recordemos que todavía tienen miedo de hablar debido a la experiencia con la tiranía, pero se van abriendo espacio desde antes de 1930.
¿Hasta cuándo el periodismo en Guatemala adquirió algún sabor nacional, alejado de la influencia europea que tuvo en sus inicios?
Pienso que empieza en los años de 1920 a 1930. Hay actitudes más valientes, como la de Clemente Marroquín Rojas. Él fue una personalidad que rompió con muchas costumbres que se habían mantenido. Leía, hace poco, un periódico en el que él ataca a Lázaro Chacón y luego vienen otros a defenderlo. Clemente es polémico y da un nuevo giro al periodismo.
¿Cómo ve el actual periodismo literario comparado con el de otras épocas?
Ha perdido calidad. Si comparo una página de don César Brañas con las paginitas que salen ahora, hay escasa literatura y ya nadie publica poemas. Se ha ganado difusión, pero se ha perdido calidad; los artículos de fondo son muy internacionales, por ejemplo, los domingos, en un medio hay un suplemento que trae artículos de (Andrés) Oppenheimer y de Sergio Ramírez; son estos periodistas fogueados, profesionales, pero así no se conoce a los guatemaltecos.
Además, no todos los periódicos tienen calidad. He visto descuido en la redacción, errores gramaticales; sin embargo, imagino que eso se va puliendo, porque ahora muchos se gradúan de las escuelas de periodismo.
¿Cómo han recibido las universidades su libro Historia del periodismo guatemalteco?
Muy bien, los estudiantes de la Escuela Centroamericana de Periodismo me lo han pedido. Hay un profesor de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Usac que lo tiene de libro de texto, en su curso de periodismo guatemalteco. Han venido a pedirme los libros los estudiantes de las universidades del Istmo, la Marroquín, la Landívar y la Mariano Gálvez, donde me hicieron un homenaje los alumnos.
¿Ha tenido acceso a los periódicos siempre que lo necesita?
Ahora tengo un problema en el Archivo de Centro América. Hay una gaveta con fichas de periódicos antiguos, pero cuando los pido no me los dan. No sé si es porque no los encuentran, porque están perdidos o por negligencia, no sé, pero en mi próxima publicación (el segundo volumen de la Historia del Periodismo Guatemalteco) tendré que dejar solo la lista.
Según sé, prepara un libro sobre Gómez Carrillo.
En la preparación de todo el material para la Historia del Periodismo descubrí que había bastante dedicado a él. Debido a que soy una de las cofundadoras de la Asociación Enrique Gómez Carrillo, le entregué todos los documentos a la Asociación, y decidió que lo imprimirá.
¿Qué es lo relevante de ese libro?
Gómez Carrillo escribía con seudónimos, por eso, escribí una introducción que titulé El señor de los seudónimos. Era muy joven y polémico, tenía unos 16 años de edad cuando firmaba con nombres como Don Fausto.
¿Qué épocas abarca el segundo volumen de Historia del Periodismo Guatemalteco?
El primero contiene la época colonial hasta el siglo XIX. El segundo, hasta a los primeros 30 años del siglo XX. Ya lo estoy concluyendo. Es muy posible que lo edite la Universidad de San Carlos de Guatemala. Esto de investigar en los periódicos se vuelve como una adicción, para mí, ha sido un trabajo muy agradable.
Perfil
- Catalina Barrios y Barrios nació en Quiché. Es licenciada en Letras por la Universidad de San Carlos. Es columnista del vespertino La Hora, ha sido catedrática en diferentes universidades del país.
- Escritora e investigadora, cofundó el periódico femenino La Idea (Quetzaltenango, 1952).
- Cofundadora del Instituto de Estudios de Literatura Guatemalteca de la Facultad de Humanidades de la USAC. Algunos de sus libros:
- Coautora, con el doctor Francisco Albizúrez Palma, de la Historia de la Literatura Guatemalteca (tres volúmenes 1981, 1982 y 1987).
- Amor, soledad y muerte en la poesía de César Brañas (1970),
- Rafael Landívar. Antología de ensayos y estudios sobre José Milla (1982),
- La tira y otros cuentos (1991).
- Historia del periodismo guatemalteco. Volumen I. (1996),
- La Huelga de Dolores, 100 años y 1 más (1999)
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“Algunas personas me han preguntado por qué a veces me veo triste o enojada cuando bajo del escenario, y es que soy comediante, pero eso no quiere decir que toda mi vida sea una comedia”. |
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