Poemario de Walter Morán
“Tuve la oportunidad y la buena fortuna de acompañar a Walter Morán durante una lectura pública de Flor profunda, su colección publicada en el 2004 de la poesía erótica. La honda sensualidad de los poemas que Walter Morán leyó en esa ocasión me invitó a leer el resto. Descubrí poemas de una fuerza bestial, deliciosamente carnales, brutalmente sexuales, escritos, no debería caber la menor duda, en el mismo instante del clímax del encuentro amoroso.
“Es con este antecedente que me encuentro Laberinto cotidiano. ¿Qué puede esperarse de esta nueva colección de poemas? Desde su título, se intuye que Walter Morán se ha alejado de lo erótico, de lo sensual. Pero, ¿qué puede salir de su pluma después de aquella intensa experiencia? Más exactamente, ¿cómo puede el escritor rescatarse de su secuestro voluntario, liberarse de aquel éxtasis? ¿A dónde aterriza, después de semejante trayecto?
“Mientras Flor profunda embriaga, Laberinto cotidiano aclara. Allí había euforia, acá, melancolía.
“(...) Walter Morán nos entrega una poesía franca, personal, íntima. Leerlo no solamente nos acerca a la poesía, nos permite también intuir el proceso de creación poética. En las páginas que siguen, un poeta en su Laberinto cotidiano”. (Philippe Hunziker, en contraportada)

Laberinto cotidiano. Walter Morán. 61 páginas.
Universidad de San Carlos de Guatemala.
PRESTO NON TROPPO
Puccini
Por Paulo Alvarado
Ha llegado a su término un año dedicado a uno de los autores de ópera más celebrados e interpretados del mundo, cuando se cumple siglo y medio de su nacimiento, en 1858, Giacomo Puccini, compositor de Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, Madama Butterfly, La Fanciulla del West y Turandot.
Después de constituirse en el último gran representante del verismo, Puccini pasó a convertirse en el maestro de la ópera de fin de siglo y precursor de la ópera contemporánea. Su dominio de la lírica, aunado a un imaginativo manejo de la sonoridad orquestal, incluso, permitió que su música se situara como la más popular entre la de todos los autores operáticos, por encima de Verdi, Wagner y Mozart. Empero, fue preciso que superara una juventud marcada por la pobreza, el acceso tardío a un conservatorio, y varios años de fracasos académicos y profesionales. Finalmente, a partir de 1893, con Manon Lescaut, Puccini empezó a recibir el reconocimiento público que merecía.
Es interesante notar que esta ópera se presentó en México apenas al año siguiente de su estreno en Italia, pero no se veía en ese país desde 1979. Ha sido la Compañía Nacional de Ópera de México la que, en octubre recién pasado, le insufló nueva vida, en el marco de la edición más reciente del Festival Cervantino. El montaje, de corte estrictamente historicista, fue del argentino Marcelo Lombardero, y mostró el talento de solistas sudamericanos y mexicanos, a más de un elenco artístico y técnico de gran nivel, que acompañaron la Orquesta y el Coro del Teatro de Bellas Artes, bajo la batuta del italiano Guido Maria Guida. Excelente rendimiento musical y escénico para un espectáculo bien logrado y de calidad.
A ese propósito, también es de notar que en Guatemala no se aprovechó la efeméride para representar ninguna de las óperas de este compositor durante el 2008; la conmemoración se limitó a un par de recitales. No será sino hasta el próximo año que tendremos oportunidad de presenciar una puesta en escena de Turandot en nuestro país, obra que Puccini no alcanzó a completar debido a su muerte, cabalmente un noviembre, en 1924.
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