Semanario de Prensa Libre • No. 227 • 9 de Noviembre de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En tercera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D gastronomía
   > D portafolio
   > D artesanías
   > D fondo
   > D tecnología
   > D mundo
   > D recomendación
   > D farandula
   > D viaje
   > D Punto final

 


En tercera persona

“Siempre deseo servirle bien”
No importa si son pocos o muchos los clientes, ella recuerda el pedido de cada uno, sin necesidad de anotar.

Imagen
Foto Carlos Sebastián

De sus 65 años, María Ana Delfina Pérez López, 36 los ha laborado en la cafetería Lido, en la 11 calle y 7a. avenida de la zona 1; es la empleada más antigua. A pesar de que lleva tiempo ahí, sigue atendiendo de forma cordial y con una sonrisa como si fuera el 15 de diciembre de 1972, cuando empezó.
La ciudad, la zona y hasta el local en donde se ubica la cafetería han variado, y ella ha estado siempre allí. Cuando comenzó tenía el turno de la tarde, de 16 a 22 horas. Lido funcionaba todo el día, pues a la par estaba el cine que le da su nombre. “Uno de los mejores en aquella época”, dice. Había tres funciones, quienes salían de ellas, casi era una obligación pasar a degustar una refacción, un sánwich acompañado de un refresco o café. Las tertulias de los comensales, en el establecimiento, se extendían, por lo que era frecuente que doña Fina, como se le conoce, saliera una hora después de su horario establecido. A las 23 horas caminaba a la 18 calle para tomar la camioneta que la llevaría a San José las Rosas, en donde vivía. “En ese tiempo no había tanta violencia, no daba temor caminar”, asegura.
En los años de atender en la Lido, ha conocido a muchas personas. Recuerda que hubo una época en la que miraba llegar a la sala de cine al ex presidente Juan José Arévalo. “Venía por las tardes, solo, sin guardaespaldas, al terminar la función se iba, nunca entró a la cafetería. Pero si la gente lo saludaba, respondía de forma muy amable”, cuenta.
Al pasar el tiempo, el cine Lido cerró. La sala de funciones se convirtió en locales comerciales; la cafetería amplió su espacio con un sótano, que antes era una bodega, habilitado con más mesas para los clientes, es allí en donde doña Fina atiende de lunes a viernes, de 8 a 16 horas, a sus acostumbrados comensales y a aquellos que por primera vez llegan.
De todas las personas que ha atendido, que son de varias generaciones, muchas se han jubilado, otras han fallecido y algunas más han cambiando de trabajo, porque unas empresas han cerrado. Sólo una vez se ha sentido triste, fue cuando unos individuos dijeron que alguien mayor no podía atender bien, debían contratar a más jóvenes. Sin embargo, quienes la conocemos sabemos que doña Fina atenderá con una sonrisa, y como ella siempre despide a sus clientes: “Mañana será otro día y lo voy a atender mejor”.

(JS)

La vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y heroicos. Cuéntenos la suya.
Envíela a revistad@prensalibre.com.gt o por correo a 13 calle 9-31 zona 1, 9o. piso.


   

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com