Semanario de Prensa Libre • No. 227 • 9 de Noviembre de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En tercera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D gastronomía
   > D portafolio
   > D artesanías
   > D fondo
   > D tecnología
   > D mundo
   > D recomendación
   > D farandula
   > D viaje
   > D Punto final

 


D recomendación

Fotografía
A todo vapor

Los artistas de la imagen Érick Velásquez, Jorge Chavarría y Fabricio Domínguez, los tres guatemaltecos, unen su talento en la exposición Fotografías a todo vapor.
Lugar: Museo del Ferrocarril (9a. avenida 18-03, zona 1).
Fecha: Todo noviembre.
Admisión gratuita.



PRESTO NON TROPPO
Navidad en octubre

Por Paulo Alvarado

El otro día, a la espera del ascensor en un edificio, con cierto espanto, comprobé que la música que sonaba en el pasillo era Frosty the Snowman. Un villancico navideño, dos meses antes de Navidad. Hablamos todavía de octubre. Ni siquiera se había salido del Halloween y los adornos naranja con negro.

Hay quienes exageran aún más. El año pasado, escuché un Jingle Bells en septiembre, en un local que todavía lucía el decorado azul y blanco de nuestras fiestas patrias. Ni qué decir de una cadena de tiendas que solía poner árboles navideños a la venta en agosto —para el consumo de visitantes salvadoreños—, con todo y una serie de lucecitas titilantes al ritmo de Joy to the World. Solo faltaría que a alguno se le ocurriese celebrar el día del padre... el padre Noël, ya desde junio. Y así, ad nauseam.

Ojo. Me gusta celebrar la Nochebuena. No me he convertido —y confío en no convertirme— en uno de ésos que blanden cualquier excusa para despotricar contra las conmemoraciones cíclicas, que son tradiciones importadas, que todo es negocio de comerciantes, que dónde quedó “lo espiritual”, que el fin de año es “triste”, que igual no alcanza el aguinaldo, que se come y se bebe y se gasta demasiado. Reconozco la vigencia de lo ritual y de los significantes, como las formas concretas que los seres humanos usamos para marcar momentos que nos parecen valiosos. No voy a amargarme por un mal recuerdo, ni tengo paciencia para los que adoptan la pose de quienes se creen por encima de “esas nimiedades”.

Las preguntas son mucho más simples e ingenuas. ¿Qué pasa con los otros 364 días que, sin ser bisiesto, tiene cada año? ¿Por qué no podemos mantener el espíritu de esta temporada a lo largo de toda nuestra existencia? ¿Por qué somos incapaces de celebrar la vida, en lugar de afanarnos por las cosas más estúpidas, sin invocar razones extraordinarias, sobrenaturales e insólitas, no importa si es en octubre o noviembre, o cuando sea? ¿Por qué esperamos a que suene Noche de paz para adoptar una actitud “pacífica” durante dos días de diciembre?


presto_non_troppo@yahoo.com



   

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com