Semanario de Prensa Libre • No. 223 • 12 de Octubre de 2008

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En tercera persona

“Mi trabajo es artesanal”
Hace que luzca bien cada pieza restaurada

Imagen
Foto Prensa Libre: Carlos Sebastián

Jorge Rodríguez es restaurador. Repara aquellas cosas que, por el pasar del tiempo, han tenido algún deterioro. Dice que empezó con ese gusto desde pequeño. Su padre era sastre, pero fabricaba cosas especiales, como un Nacimiento con movimiento. “Pienso haber aprendido, por herencia, a darle características especiales a las cosas para que se vean bonitas. Cuando mi papá me entregó un trozo de yeso y me pidió darle forma, elaboré un castillo”, cuenta. No siguió el oficio de su progenitor, sino que se decidió a ser pintor de brocha gorda. Sin embargo, es una persona que busca que los objetos luzcan siempre en buen estado, por un buen tratamiento o reparo. Eso lo llevó a estudiar un diplomado en restauración de edificios coloniales, impartido por la embajada de Perú. Desde entonces, se ha dedicado a la restauración del patrimonio cultural —muebles, esculturas, fotografías, pinturas—, pero siempre bajo la supervisión de un especialista .

Labora en la Biblioteca Nacional, en donde hay más de 300 muebles por reparar, pero muchos de ellos esperarán hasta el próximo año, porque no hay presupuesto para hacerlo en estos meses. Rodríguez muestra, con satisfacción, parte de lo que ha hecho; tiene fotografías de piezas que revelan cómo eran, y cómo quedaron, como unas sillas de 1948. De forma minuciosa y con la explicación de cada paso, esos informes son aprobados por las autoridades de la entidad.

Rodríguez lamenta que en el país no se posea una cultura de conservación. Objetos deteriorados se desechan o no se les da el mantenimiento adecuado para que perduren. Además, las personas no los cuidan, muestra por ejemplo, cómo una mesa grande de madera fina, que años atrás servía para leer libros de gran tamaño, que se encuentra en el recibidor de la Biblioteca, ha sido dañada por quienes llegan al lugar, al escribir textos como “te amo Laura” o “aquí estoy Hugo”. “Necesitaría lijarla, pulirla y barnizarla, aunque muchas incisiones son muy profundas”, agrega.

A sus 60 años, Jorge busca perpetuar aquellos objetos que son parte de la historia de Guatemala, para que sean admirados por futuras generaciones.

(JS)

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