Ensayo sobre una decadencia
“Muchos libros han tratado
de abordar estas cuestiones,
algunos desde la izquierda,
y otros desde la
derecha, y todos de forma
parcial, enfocando tal o cual
aspecto. Pero en este nuevo
milenio ninguno, que yo sepa,
las había abordado desde
una postura coherentemente
liberal. (...) Fiel al espíritu
de su autor, Estados Unidos
contra Estados Unidos tiene
muchas dimensiones: el texto
delata al mismo tiempo al
profesor, al investigador, al
economista, al periodista y,
en general, al humanista que
es Benegas Lynch. Pero tiene
una dimensión adicional,
que quizá convendría llamar
sentimental. Es la condolencia
de un enamorado de Estados
Unidos por la decadencia
paulatina, aunque no
irreversible, del legado liberal
de quienes erigieron la
república estadounidense
en el siglo XVIII” ( Álvaro
Vargas Llosa).
“Es verdad que el autor
no deja en la Casa Blanca
títere con cabeza, fustigando
abusos y arbitrariedades,
pero no estamos ante el clásico
antiamericanismo sino,
en realidad, ante lo que podríamos
calificar como su
opuesto, porque el objetivo
de Benegas Lynch no es atacar
a Estados Unidos sino
defender la libertad. Y es
precisamente el alejamiento
de la tradición republicana y
la consiguiente pérdida de la
libertad lo que denuncia,
desde la vigilancia a los ciudadanos,
a los que se trata
como delincuentes, hasta
una política exterior de
abierta colaboración con los
regímenes dictatoriales. (...)
El autor no invita a dejar
atrás toda esperanza sino al
revés: a conjeturar un futuro
distinto” (Carlos Rodríguez
Braun).
Estados Unidos contra
Estados
Unidos. Alberto
Benegas
Lynch. Editorial
del Fondo
de Cultura Económica.
420
páginas.
PRESTO NON TROPPO
La Sinfónica de Xalapa
II
En el segundo recital de la Orquesta Sinfónica de
Xalapa, que tuvo lugar en la Sala Efraín Recinos del
Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, hace poco más
de tres semanas, no solo apreciamos, de nuevo, a una
agrupación de gran nivel, sino también una regia demostración
de todas sus posibilidades sonoras.
De hecho, el conjunto lució más vital que la noche
anterior, en parte, debido al repertorio escogido para
esta función, que abrió con la suite Veracruz , del mexicano
Mateo Oliva. Pese a la estructura de popurrí y la
poca sustancia de la pieza, sirvió para animar tanto a los
oyentes como a la propia orquesta, antes del primer
culmen de la noche, de un Concierto para Violín y
Orquesta de Tchaikovsky. Obra brillante y de virtuosismo
talento fue la ejecución impecablemente acometida
por el solista Manuel Ramos, quien tuvo el
mérito adicional de no quedarse en el despliegue de
acrobacias técnicas, sino de comprender la musicalidad
de una de las composiciones señeras para su instrumento.
Y como magnífico apogeo de esta gira, la suite
Cuadros de una Exposición, de Mussorgsky. De una
originalidad desbordante desde su versión original para
piano solo (que data de 1874), este célebre arreglo
orquestal de Ravel (de 1922) traslada la viva imaginación
de dicha partitura a la sonoridad del siglo XX, y qué
mejor que escucharla en una interpretación, a la vez tan
radiante y bien asentada, como la que ofreció la Sinfónica
de Xalapa, con el empleo de los recursos tímbricos
y afinación excelentes.
Por último, aunque no por ello de menor importancia,
es digna de elogio la ejemplar actuación del maestro
Fernando Lozano, quien dirigió estos conciertos sin
aspavientos, con una lectura justa y atención al detalle.
En verdad agradable fue la experiencia de haber escuchado
a una orquesta latinoamericana que, bajo su
batuta, evidenció su capacidad y actuó sin complejos.
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