Carmina Burana
El soberbio hechizo de aquellos cantos medievales que
hoy son interpretados por los mejores coros del mundo.
por juan carlos lemus
No podemos imaginar, a cabalidad,
la oscuridad reinante durante los
siglos cuando el mundo occidental
sufrió esa demoledora mortificación
llamada Inquisición,
comprendida dentro de la Edad Media, período
ubicado entre los siglos V y el XV.
Creativos a la hora de inventar castigos
contra los herejes y demás pecadores, los
inquisidores emplearon hierros para atornillar
dedos y ruedas de carreta para destripar
cuerpos, además de sillas con clavos, sarcófagos
y cadenas.
Algunos de esos instrumentos son expuestos,
en la actualidad, en los Museos Medievales
del Crimen (o de la Inquisición), en
países como Alemania, Colombia o Perú.
En aquellos tiempos, si una mujer era
acusada de practicar la brujería podía terminar
en la hoguera. Además, fueron sacrificados
epilépticos, enfermos mentales,
adúlteras y hasta los cornudos . La humillación
era cruel y pública. Para los mentirosos había
máscaras de metal de la que sobresalía una
lengua larga. Los panaderos que no pesaban
honradamente el pan eran enjaulados y sumergidos
entre un pozo, una vez por cada 16.6
gramos menos que hubieran robado.
Bolas de acero, potros de madera, la Dama
de Hierro (el famoso sarcófago vertical con
forma de mujer) en cuyo interior, lleno de
púas, metían a las mujeres acusadas de tener
una vida desordenada.
Si a los condenados por pecados mayores
les esperaba la hoguera, el patíbulo o la amputación
de algún miembro, a otros les tocaba
sufrir largo tiempo sentados sobre sillas con
de clavos. Hasta los músicos que no habían
hecho un buen papel eran castigados: para
éstos existía un grillete con forma de flauta o
de trompeta, según el caso, que debían mantener
enroscado al cuello durante horas.
En las calles, los enjaulados o los presos
entre cepos recibían escupitajos, burlas y cosquillas
en los pies por parte de los niños, y
hasta lamidas de los perros.
Luego de dar ese vistazo, ahora podemos
imaginar el atrevimiento que tuvieron quienes
cantaban, en secreto, líneas como éstas: “El
amor vuela por todos lados/ y es capturado
por el deseo./ Jóvenes, hombres y mujeres,/
copulad merecidamente”.
Cantos sacrílegos, elogios al placer carnal
entonados por viejos curas que se deleitaban
con la virginidad que les hubiera obsequiado
alguna muchacha: “Oh, oh, oh, siento que rejuvenezco.
Ardo por el amor de una virgen; muero
por un nuevo amor”, (traducción libre, Canto 22).
Pero también eran cantados por alegres y blasfemos parroquianos comunes y corrientes.
Anónimos, naturalmente, los cantos se oían
en rincones prohibidos de la ciudad alemana
de Beuern. En latín, esta ciudad recibe el
nombre “de Bura”, por lo que tales cantos
profanos fueron conocidos como Canciones de
Beuern, esto es, Canciones de Burana (Carmina
Burana ). Se sabe que fueron escritos durante
los siglos XII y XIII, y que fueron descubiertos,
en 1803, por Johann von Aretin, en la abadía de
Sancti Benedicti, en Baviera. Muchos fueron
destruidos por la Iglesia, pero otros se conservaron,
lo que fue aprovechado por el alemán
Carl Orff (Múnich 1895-1982), quien les
puso música y los estrenó en 1938. Desde
entonces, son interpretados por los mejores
coros y orquestas del mundo. Además, en la
actualidad, se han hecho versiones para rock o
para música pop. Michael Jackson, por ejemplo,
empleó Oh Fortuna (el primero de los 25
cantos que componen los Carmina Burana) como la música a su Brace Yourself y al principio
de su gira mundial Dangerous.
¿Por qué
tanto escándalo?
Escritos en latín y en
alemán antiguo, inician
con un canto a la Fortuna,
“emperatriz del mundo”,
que es la buena y la mala
suerte que acompaña al
ser humano a lo largo de
su vida. Esto significa que
el destino está regido por
la suerte (no por Dios) y
que puede ser monstruoso,
pero también generoso.
La vida del hombre es
un viaje circular, tal como
sucede en la naturaleza
con las estaciones. El canto
a la primavera está impregnado
de perfume, de
amor, del gorjeo de los
pájaros y de la sonrisa de
las flores. Las mujeres, según
se ve, vuelven a ser
vírgenes cada verano.
Cuando el Sol sonríe,
el pueblo está feliz. Cantan
sobre una primavera
que se amamanta “de
los pechos del verano” y aquellos que no
disfrutan de los placeres, son “almas miserables”. El consejo es claro: “¡Haced el
amor muchachos y muchachas adorables! El
amor os hace intrépidos y os permite ser
muy honorables” (Canto 8); la voz de una
mujer, remata: “¡Miradme, muchachos y
dejadme complaceros! ¡Bienvenido, Mundo,
tú que estás tan lleno de alegrías! Yo
seré tu esclava”.
El desenfado y la postura anticlerical
de estos cantos es de raíz profunda. Su
atrevimiento es extraordinario puesto
que procede de un mundo aterrado por
la oscuridad y la culpa. Si el sexo, en
este caso, es una parte medular de la
rebeldía, no lo es menos la embriaguez
en la que un jubiloso beodo salmodia:
“ardo por dentro”, “soy indómito”, “quienes son
como yo, son perversos”, “estoy sumergido en la
depravación, sin virtudes, ávido de placer”, “estoy
muerto en espíritu” (Canto 11).
O como el abad de Cucaniensis, quien en un
concilio para bebedores los exhorta
a que sean fieles a Decius
(emperador romano que en el
año 250 reprimió duramente el
cristianismo), y en donde los
hombres libres se empinan 13
tragos a la salud del Papa y del
Rey. “Seiscientas monedas son
muy pocas para que alcancen,
cuando están desenfrenados”
(Canto 14).
La belleza de estos trazos radica,
precisamente, en su rebeldía,
en su composición musical y en
su apostasía anticlerical que suena
tan soberbia como dulce, y es todo
un equivalente de la antipoesía que
aparece hasta el siglo XX.
Pero aún hay más: las voces
corales son semejantes a los cantos
sagrados. La devoción con la
que se interpretan recuerdan las
vibraciones espirituales con que
los cristianos cantan a la Virgen
o los sacerdotes de una abadía
rezan un rosario cantado. Si las
letras son rebeldes, la entonación
es una emulación de lo sagrado,
pero con contenidos hondamente profanos:
“¡Dulcísima, me entrego por entero a ti!”
“Salve, hermosísima, gema preciosa, salve, gloria
de las doncellas, gloriosa doncella, salve, luz del
mundo, salve, rosa del mundo, Blancaflor y
Helena, ¡Venus generosa!” (cantos 23 y 24). No
es, precisamente, según se aprecia, un Salve
Regina sino la exaltación erótica hacia Venus. La
indocilidad es total. La desobediencia es fulminante.
La pasión por los Carmina Burana
cruza los siglos.
A pesar de la secular censura, hoy
día son interpretados tanto en las más opulentas
salas diseñadas para la música académica como en
estadios ahogados en rock . Las ediciones en discos
compactos están al alcance de la mano.
A pesar de todo, y paradójicamente, pocos
rebeldes conocen el contenido de estos anti
devocionarios.
- Michael Jackson utilizó Oh
Fortuna como la música de su
Brace Yourself al principio de su
Dangerous World Tour; al igual
que Ozzy Osbourne en uno de
sus espectáculos en vivo.
- Ray Manzarek, el tecladista
de The Doors, grabó toda la obra
de Orff con arreglos rockeros .
- La banda alemana Corvus Corax
compuso, en el 2005, una
ópera basada en el manuscrito
original.
- El grupo alemán In Extremo
hizo una versión del tema Omnia
Sol Temperat en su álbum Sünder
ohne Zügel.
- Apoptygma Berzerk, de Noruega,
utilizó Oh Fortuna en su
tema Love Never Dies.
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