Semanario de Prensa Libre • No. 224 • 19 de Octubre de 2008

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D cultura

Carmina Burana
El soberbio hechizo de aquellos cantos medievales que hoy son interpretados por los mejores coros del mundo.

por juan carlos lemus

No podemos imaginar, a cabalidad, la oscuridad reinante durante los siglos cuando el mundo occidental sufrió esa demoledora mortificación llamada Inquisición, comprendida dentro de la Edad Media, período ubicado entre los siglos V y el XV.

Creativos a la hora de inventar castigos contra los herejes y demás pecadores, los inquisidores emplearon hierros para atornillar dedos y ruedas de carreta para destripar cuerpos, además de sillas con clavos, sarcófagos y cadenas.

Algunos de esos instrumentos son expuestos, en la actualidad, en los Museos Medievales del Crimen (o de la Inquisición), en países como Alemania, Colombia o Perú.

En aquellos tiempos, si una mujer era acusada de practicar la brujería podía terminar en la hoguera. Además, fueron sacrificados epilépticos, enfermos mentales, adúlteras y hasta los cornudos . La humillación era cruel y pública. Para los mentirosos había máscaras de metal de la que sobresalía una lengua larga. Los panaderos que no pesaban honradamente el pan eran enjaulados y sumergidos entre un pozo, una vez por cada 16.6 gramos menos que hubieran robado.

Bolas de acero, potros de madera, la Dama de Hierro (el famoso sarcófago vertical con forma de mujer) en cuyo interior, lleno de púas, metían a las mujeres acusadas de tener una vida desordenada.

Si a los condenados por pecados mayores les esperaba la hoguera, el patíbulo o la amputación de algún miembro, a otros les tocaba sufrir largo tiempo sentados sobre sillas con de clavos. Hasta los músicos que no habían hecho un buen papel eran castigados: para éstos existía un grillete con forma de flauta o de trompeta, según el caso, que debían mantener enroscado al cuello durante horas.

En las calles, los enjaulados o los presos entre cepos recibían escupitajos, burlas y cosquillas en los pies por parte de los niños, y hasta lamidas de los perros.

Luego de dar ese vistazo, ahora podemos imaginar el atrevimiento que tuvieron quienes cantaban, en secreto, líneas como éstas: “El amor vuela por todos lados/ y es capturado por el deseo./ Jóvenes, hombres y mujeres,/ copulad merecidamente”.

Cantos sacrílegos, elogios al placer carnal entonados por viejos curas que se deleitaban con la virginidad que les hubiera obsequiado alguna muchacha: “Oh, oh, oh, siento que rejuvenezco. Ardo por el amor de una virgen; muero por un nuevo amor”, (traducción libre, Canto 22). Pero también eran cantados por alegres y blasfemos parroquianos comunes y corrientes.

Anónimos, naturalmente, los cantos se oían en rincones prohibidos de la ciudad alemana de Beuern. En latín, esta ciudad recibe el nombre “de Bura”, por lo que tales cantos profanos fueron conocidos como Canciones de Beuern, esto es, Canciones de Burana (Carmina Burana ). Se sabe que fueron escritos durante los siglos XII y XIII, y que fueron descubiertos, en 1803, por Johann von Aretin, en la abadía de Sancti Benedicti, en Baviera. Muchos fueron destruidos por la Iglesia, pero otros se conservaron, lo que fue aprovechado por el alemán Carl Orff (Múnich 1895-1982), quien les puso música y los estrenó en 1938. Desde entonces, son interpretados por los mejores coros y orquestas del mundo. Además, en la actualidad, se han hecho versiones para rock o para música pop. Michael Jackson, por ejemplo, empleó Oh Fortuna (el primero de los 25 cantos que componen los Carmina Burana) como la música a su Brace Yourself y al principio de su gira mundial Dangerous.

¿Por qué tanto escándalo?

Escritos en latín y en alemán antiguo, inician con un canto a la Fortuna, “emperatriz del mundo”, que es la buena y la mala suerte que acompaña al ser humano a lo largo de su vida. Esto significa que el destino está regido por la suerte (no por Dios) y que puede ser monstruoso, pero también generoso. La vida del hombre es un viaje circular, tal como sucede en la naturaleza con las estaciones. El canto a la primavera está impregnado de perfume, de amor, del gorjeo de los pájaros y de la sonrisa de las flores. Las mujeres, según se ve, vuelven a ser vírgenes cada verano.

Cuando el Sol sonríe, el pueblo está feliz. Cantan sobre una primavera que se amamanta “de los pechos del verano” y aquellos que no disfrutan de los placeres, son “almas miserables”. El consejo es claro: “¡Haced el amor muchachos y muchachas adorables! El amor os hace intrépidos y os permite ser muy honorables” (Canto 8); la voz de una mujer, remata: “¡Miradme, muchachos y dejadme complaceros! ¡Bienvenido, Mundo, tú que estás tan lleno de alegrías! Yo seré tu esclava”.

El desenfado y la postura anticlerical de estos cantos es de raíz profunda. Su atrevimiento es extraordinario puesto que procede de un mundo aterrado por la oscuridad y la culpa. Si el sexo, en este caso, es una parte medular de la rebeldía, no lo es menos la embriaguez en la que un jubiloso beodo salmodia: “ardo por dentro”, “soy indómito”, “quienes son como yo, son perversos”, “estoy sumergido en la depravación, sin virtudes, ávido de placer”, “estoy muerto en espíritu” (Canto 11).

O como el abad de Cucaniensis, quien en un concilio para bebedores los exhorta a que sean fieles a Decius (emperador romano que en el año 250 reprimió duramente el cristianismo), y en donde los hombres libres se empinan 13 tragos a la salud del Papa y del Rey. “Seiscientas monedas son muy pocas para que alcancen, cuando están desenfrenados” (Canto 14).

La belleza de estos trazos radica, precisamente, en su rebeldía, en su composición musical y en su apostasía anticlerical que suena tan soberbia como dulce, y es todo un equivalente de la antipoesía que aparece hasta el siglo XX.

Pero aún hay más: las voces corales son semejantes a los cantos sagrados. La devoción con la que se interpretan recuerdan las vibraciones espirituales con que los cristianos cantan a la Virgen o los sacerdotes de una abadía rezan un rosario cantado. Si las letras son rebeldes, la entonación es una emulación de lo sagrado, pero con contenidos hondamente profanos: “¡Dulcísima, me entrego por entero a ti!” “Salve, hermosísima, gema preciosa, salve, gloria de las doncellas, gloriosa doncella, salve, luz del mundo, salve, rosa del mundo, Blancaflor y Helena, ¡Venus generosa!” (cantos 23 y 24). No es, precisamente, según se aprecia, un Salve Regina sino la exaltación erótica hacia Venus. La indocilidad es total. La desobediencia es fulminante. La pasión por los Carmina Burana cruza los siglos.

A pesar de la secular censura, hoy día son interpretados tanto en las más opulentas salas diseñadas para la música académica como en estadios ahogados en rock . Las ediciones en discos compactos están al alcance de la mano. A pesar de todo, y paradójicamente, pocos rebeldes conocen el contenido de estos anti devocionarios.

  • Michael Jackson utilizó Oh Fortuna como la música de su Brace Yourself al principio de su Dangerous World Tour; al igual que Ozzy Osbourne en uno de sus espectáculos en vivo.
  • Ray Manzarek, el tecladista de The Doors, grabó toda la obra de Orff con arreglos rockeros .
  • La banda alemana Corvus Corax compuso, en el 2005, una ópera basada en el manuscrito original.
  • El grupo alemán In Extremo hizo una versión del tema Omnia Sol Temperat en su álbum Sünder ohne Zügel.
  • Apoptygma Berzerk, de Noruega, utilizó Oh Fortuna en su tema Love Never Dies.

 

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