Oswaldo el combatiente
Formó parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y combatió en las selvas de Petén durante 16 años.
por francisco mauricio marintez
fotos: carlos sebastian

El nombre del psicólogo social
Marco Antonio Garavito,
quizá sea conocido
para un grueso de la población,
por sus análisis de
salud mental que aparecen en los
medios de comunicación. Lo que
muy pocos saben es que durante
poco más de 16 años formó parte de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR), de los cuales seis combatió
en las selvas de Petén con el
seudónimo de Oswaldo . Al momento
de renunciar a la guerrilla, en
1986, integraba, junto a los comandantes
Pablo Monsanto, Nicolás y
María , la cúpula de dicha facción
g uerrillera.
A continuación, un extracto de su
vida revolucionaria, y una exposición
propia de sus temores, depresiones
y autoterapias.
¿Por qué eligió el mundo de la
salud mental?
Tiene que ver con mí formación,
pues soy güifa (estudiante de la
Escuela Normal para Varones), donde
me gradué de maestro. Allí me
nació esa preocupación, porque se
dio en el contexto de una sociedad
en proceso revolucionario, en la década
de 1960.
En ese tiempo, la Escuela Normal
era un centro muy activo, en cuanto
a pensamientos nuevos, lo cual ocasionó
que desde muy temprano me
vinculara con el movimiento revolucionario,
junto a otros compañeros.
Esa militancia, más allá de lo
político, era un sueño profundamente
humano, que partía del ideal de un
cambio en la sociedad, y eso pasaba
por el concepto de salud mental.
¿Cuántos años estuvo dentro
de la guerrilla?
Poco más de 16, y de eso seis en la
montaña. En 1986, ya había una discusión
muy fuerte dentro del movimiento,
ya que algunos estábamos
muy claros de que el proyecto de
guerra había terminado por lo que
había que trabajar alrededor de la
lucha política, pero eso, a la luz de
las concepciones de los comandantes,
no pasaba. Eso me lleva a que el
24 de octubre de 1986 —siendo
miembro de la Dirección Nacional
de las FAR, junto a Pablo Monsanto,
María y Nicolás — renuncié al proyecto, lo cual no significaba que me
quedara fuera de la Revolución,
porque la guerra era un concepto
temporal, pero la misma, entendida
como la necesidad de una sociedad
nueva, se podía alcanzar desde otras
vías y concepciones, en eso continuamos.
Vida académica y social
- Nació en Purulhá, Baja Verapaz.
- Es maestro de Educación Primaria, graduado en la Escuela Normal Central para
Varones.
- Licenciado en Psicología por la Universidad de San Carlos (Usac).
- Cerró currículum de esta carrera en 1976, y debido a su militancia política se
graduó 24 años después.
- Máster en Psicología Social y Violencia Política
- Director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental
- Profesor de Antropología Socio-cultural, en la Escuela de Psicología, la cual
pretende se convierta en Facultad en la Usac.
- Desde hace 10 años, es coordinador del Programa de búsqueda y reencuentro
de niñez desaparecida durante la guerra en Guatemala.
- Profesor del Centro Universitario de Oriente, en Chiquimula. (1978-1980).
¿Cómo sobrevivió al retirarse?
Aunque ese proyecto terminaba,
no suponía que el de mi vida acabara,
por lo que había que reorientarlo,
y durante los primeros
dos años me dediqué a criar pollos.
Desde luego fue difícil iniciar, porque
jamás había criado estos animales,
pero aprendí mucho,
porque había que comer.
¿En qué región combatió?
Básicamente, en Petén, y lo que
más recuerdo es la convicción de
los campesinos por una vida mejor,
por lo que se integraban al movimiento.
Ahora me pregunto cómo
era posible que uno sobreviviera
con una bola de masa, que ni siquiera
era tamal, y que muchas
veces era el alimento que debía
durar todo el día. La selva no tiene
paredes ni cercos, pero es una gran
cárcel que cuando uno recién llega
genera profundos estados de soledad
y depresión, y que cuando
uno aprende a dominarla y quererla
es distinto. Recuerdo épocas larguísimas
de lluvia, con pocas carpas
y mudadas de ropa, esa era la parte
más terrible; sin embargo, se asume
como lo más natural.
Después de todo eso que vivió,
¿cómo está su salud mental?
Yo digo que bien, aunque habría
que ver (risas). Después de esa vida,
creo que bastante estable comparativamente,
porque conozco compañeros
de esa etapa que se sienten
terriblemente frustrados por lo que
vivieron y por el tiempo que le
dedicaron a la guerra, que, al final,
no se ganó. Reencausar mi vida me
ha dado muchas satisfacciones en el
sentido personal, entonces, siento
que estoy bien.
¿Siente algunos temores?
El temor a la traición y la lealtad. Yo
no sé si sea temor, pero una preocupación
muy fuerte, personalmente,
es al fracaso; no soy perfeccionista, ni
compulsivo, pero sí me preocupa hacer
bien las cosas, creo que es una de
mis características. No me doy mucho
el lujo de fracasar.
¿Y sus debilidades?
Tal vez soy muy solitario. A pesar
de que trabajo con mucha gente, mi
vínculo social no es muy profundo y,
quizá, se deba a que tuve un proceso de
vida en el que logré dominar una
timidez muy fuerte. Pocos me lo creen,
pero de patojo era muy tímido, cuando
llegaban visitas a mi casa, me escondía,
y esa es mi esencia, porque aún disfruto
muchísimo la soledad. Eso, a
veces, es una debilidad, porque no
permite expander mucho las relaciones
sociales, que son necesarias para la
vida. Entre ir a parrandear, salir con los
cuates y ver televisión, prefiero lo
último. Otra debilidad, desde esa personalidad
introvertida, podría ser la
frialdad emocional, porque me controlo
mucho.
¿Se reprime algunas emociones?
A partir de la misma timidez, no soy
dado a ser muy expresivo, y una de las
cualidades del ser humano es la capacidad
de comunicar y sentir, y ahí
tengo limitaciones, lo cual me afecta, porque,
en comparación con otras personas,
uno dice: qué rico sería ser expresivo y
darse. Como que tengo una área de mi vida
que siempre debo tener para mí bajo
control.
¿A sentido la necesidad de visitar
un psicólogo?
No, pero sí de encontrar en ese ámbito
de relaciones limitadas de amistades,
hablar muy claramente de todo,
porque, al final, creo que el trabajo de la
salud mental no es privativo de los
psicólogos, sino de la relación humana,
la cual puede ser con un amigo, familiar,
un cura o un pastor. En ellos uno encuentra
un verdadero apoyo emocional.
Ahora, si hablamos de males emocionales
fuertes, entonces se necesita
un especialista, pero en la problemática
cotidiana la relación humana es lo
que más resuelve.
¿Cuál es su mejor terapia para
sentirse bien?
Tiene que ver con una reflexión
diaria de lo que he hecho, dejado de
hacer y qué tengo que hacer, lo cual
hago antes de acostarme, porque no me
duermo temprano. Como vivo en la
Antigua, el viaje me sirve de terapia, ya
que aprovecho el momento para pensar,
de tal manera que cuando llego al
punto, ya llevo una idea clara de lo que
debo hacer.
¿Ha vivido estados depresivos?
Sí, claro, por ejemplo, durante mi
época en la montaña, tuve períodos
muy duros de depresión, ya que dejé a
mi esposa y a mi hijo, que en ese
entonces tenía tres años, y volví a vivir
con él cuando ya tenía 12. Todo eso
tenía un costo y una carga emocional
fuerte, porque uno no es de palo, y esos
fenómenos de tristeza, melancolía y
depresión, desde luego que los he vivido.
Hoy, no tanto, porque los procesos
familiares y la vida en la ciudad
lo que generan es estrés cotidiano,
debido a que vivimos en un ambiente
demandante.
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“La selva no tiene paredes
ni cercos, pero
es una gran cárcel”. |
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