En memoria de Luis y Rosario
La tormenta Stan se los llevó, como a miles más

Foto Prensa Libre: Pedro Xeché
El 5 de octubre de hace tres años, en
Santiago Atitlán, el municipio donde
vivo, aconteció una de las grandes
tragedias de su historia, cuando el cantón
Panabaj quedó soterrado por el
paso de la tormenta Stan . Otros de los
cantones afectados fueron Tzanchaj,
Pachichaj y Ch’uul.
En esta oportunidad, quiero compartir,
en pocas palabras, lo que sucedió
el día del desastre, una fecha que
para mí se define como amarga, triste,
desolada, de llanto y grito. Un día gris
en el que las voces quedaron en silencio.
Yo laboraba en la escuela de
Panabaj como maestro de segundo grado
primaria, tenía a 31 alumnos a mi
cargo. Antes de la tragedia, cantaba con
ellos, bailábamos, reíamos, inclusive,
gritábamos de emoción. Además, la
escuela efectuó una actividad estupenda
para celebrar el Día del Niño, y al
final de ésta, a cada alumno se le dio
almuerzo, pero sin tener la menor idea
de lo que iba a suceder. Un día antes de
la tragedia, decidimos suspender clases,
porque la lluvia no cesaba y, cada
vez, tomaba más fuerza. Las correntadas
eran muy grandes, por lo que
regresamos a los patojos a sus casas.
Al día siguiente (5 de octubre del
2005), muy de madrugada, mi familia
me dijo que las casas en Panabaj ya
estaban inundadas y muchas personas
huían. Me preocupé tanto que decidí ir
al cantón, pero lo que encontré fueron
las casas soterradas, incluso, la escuela;
grandes correntadas obstruyeron accesos,
trozos de árboles y piedras estaban
amontonadas por todos lados,
cuerpos humanos sin vida, y otros
moribundos; niños temblando de frío y
susto, personas que pedían auxilio y
cargaban sus pocas pertenencias. En
ese momento no contuve las lágrimas y
dije: “¡Dios mío, no puede ser!”
La historia vivida es larga. Yo sé que
muchos durmieron para siempre, y
otros aún siguen contando la tragedia.
Este pequeño relato lo escribo en memoria
de Luis y Rosario, mis dos
alumnos fallecidos en el desastre, y
por los niños de la escuela en general,
no cabe la menor duda de que
gozan en el Paraíso. Ahora, la escuela
funciona en una construcción
provisional.
(JS)
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
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