Viaje en el tiempo
Subimos al último modelo de
avioneta de la empresa
estadounidense Cirrus, que en
mayo abrió sede en Guatemala.

por ana martinez de zarate
No a todo el mundo
le gusta volar.
Sin embargo,
hay algunas
personas que se
sienten más cómodas entre
las nubes que con los pies en
la tierra. Hace mucho que se
rompieron las leyes de la
naturaleza y, ahora, es posible
recorrer, en pocas horas,
cada país de Centroamérica.
Ir por la mañana a El
Salvador; por la tarde, a Honduras,
y regresar a Guatemala,
en la noche, con una avioneta
privada.
El líder de ventas de este
tipo de transporte, durante
seis años consecutivos, es la
empresa estadounidense
Cirrus, que recientemente
instaló una sede en el país,
para abarcar todo el mercado
de centroamericano.
Solo ventajas
Se ahorra tiempo y se
disfruta de un paisaje espectacular,
aunque, hay que
reconocerlo, no está al alcance
de todos.
Abordamos la avioneta
Cirrus último modelo,
SR22-G3 Turbo, con capacidad
para cuatro personas,
sillones de cuero, bolsas de
aire incorporadas en cada
asiento, autonomía para cinco
horas de vuelo, y paracaídas
para el avión, “lo
que ya ha salvado 25 vidas”, destaca Jorge Rademann, representante
de Cirrus para
Centroamérica —desde mayo
de este año— y un apasionado
de las alturas.
Las puertas, que se abren
hacia arriba y facilitan la entrada,
nos recuerdan a aquella
película de Regreso al Futuro
con Michael J. Fox, en la
que imaginaban un mundo
en el que cada uno tenía su
avioneta, en vez de automóviles
que se guardaban en el
garaje de casa.
Una vez dentro, nos espera
el piloto suizo Peter
Steiger, con más de 50 años
de experiencia, otro apasionado
de los aviones. “Cada
día estoy en un país diferente,
y puedo ver los espectaculares
paisajes”, comenta.
Tenemos que utilizar
unos audífonos para poder
comunicarnos y, también,
para protegernos del terrible
ruido que hace el motor. En
La Aurora, en inglés, se autoriza
que despeguemos.
En el aire, observamos la
Ciudad de Guatemala y sus
municipios, dos mil 253 kilómetros
cuadrados que impresionan.
Desde arriba, se
ven los contrastes. Casitas
iguales, con jardines similares
en la entrada, que podían
estar en Europa o EE.
UU., edificios que sorprenderían
a cualquier turista,
pero también otros inmuebles,
por llamarlos de alguna
forma, al lado de barrancos,
que demuestran hasta qué
límites puede el ser humano
sobrevivir en la pobreza.
Ascendemos, y la niebla
comienza a aparecer, lo que
impide que podamos ver los
volcanes. En un momento, la
neblina oculta toda visión.
Solo blanco. “¿Ha tenido
miedo alguna vez?”, preguntamos
al piloto. “Nunca”,
contesta. “La niebla no es
peligrosa”, nos tranquiliza.
“Lo veo todo por esta pantalla”, explica. Es una de las
dos grandes que tiene la
avioneta, y que no para de
tocar el suizo. Las tormentas,
por el contrario, sí son
peligrosas, hasta para las líneas
comerciales, pero con un
sistema especial se localizan y
“se pueden evitar sobrevolándolas
o rodeándolas”, expresa.
De repente, otra vez el
Sol, que esta vez quema. Parece
como si nos acercáramos
a él. Pero, enseguida,
Steiger da la vuelta. En apenas
unos minutos, hemos recorrido
unos 50 kilómetros
hacia el suroeste.
Es normal que a tantas
personas les guste volar.
Además de Steiger y de Rademann,
nosotros empezamos
a sentir esa pasión.
- La empresa Cirrus fue
fundada en Minnesota, en
1984.
- En la actualidad, fabrican
cuatro aviones al día.
- El último modelo es el
SR22-G3 (2007).
- Alcanza una velocidad
de 219 KTAS (405 kms/h).
- Consumen 17.6 galones
por hora.
- Ascienden hasta un nivel
de vuelo de 25 mil
pies.
- En Guatemala se han
vendido tres avionetas,
mientras que en Honduras
y El Salvador, dos.
|