País misterioso
Irlanda, tierra de mitos y leyendas,
con su atmósfera envolvente, causa la
sensación de que se vive en un cuento
de hadas.

La escultura de Pomodoro, en la Trinity College, es muy atractiva para los turistas.
texto y fotos: ana martÍnez de zaratÉ
Poco queda de aquel país
muy pobre, triste y melancólico
que narraron
tantos escritores como
Joyce en Dubliness o Frank
McCourt en Las Cenizas de Ángela,
en el que sus habitantes no veían
otra opción que emigrar hacia Londres,
EE. UU., París o cualquier otra
parte del mundo, con tal de escapar
de la dura y claustrofóbica Irlanda.
En la actualidad, Dublín, y de hecho
todo el país, tras un período de
crecimiento que lo situó a la cabeza
de Europa, ofrece su mejor cara.
Importantes empresas internacionales
se encuentran en la capital
irlandesa. La última incorporación
es la de Facebook, que desde California
se muda a Dublín, y sigue los
pasos de Google, Ebay, Yahoo o
Amazon.
Los irlandeses, sin embargo, han
sabido conservar sus raíces, por lo
que convive una mezcla de modernidad
y tradición. Existe diversidad
para el turismo: montaña y mar, descanso
y diversión, deporte y cultura.
Amabilidad
Nada más aterrizar en el pequeño
y antiguo aeropuerto de
Dublín —que está en pleno proceso
de ampliación— se puede
apreciar que los autóctonos se
caracterizan por ser amables y
acogedores. Hasta tal punto que,
cuando en la calle Talbot, céntrica
vía de la metrópoli, por
ejemplo, alguien se detiene a mirar
un mapa, varias personas se
acercarán preocupados por si está
perdido o si tiene algún problema.
Afortunadamente, esta
ciudad, a pesar de ser de las
grandes capitales del Viejo Continente,
conserva el humanismo
propio de cualquier pueblo.
Además, los irlandeses tienen
la cualidad de la paciencia, porque
se esfuerzan por comunicarse
con el visitante no angloparlante.
Asimismo, la cantidad
de extranjeros, en especial, españoles,
italianos y brasileños,
harán que el foráneo no se sienta,
en absoluto, fuera de lugar. Eso
sí, si el deseo es practicar inglés o
aprenderlo, sería más recomendable
huir a algún pueblo de las
afueras o quizás otra ciudad irlandesa menos multicultural.
Universidad
Dublín merece, sin lugar a
dudas, una visita. De paso obligado
es la prestigiosa universidad
Trinity College, en el centro,
la más antigua de Irlanda,
fundada en 1601 y donde estudiaron
importantes talentos,
tanto del mundo artístico como
científico. Allí es fácil imaginarse
al autodidacta Isaac Newton
en la gigantesca y espectacular
Biblioteca, con más de
cuatro millones de títulos, investigando
durante horas y horas
sus futuros descubrimientos,
que impulsarían más tarde una
revolución científica. Orgulloso
estaría, sin duda, de que sea en la
actualidad una de las más grandes
del mundo, gracias al requisito
de mandar, de forma gratuita,
un ejemplar de cualquier
título que se publique en Reino
Unido e Irlanda. También, nos
podríamos figurar a un jovencísimo
Óscar Wilde descubriendo
a los autores griegos, lo que le
llevó a ganar un prestigioso premio
en dicha universidad. Y cómo
no, a un Samuel Beckett,
representando a Trinity College
en el críquet, lo que le hará ser el
único Premio Nóbel que aparece
en el Wisden Cricketers' Almanack,
considerado la “biblia ” del
críquet.
En la actualidad, muchos jóvenes
en bicicleta, provenientes
de todo el mundo, disfrutan de
un agradable paseo por sus jardines
o de un té en uno de los
bancos de piedra, mientras observan
la escultura Esfera dentro
de una esfera, obra que el artista
italiano Arnaldo Pomodoro
hizo en 1882.
Wicklow
Imprescindible es también el
llamado jardín de Irlanda, es
decir, el Parque Nacional de
Wicklow, a 16 kilómetros de la
capital, cuyas aproximadamente
20 mil hectáreas son tan espectaculares
que esta zona ha
sido elegida para filmar películas
de la talla de Excalibur ,
Braveheart y Michael Collins,
entre otras. Es ideal para caminar,
respirar aire puro, disfrutar
de sus lagos y de sentirte
parte de la historia al visitar
Glendalough, que en gaélico
significa “valle de los dos lagos”,
donde están los restos medievales
de un monasterio, un cementerio
y una torre, de 30 metros
de altura, fundados en el
siglo VI por el ermitaño Saint
Kevin, quien decidió recluirse
en esa zona. Posteriormente, se
unieron más personas y estuvieron
activos hasta el siglo
XVIII.
Malahide
Otros sitios de interés son los
pueblos de los alrededores de
Dublín, que están a escasos minutos,
en tren. Por ejemplo, Malahide
ofrece una belleza sin
igual, donde contrasta un azul
añil del mar con el verde de la
naturaleza. Allí se encuentra
uno de los castillos mejor conservados
de Irlanda, perteneciente
desde 1185 hasta 1976, con
la excepción de un período en el
siglo XVII, a la familia Talbot.
Temple Bar
No debería irse del país sin
disfrutar de una noche de fiesta,
una de las mejores de Europa. A
pesar de la gran cantidad de
pubs —se dice que son casi 900,
uno o dos en cada calle—, la
famosa zona donde está el Temple
Bar siempre se llena de tanta
gente que es común, pese al
clima fresco, que muchas personas
se queden en las calles
para observar a músicos callejeros,
charlando con amigos
y degustando la típica
“bebida negra”, la Guinness,
cuya fábrica también se puede
visitar.
Historia
- Tiene su origen en el
pueblo celta.
- Durante la hambruna
que padeció en 1845, debido
a una plaga (el escarabajo
de la papa), murieron
un millón de irlandeses,
y otro millón y medio
emigró.
- Su población actual asciende
a más de cuatro
millones.
- Se independizó del Reino
Unido en 1921, aunque
los seis estados que forman
el Ulster, aún pertenecen
a Gran Bretaña.
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