Semanario de Prensa Libre • No. 224 • 19 de Octubre de 2008

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D viaje

País misterioso
Irlanda, tierra de mitos y leyendas, con su atmósfera envolvente, causa la sensación de que se vive en un cuento de hadas.

Imagen
La escultura de Pomodoro, en la Trinity College, es muy atractiva para los turistas.

texto y fotos: ana martÍnez de zaratÉ

Poco queda de aquel país muy pobre, triste y melancólico que narraron tantos escritores como Joyce en Dubliness o Frank McCourt en Las Cenizas de Ángela, en el que sus habitantes no veían otra opción que emigrar hacia Londres, EE. UU., París o cualquier otra parte del mundo, con tal de escapar de la dura y claustrofóbica Irlanda. En la actualidad, Dublín, y de hecho todo el país, tras un período de crecimiento que lo situó a la cabeza de Europa, ofrece su mejor cara.

Importantes empresas internacionales se encuentran en la capital irlandesa. La última incorporación es la de Facebook, que desde California se muda a Dublín, y sigue los pasos de Google, Ebay, Yahoo o Amazon.

Los irlandeses, sin embargo, han sabido conservar sus raíces, por lo que convive una mezcla de modernidad y tradición. Existe diversidad para el turismo: montaña y mar, descanso y diversión, deporte y cultura.

Amabilidad

Nada más aterrizar en el pequeño y antiguo aeropuerto de Dublín —que está en pleno proceso de ampliación— se puede apreciar que los autóctonos se caracterizan por ser amables y acogedores. Hasta tal punto que, cuando en la calle Talbot, céntrica vía de la metrópoli, por ejemplo, alguien se detiene a mirar un mapa, varias personas se acercarán preocupados por si está perdido o si tiene algún problema. Afortunadamente, esta ciudad, a pesar de ser de las grandes capitales del Viejo Continente, conserva el humanismo propio de cualquier pueblo.

Además, los irlandeses tienen la cualidad de la paciencia, porque se esfuerzan por comunicarse con el visitante no angloparlante. Asimismo, la cantidad de extranjeros, en especial, españoles, italianos y brasileños, harán que el foráneo no se sienta, en absoluto, fuera de lugar. Eso sí, si el deseo es practicar inglés o aprenderlo, sería más recomendable huir a algún pueblo de las afueras o quizás otra ciudad irlandesa menos multicultural.

Universidad

Dublín merece, sin lugar a dudas, una visita. De paso obligado es la prestigiosa universidad Trinity College, en el centro, la más antigua de Irlanda, fundada en 1601 y donde estudiaron importantes talentos, tanto del mundo artístico como científico. Allí es fácil imaginarse al autodidacta Isaac Newton en la gigantesca y espectacular Biblioteca, con más de cuatro millones de títulos, investigando durante horas y horas sus futuros descubrimientos, que impulsarían más tarde una revolución científica. Orgulloso estaría, sin duda, de que sea en la actualidad una de las más grandes del mundo, gracias al requisito de mandar, de forma gratuita, un ejemplar de cualquier título que se publique en Reino Unido e Irlanda. También, nos podríamos figurar a un jovencísimo Óscar Wilde descubriendo a los autores griegos, lo que le llevó a ganar un prestigioso premio en dicha universidad. Y cómo no, a un Samuel Beckett, representando a Trinity College en el críquet, lo que le hará ser el único Premio Nóbel que aparece en el Wisden Cricketers' Almanack, considerado la “biblia ” del críquet.

En la actualidad, muchos jóvenes en bicicleta, provenientes de todo el mundo, disfrutan de un agradable paseo por sus jardines o de un té en uno de los bancos de piedra, mientras observan la escultura Esfera dentro de una esfera, obra que el artista italiano Arnaldo Pomodoro hizo en 1882.

Wicklow

Imprescindible es también el llamado jardín de Irlanda, es decir, el Parque Nacional de Wicklow, a 16 kilómetros de la capital, cuyas aproximadamente 20 mil hectáreas son tan espectaculares que esta zona ha sido elegida para filmar películas de la talla de Excalibur , Braveheart y Michael Collins, entre otras. Es ideal para caminar, respirar aire puro, disfrutar de sus lagos y de sentirte parte de la historia al visitar Glendalough, que en gaélico significa “valle de los dos lagos”, donde están los restos medievales de un monasterio, un cementerio y una torre, de 30 metros de altura, fundados en el siglo VI por el ermitaño Saint Kevin, quien decidió recluirse en esa zona. Posteriormente, se unieron más personas y estuvieron activos hasta el siglo XVIII.

Malahide

Otros sitios de interés son los pueblos de los alrededores de Dublín, que están a escasos minutos, en tren. Por ejemplo, Malahide ofrece una belleza sin igual, donde contrasta un azul añil del mar con el verde de la naturaleza. Allí se encuentra uno de los castillos mejor conservados de Irlanda, perteneciente desde 1185 hasta 1976, con la excepción de un período en el siglo XVII, a la familia Talbot.

Temple Bar

No debería irse del país sin disfrutar de una noche de fiesta, una de las mejores de Europa. A pesar de la gran cantidad de pubs —se dice que son casi 900, uno o dos en cada calle—, la famosa zona donde está el Temple Bar siempre se llena de tanta gente que es común, pese al clima fresco, que muchas personas se queden en las calles para observar a músicos callejeros, charlando con amigos y degustando la típica “bebida negra”, la Guinness, cuya fábrica también se puede visitar.

Historia

  • Tiene su origen en el pueblo celta.
  • Durante la hambruna que padeció en 1845, debido a una plaga (el escarabajo de la papa), murieron un millón de irlandeses, y otro millón y medio emigró.
  • Su población actual asciende a más de cuatro millones.
  • Se independizó del Reino Unido en 1921, aunque los seis estados que forman el Ulster, aún pertenecen a Gran Bretaña.

   

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