Una cuestión de piel
El racismo es una
materia pendiente en
Estados Unidos que, a
diferencia de otros
países más
xenófonos, ha hecho
numerosos esfuerzos
para desterrar.
POR ricardo trotti
El racismo es un componente subliminal,
pero dinámico de la cultura estadounidense.
Es un tema latente, en especial
por la posibilidad de que el país tendrá
su primer presidente afroamericano, y
afloró en la campaña republicana, aunque fue
rápidamente morigerado por el propio John
McCain.
En una actividad de caridad, el día después del
último debate, McCain insistió con su mensaje de
sepultar el racismo, al menos durante la campaña.
Felicitó a Barack Obama por hacer historia: “Hubo
un tiempo en que la mera invitación de un
afroamericano a cenar a la Casa Blanca se tomaba
con indignación y como un insulto”.
El éxito de Obama en la política es insoslayable.
Es el único afroamericano, entre cien
senadores de un Senado, que tuvo que sancionar
varias leyes para
desterrar, menos de
50 años atrás, la segregación
en el
transporte público y
en los barrios, y descolgar
los carteles de
Only whites de escuelas
y universidades,
baños y restaurantes.
Según encuestas,
Obama ya tendría un
pie en el umbral de la
Casa Blanca, pero pidió
prudencia. Sabe
que en política, como
en el futbol, hasta
el último minuto cuenta. Difícilmente habrá un
rebote económico que pudiera estabilizar el subibaja
de las bolsas o la catástrofe financiera, pero
la cordura se puede deber al temido efecto Tom
Bradley, un alcalde de Los Ángeles que, en 1982,
comandaba ampliamente las encuestas, pero que
al final perdió. La gente opinaba sin discriminar
por cuestión de piel, pero hizo lo opuesto en la
privacidad del cuarto oscuro.
Tal vez la prudencia de Obama es obsesiva.
Después de todo, el electorado está más maduro o
los jóvenes votantes primerizos no tienen los
prejuicios del ayer, lo que quedó demostrado al
derrotar a Hillary Clinton. Sabe, sin embargo, que
perderá votos por su color. Un sondeo de AP-Yahoo
News estableció que el 17 por ciento de los
blancos demócratas apoyará a McCain y sugiere
que, si Obama fuera blanco, tendría siete puntos
adicionales.
Obama no ganará por el voto negro, en realidad
insuficiente, sino por los jóvenes blancos que se
inscribieron en las huestes demócratas y por el
sufragio femenino. Si bien se considera que 94 por
ciento de los afroamericanos votará por Obama,
éstos solo conforman el 12.8 por ciento de la
población, por debajo de los hispanos, con el 14.4
por ciento, de los cuales un 57 por ciento lo
apoyará. El 56 por ciento de los blancos irá por
McCain.
A diferencia de otros países más xenófobos,
Estados Unidos ha hecho numerosos esfuerzos
para desterrar la discriminación racial. Abolió la
esclavitud hace 143 años, la segregación en las
escuelas públicas, en 1954, y sancionó, en 1964, la
ley de los derechos civiles, prohibiendo la discriminación
sobre la base de la raza, el origen
étnico y el género.
En 1965, sancionó la ley de igualdad del voto; en
1968, la de equidad de oportunidades para la
vivienda y, en 1994, dictó la ley federal que
persigue los crímenes de odio.
A pesar de esos adelantos en los derechos
civiles, el racismo no desapareció de los estándares
culturales. Freedom House definió que
el racismo es todavía hoy el “talón de Aquiles” del
país, en un reciente estudio sobre desigualdad
racial. Atribuye este fenómeno a factores que
todavía no han sido superados del todo, como el
mayor nivel de pobreza de la raza negra sobre
otras, la segregación demográfica, los desacuerdos
sobre los alcances de la acción afirmativa, una
política pública que devino del movimiento de
derechos civiles de los años de 1960, y los crímenes
de odio que aún persisten.
No hay garantías de que el tema del racismo no
pueda aflorar, y con fuerza como parte de la
estrategia electoral antes del 4 de noviembre.
Mucho dependerá de la sensatez de los equipos
de campaña. Tampoco si tendrá influencia alguna
dentro del cuarto oscuro, como para cambiar el
enojo que despertó la crisis financiera.
De lo que sí hay seguridad es que Obama está
por hacer historia. Si llega a la Casa Blanca será el
paso más decisivo que el país dará en contra de la
desigualdad, y se podrá abrir un proceso de
reparación para cerrar las heridas que dejó la
esclavitud, y su consecuencia actual, la discriminación.
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