Semanario de Prensa Libre • No. 225 • 26 de Octubre de 2008

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Punto final

Una cuestión de piel

El racismo es una materia pendiente en Estados Unidos que, a diferencia de otros países más xenófonos, ha hecho numerosos esfuerzos para desterrar.

POR ricardo trotti

El racismo es un componente subliminal, pero dinámico de la cultura estadounidense. Es un tema latente, en especial por la posibilidad de que el país tendrá su primer presidente afroamericano, y afloró en la campaña republicana, aunque fue rápidamente morigerado por el propio John McCain.

En una actividad de caridad, el día después del último debate, McCain insistió con su mensaje de sepultar el racismo, al menos durante la campaña. Felicitó a Barack Obama por hacer historia: “Hubo un tiempo en que la mera invitación de un afroamericano a cenar a la Casa Blanca se tomaba con indignación y como un insulto”.

El éxito de Obama en la política es insoslayable. Es el único afroamericano, entre cien senadores de un Senado, que tuvo que sancionar varias leyes para desterrar, menos de 50 años atrás, la segregación en el transporte público y en los barrios, y descolgar los carteles de Only whites de escuelas y universidades, baños y restaurantes.

Según encuestas, Obama ya tendría un pie en el umbral de la Casa Blanca, pero pidió prudencia. Sabe que en política, como en el futbol, hasta el último minuto cuenta. Difícilmente habrá un rebote económico que pudiera estabilizar el subibaja de las bolsas o la catástrofe financiera, pero la cordura se puede deber al temido efecto Tom Bradley, un alcalde de Los Ángeles que, en 1982, comandaba ampliamente las encuestas, pero que al final perdió. La gente opinaba sin discriminar por cuestión de piel, pero hizo lo opuesto en la privacidad del cuarto oscuro.

Tal vez la prudencia de Obama es obsesiva. Después de todo, el electorado está más maduro o los jóvenes votantes primerizos no tienen los prejuicios del ayer, lo que quedó demostrado al derrotar a Hillary Clinton. Sabe, sin embargo, que perderá votos por su color. Un sondeo de AP-Yahoo News estableció que el 17 por ciento de los blancos demócratas apoyará a McCain y sugiere que, si Obama fuera blanco, tendría siete puntos adicionales.

Obama no ganará por el voto negro, en realidad insuficiente, sino por los jóvenes blancos que se inscribieron en las huestes demócratas y por el sufragio femenino. Si bien se considera que 94 por ciento de los afroamericanos votará por Obama, éstos solo conforman el 12.8 por ciento de la población, por debajo de los hispanos, con el 14.4 por ciento, de los cuales un 57 por ciento lo apoyará. El 56 por ciento de los blancos irá por McCain.

A diferencia de otros países más xenófobos, Estados Unidos ha hecho numerosos esfuerzos para desterrar la discriminación racial. Abolió la esclavitud hace 143 años, la segregación en las escuelas públicas, en 1954, y sancionó, en 1964, la ley de los derechos civiles, prohibiendo la discriminación sobre la base de la raza, el origen étnico y el género.

En 1965, sancionó la ley de igualdad del voto; en 1968, la de equidad de oportunidades para la vivienda y, en 1994, dictó la ley federal que persigue los crímenes de odio.

A pesar de esos adelantos en los derechos civiles, el racismo no desapareció de los estándares culturales. Freedom House definió que el racismo es todavía hoy el “talón de Aquiles” del país, en un reciente estudio sobre desigualdad racial. Atribuye este fenómeno a factores que todavía no han sido superados del todo, como el mayor nivel de pobreza de la raza negra sobre otras, la segregación demográfica, los desacuerdos sobre los alcances de la acción afirmativa, una política pública que devino del movimiento de derechos civiles de los años de 1960, y los crímenes de odio que aún persisten.

No hay garantías de que el tema del racismo no pueda aflorar, y con fuerza como parte de la estrategia electoral antes del 4 de noviembre. Mucho dependerá de la sensatez de los equipos de campaña. Tampoco si tendrá influencia alguna dentro del cuarto oscuro, como para cambiar el enojo que despertó la crisis financiera.

De lo que sí hay seguridad es que Obama está por hacer historia. Si llega a la Casa Blanca será el paso más decisivo que el país dará en contra de la desigualdad, y se podrá abrir un proceso de reparación para cerrar las heridas que dejó la esclavitud, y su consecuencia actual, la discriminación.

   

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