Semanario de Prensa Libre • No. 225 • 26 de Octubre de 2008

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D frente

"Todos tienen derecho a expresarse"
La mayor parte de su vida se ha dedicado a enseñar a hacer radio. Las ondas hertzianas de América Latina han captado su voz de protesta y de reclamo por las causas sociales.

por manolo garcÍa
fotos: carlos sebastiÁn

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José Ignacio López Vigil nació en Cuba, y ha recorrido la mayoría de países de América Latina, emitiendo su voz al aire entre cabinas y micrófonos. Fue sacerdote jesuita, estudió teología bíblica y es un apasionado de la radio que hace y enseña ese oficio con tanto profesionalismo como buen humor. En la actualidad, radica en Ecuador.

¿Cómo definir el conflicto entre la radio tradicional y la comunitaria?

Es un falso conflicto, si partimos de que el derecho de la libre expresión no es privilegio de unos cuantos, ni de periodistas ni de empresarios, sino de toda persona. El artículo 19 de la Carta Fundamental de los Derechos Humanos estipula que todo ser humano tiene derecho a informar y ser informado, por todos los medios a su a l c a n ce .

¿Eso quiere decir que todo ciudadano guatemalteco tiene derecho a ejercer la libre expresión por medio de la radio?

Claro. Cuando un grupo social, una organización popular, una universidad o los jóvenes solicitan a la Superintendencia de Telecomunicaciones (SIT) permiso para transmitir, se solicita un derecho. La SIT tiene la obligación de responder de forma positiva, siempre y cuando los interesados cumplan con los requisitos. Sin embargo, qué respuesta se recibe de la SIT: el silencio. En Guatemala se comete una inmoralidad terrible.

¿En qué consiste esa inmoralidad?

En que las frecuencias de radio y televisión se subastan al mejor postor. El Estado no debería subastar lo que no es suyo. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), las frecuencias pertenecen a la comunidad.

¿Qué posición debería asumir el Gobierno de Guatemala?

El Estado tiene obligación de permitir y favorecer el ejercicio de la libre expresión y conceder las frecuencias a quien las solicita. t ¿Y qué es lo que pasa en realidad? Lo que pasa es que el espectro radioeléctrico guatemalteco está privatizado. Está entregado a monopolios, oligopolios extranjeros, diría yo, como el caso del mexicano Ángel González, que concentra una cantidad inaudita de frecuencias. ¡Eso es una inmoralidad! Un atentado a la libre expresión.

¿Qué piensa de las radios pirata?

Cuando escucho que acusan de piratas o ladrones a grupos sociales que ejercen su derecho a la libre expresión, me pregunto si los piratas y ladrones no son otros.

¿Quiénes, por ejemplo?

Son piratas y ladrones quienes concentran frecuencias de radio y televisión, como en el caso de González. Piratas son quienes deben conceder esas frecuencias y no lo hacen. No es pirata quien reclama su derecho. Quienes solicitan una frecuencia no usurpan nada, reclaman su derecho a la libertad de expresión. Cuando la SIT no concede esos permisos atenta contra la libre expresión.

¿Cómo se define, entonces, una emisora que no opera con una frecuencia autorizada?, ¿no es pirata?

La definiríamos como una emisora alegal, no ilegal. Es una emisora que no es clandestina ni tiene vocación de esconderse. No es pirata. Es un grupo de jóvenes o de guatemaltecos o guatemaltecas que ha solicitado una frecuencia, insistieron, y nunca recibieron respuesta. Luego, desesperados por esa negativa, han salido al aire.

¿No es eso una ilegalidad?

No hay ilegalidad allí. Es una situación irregular ocasionada por la SIT, que no da lo que tiene que dar.

Supongamos que hay más de 200 emisoras que no han querido ser legales, ¿cómo resolver ese problema?

Si el Gobierno tiene la voluntad de favorecer el ejercicio de la libertad de expresión, debería llamar a los interesados de esas 200 frecuencias y les daría un plazo para que presenten su documentación. Si en plazo razonable determinado, la SIT no responde, el culpable de que esas radios funcionen es ese organismo.

¿Y si responde?

Si la SIT dice sí, la radio sale al aire, pero si dice no, entonces, tiene que justificar por qué no la autoriza.

¿Una razón sería que el espectro radioeléctrico está saturado?

Curiosamente, los espectros radioeléctricos no están saturados cuando hay una organización de las frecuencias. En realidad, puede haber razones diversas para que diga no, pero, en principio, la respuesta que uno esperaría es que el resultado sea favorable. El problema es que hay muchas emisoras que nunca recibieron respuesta y, desesperadas, salieron al aire.

Lleva la radio en la sangre

  • José Ignacio López Vigil nació en Cuba, y ha vivido en varios países de América Latina.
  • Estudió filosofía y teología.
  • Dirigió, durante varios años, la programación de Radio Santa María y Radio Enriquillo, en República Dominicana.
  • Coordinó el Área de Capacitación de ALER, la Dirección de Capacitación de Coradep y la Oficina Regional de Amarc.
  • Fue director ejecutivo de Radipaz, Red Latinoamericana de Radios para una Cultura de Paz.
  • Autor de series radiofónicas como Un tal Jesús, Granja Latina, Un paisano me contó, 500 engaños y noticias de última ira.
  • Entre sus publicaciones destacan Una mina de coraje, Las mil y una historias de Radio Venceremos, Manual Urgente para Radialistas Apasionados y Ciudadana Radio.

¿Qué es lo que ocurre en ese caso?

Lo que ocurre es que ese trámite en Guatemala es burocrático e inmoral, porque el mecanismo de la SIT es que da la frecuencia a quien pone más reales, al que llena más el sobre de billetes. Eso es una inmoralidad, y eso está denunciado, incluso, por la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), la cual afirma que el otorgamiento de frecuencias debe regirse por criterios programáticos, no por dinero, porque eso favorece la concentración monopólica del espacio radioeléctrico.

¿Cuál es el criterio para otorgar frecuencias?

Por ejemplo, si alguien presenta una programación mediocre, banal y sin sentido, pero hay otra que favorece la cultura guatemalteca, debe otorgarse la frecuencia a la mejor propuesta. La Comisión de los Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos denuncia las subastas de frecuencias como algo irregular. No puede ser que los estados pongan a disposición del dinero el patrimonio de la humanidad.

A finales de 1970, el informe de Marshall MacLuhan ya habla de los conflictos que causaría la denominada democratización de los medios, y el problema que ocasionaría la privatización de éstos...

Pongamos un ejemplo. Este año, Uruguay aprobó la Ley de Telecomunicaciones, que reserva la tercera parte del espectro para frecuencias de radio comunitarias. El otro tercio es para lucro y el último tercio, para medios públicos (no gubernamentales ) . La lógica es que el espectro no puede quedar totalmente en manos de empresarios.

En América Latina no manejamos el concepto del servicio público y, por lo tanto, una emisora nacional no es necesariamente una emisora gubernamental...

En Guatemala habría que convocar foros en espacios académicos, estimular la discusión sobre este asunto, que es sumamente grave. Veamos. Cuando matan a un pe- FRENTE riodista, todo mundo reclama que es un atentado a la libertad de expresión, pero cuando asesinan la voz de la gente, cuando la condenan al silencio, nadie dice nada.

¿Qué se puede hacer para que esto no ocurra?

Necesitamos sacudir las sábanas, hacer ver que lo que comete la SIT es una inmoralidad y un atentado contra el referido derecho. Creo que valdría la pena revisar la Ley de Telecomunicaciones y sus reglamentos, los cuales están mal. Hay que hacer lobby con los legisladores, inspirarse en otras leyes como las de Uruguay o Colombia, en donde el Gobierno ha concedido centenares de frecuencias de radio y televisión a las comunidades. En Colombia, el Estado está convencido de que una democracia se consolida desde la base. Dar radios comunitarias favorece la apropiación democrática de la gente.

La radio colombiana ha sido modelo para Guatemala en materia educativa, entonces, ¿por qué no procede aquí una diversificación radiofónica?

Porque Guatemala es un país que sobrevive a décadas de conflicto, que lamentablemente son de las peores que se han vivido en América Latina. Hay un justificadísimo miedo. Cuando existe miedo, uno no tiene ganas de hablar en público. Cuando hablamos de un periodismo de intermediación social, hay temor. Por lo tanto, no es extraño que las radios comunitarias sean tímidas por todo lo que ha pasado.

“Cuando escucho que acusan de piratas o
ladrones a grupos sociales que ejercen su
derecho a la libre expresión, me pregunto
si los piratas y ladrones no son otros”.
 
   

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