"Todos tienen derecho a expresarse"
La mayor
parte de su
vida se ha
dedicado a
enseñar a
hacer radio.
Las ondas
hertzianas de
América
Latina han
captado su voz
de protesta y
de reclamo por
las causas
sociales.
por manolo garcÍa
fotos: carlos sebastiÁn

José Ignacio López Vigil nació en
Cuba, y ha recorrido la mayoría
de países de América Latina,
emitiendo su voz al aire entre
cabinas y micrófonos. Fue sacerdote
jesuita, estudió teología bíblica
y es un apasionado de la radio
que hace y enseña ese oficio con tanto
profesionalismo como buen humor.
En la actualidad, radica en Ecuador.
¿Cómo definir el conflicto entre
la radio tradicional y la comunitaria?
Es un falso conflicto, si partimos de
que el derecho de la libre expresión
no es privilegio de unos cuantos, ni de
periodistas ni de empresarios, sino de
toda persona. El artículo 19 de la Carta
Fundamental de los Derechos Humanos
estipula que todo ser humano
tiene derecho a informar y ser informado,
por todos los medios a su
a l c a n ce .
¿Eso quiere decir que todo ciudadano
guatemalteco tiene derecho
a ejercer la libre expresión
por medio de la radio?
Claro. Cuando un grupo social, una
organización popular, una universidad
o los jóvenes solicitan a la Superintendencia
de Telecomunicaciones
(SIT) permiso para transmitir, se
solicita un derecho. La SIT tiene la
obligación de responder de forma
positiva, siempre y cuando los interesados
cumplan con los requisitos.
Sin embargo, qué respuesta se recibe
de la SIT: el silencio. En Guatemala se
comete una inmoralidad terrible.
¿En qué consiste esa inmoralidad?
En que las frecuencias de radio y
televisión se subastan al mejor postor.
El Estado no debería subastar lo que
no es suyo. Según la Unión Internacional
de Telecomunicaciones
(UIT), las frecuencias pertenecen a la
comunidad.
¿Qué posición debería asumir el
Gobierno de Guatemala?
El Estado tiene obligación de permitir
y favorecer el ejercicio de la
libre expresión y conceder las frecuencias
a quien las solicita.
t ¿Y qué es lo que pasa en realidad?
Lo que pasa es que el espectro
radioeléctrico guatemalteco está privatizado. Está entregado a monopolios,
oligopolios extranjeros, diría yo,
como el caso del mexicano Ángel
González, que concentra una cantidad
inaudita de frecuencias. ¡Eso es una
inmoralidad! Un atentado a la libre
expresión.
¿Qué piensa de las radios pirata?
Cuando escucho que acusan de
piratas o ladrones a grupos sociales
que ejercen su derecho a la libre
expresión, me pregunto si los piratas
y ladrones no son otros.
¿Quiénes, por ejemplo?
Son piratas y ladrones quienes concentran
frecuencias de radio y televisión,
como en el caso de González.
Piratas son quienes deben conceder
esas frecuencias y no lo hacen. No es
pirata quien reclama su derecho.
Quienes solicitan una frecuencia no
usurpan nada, reclaman su derecho a
la libertad de expresión. Cuando la
SIT no concede esos permisos atenta
contra la libre expresión.
¿Cómo se define, entonces, una
emisora que no opera con una
frecuencia autorizada?, ¿no es pirata?
La definiríamos como una emisora
alegal, no ilegal. Es una emisora que
no es clandestina ni tiene vocación de
esconderse. No es pirata. Es un grupo
de jóvenes o de guatemaltecos o guatemaltecas
que ha solicitado una frecuencia,
insistieron, y nunca recibieron
respuesta. Luego, desesperados
por esa negativa, han salido al aire.
¿No es eso una ilegalidad?
No hay ilegalidad allí. Es una situación
irregular ocasionada por la
SIT, que no da lo que tiene que dar.
Supongamos que hay más de
200 emisoras que no han querido
ser legales, ¿cómo resolver ese
problema?
Si el Gobierno tiene la voluntad de
favorecer el ejercicio de la libertad de
expresión, debería llamar a los interesados
de esas 200 frecuencias y
les daría un plazo para que presenten
su documentación. Si en plazo razonable
determinado, la SIT no responde,
el culpable de que esas radios
funcionen es ese organismo.
¿Y si responde?
Si la SIT dice sí, la radio sale al aire,
pero si dice no, entonces, tiene que
justificar por qué no la autoriza.
¿Una razón sería que el espectro
radioeléctrico está saturado?
Curiosamente, los espectros radioeléctricos
no están saturados
cuando hay una organización de las
frecuencias. En realidad, puede haber
razones diversas para que diga no,
pero, en principio, la respuesta que
uno esperaría es que el resultado sea
favorable. El problema es que hay
muchas emisoras que nunca recibieron
respuesta y, desesperadas, salieron
al aire.
Lleva la radio en la sangre
- José Ignacio López Vigil nació
en Cuba, y ha vivido en
varios países de América Latina.
- Estudió filosofía y teología.
- Dirigió, durante varios años,
la programación de Radio Santa
María y Radio Enriquillo, en
República Dominicana.
- Coordinó el Área de Capacitación
de ALER, la Dirección
de Capacitación de Coradep y
la Oficina Regional de Amarc.
- Fue director ejecutivo de
Radipaz, Red Latinoamericana
de Radios para una Cultura de
Paz.
- Autor de series radiofónicas
como Un tal Jesús, Granja Latina,
Un paisano me contó,
500 engaños y noticias de última
ira.
- Entre sus publicaciones
destacan Una mina de coraje,
Las mil y una historias de Radio
Venceremos, Manual Urgente
para Radialistas Apasionados
y Ciudadana Radio.
¿Qué es lo que ocurre en ese
caso?
Lo que ocurre es que ese trámite
en Guatemala es burocrático e inmoral,
porque el mecanismo de la
SIT es que da la frecuencia a quien
pone más reales, al que llena más el
sobre de billetes.
Eso es una inmoralidad, y eso está
denunciado, incluso, por la Asociación
Internacional de Radiodifusión
(AIR), la cual afirma que el otorgamiento
de frecuencias debe regirse
por criterios programáticos, no
por dinero, porque eso favorece la
concentración monopólica del espacio
radioeléctrico.
¿Cuál es el criterio para otorgar
frecuencias?
Por ejemplo, si alguien presenta
una programación mediocre, banal y
sin sentido, pero hay otra que favorece
la cultura guatemalteca, debe
otorgarse la frecuencia a la mejor
propuesta.
La Comisión de los Derechos Humanos
de la Organización de Estados
Americanos denuncia las subastas
de frecuencias como algo
irregular. No puede ser que los estados
pongan a disposición del dinero
el patrimonio de la humanidad.
A finales de 1970, el informe
de Marshall MacLuhan ya habla
de los conflictos que causaría la
denominada democratización
de los medios, y el problema
que ocasionaría la privatización
de éstos...
Pongamos un ejemplo. Este año,
Uruguay aprobó la Ley de Telecomunicaciones,
que reserva la tercera
parte del espectro para frecuencias
de radio comunitarias. El
otro tercio es para lucro y el último
tercio, para medios públicos (no gubernamentales ) .
La lógica es que el espectro no
puede quedar totalmente en manos
de empresarios.
En América Latina no manejamos
el concepto del servicio
público y, por lo tanto, una emisora
nacional no es necesariamente
una emisora gubernamental...
En Guatemala habría que convocar
foros en espacios académicos,
estimular la discusión sobre este
asunto, que es sumamente grave.
Veamos. Cuando matan a un pe-
FRENTE
riodista, todo mundo reclama que es
un atentado a la libertad de expresión,
pero cuando asesinan la voz
de la gente, cuando la condenan al
silencio, nadie dice nada.
¿Qué se puede hacer para que
esto no ocurra?
Necesitamos sacudir las sábanas,
hacer ver que lo que comete la SIT
es una inmoralidad y un atentado
contra el referido derecho.
Creo que valdría la pena revisar la
Ley de Telecomunicaciones y sus
reglamentos, los cuales están mal.
Hay que hacer lobby con los legisladores,
inspirarse en otras leyes
como las de Uruguay o Colombia, en
donde el Gobierno ha concedido
centenares de frecuencias de radio y
televisión a las comunidades.
En Colombia, el Estado está convencido
de que una democracia se
consolida desde la base. Dar radios
comunitarias favorece la apropiación
democrática de la gente.
La radio colombiana ha sido
modelo para Guatemala en materia
educativa, entonces, ¿por
qué no procede aquí una diversificación
radiofónica?
Porque Guatemala es un país que
sobrevive a décadas de conflicto,
que lamentablemente son de las
peores que se han vivido en América
Latina. Hay un justificadísimo miedo.
Cuando existe miedo, uno no
tiene ganas de hablar en público.
Cuando hablamos de un periodismo
de intermediación social, hay temor.
Por lo tanto, no es extraño que las
radios comunitarias sean tímidas
por todo lo que ha pasado.
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“Cuando escucho que acusan de piratas o
ladrones a grupos sociales que ejercen su
derecho a la libre expresión, me pregunto
si los piratas y ladrones no son otros”. |
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