Musharraf tenía
verdadero potencial
En Pakistán se han
manejado de forma
errada los asuntos
del Estado.
Por H.D.S. GREENWAY
Pervez Musharraf ya abandonó el escenario, pero
el drama paquistaní continúa con críticas negativas.
El Gobierno ya perdió control de grandes
tramos de territorio ante extremistas islámicos.
Hay bombardeos que recorren el área a voluntad,
llevando ruina y destrucción a ciudades en el país. Los
crecientes precios de la comida y el combustible están
dilapidando lo que otrora fue una vibrante economía. La
inflación está por los cielos, llegando a más de 20 por
ciento, al tiempo que los inversionistas huyen.
El gobierno de coalición, que encabeza Nawaz Sharif y
Asif Ali Zardari, ha tenido muy poco qué mostrar por los
seis meses que ha estado en el poder, y ahora está al borde
de venirse abajo a causa del altercado respecto del
restablecimiento de los magistrados de la Suprema Corte.
Sumado a lo anterior, el viejo problema irresoluble, la
Cachemira, se está calentando de nueva
cuenta con enormes e iracundas
manifestaciones provocadas por separatistas
musulmanes y nacionalistas
hinduistas. El resultado es una tensión
cada vez mayor entre los ejércitos indios
y paquistaníes que se enfrentan a
lo largo de la línea de control.
La posición de Musharraf se había
vuelto insostenible, y él hizo bien en
renunciar antes de oponer una batalla
por conservar el poder, que a final de cuentas sería una
distracción y terminaría perdiendo. Él vio que el Ejército,
aún la institución más poderosa del país, no iba a respaldarlo...
no esta vez.
La historia de Pakistán ha sido un prolongado ciclo de
civiles que ganan poder a través de elecciones democráticas,
solamente para manejar erradamente los asuntos
del Estado, arruinar la economía y sumirse en pantanos de
corrupción personal. Después, las fuerzas armadas intervienen
para un período subsiguiente de mandato militar,
hasta que el país regresa a unas elecciones.
Lo triste es que Musharraf era el mejor del lote actual.
Pakistán se regocijó cuando Nawaz Sharif fue expulsado
en 1999. Musharraf llevó la estabilidad sin la corrupción
personal. Él y su primer ministro a favor del libre mercado,
Shaukat Aziz, llevaron un asombroso crecimiento económico
al país. La Prensa estaba menos limitada en
comparación a como había estado. Además, Musharraf
trabajó con seriedad en intentar resolver la cuestión de la
Cachemira con la India.
Según Estados Unidos, el aspecto de mayor importancia
fue que Musharraf se unió al esfuerzo posterior al 11
de septiembre del 2001, con miras a expulsar al talibán de
Afganistán, así como a poner el extremismo islámico bajo
control dentro de sus propias fronteras. Él cooperó con
Estados Unidos en la detención de muchos integrantes de
alto nivel de la red Al Qaeda que se ocultaban en sus
c i u d ad e s .
Washington se impacientó con él por no perseguir al
talibán con el vigor que a Estados Unidos le gustaría, y
algunos de sus esfuerzos por alcanzar ceses al fuego en las
provincias el noroeste del país terminaron por no surtir
efecto. No obstante, los estadounidenses nunca entendieron
las tenues relaciones entre el Estado paquistaní y
los pueblos de la frontera, confuso legado de territorios
tribales que dejaron tras de sí los británicos. La realidad
política era que, a fin de mantener unido Pakistán, no
siempre era posible actuar con la dureza que los estadounidenses
deseaban.
Yo creo que Musharraf era sincero
respecto de su deseo de un país
seglar y moderado, exento del extremismo,
y que él pudiera haber
sido la mejor persona para restablecer
la democracia. No obstante,
su tragedia fue que empezó a creer
que el Estado era él y que él era el
Estado. Todo lo que había logrado
empezó a deshilvanarse cuando despidió
al presidente de la Suprema
Corte, Iftikhar Mohammed Chaudhry, y a los otros magistrados,
quizá debido a que Musharraf temía que una corte
independiente desafiara su elección como presidente. Los
abogados salieron a las calles. El respaldo popular se vació
como sangre manando de una herida abierta.
La moral del Ejército paquistaní está en problemas, al
tiempo que el país ha perdido muchos soldados y ganado
muy pocas de sus victorias en contra de extremistas.
Habiéndose organizado para combatir a la India, el Ejército
sabe que debe entrenarse nuevamente para combatir a
una insurgencia y ganarse la confianza del pueblo. Está
dispuesto a cooperar con el nuevo gobierno de la población
civil. Sin embargo, tanto Sharif como el viudo de
Benazir Bhutto, Asif Ali Zadari, tienen largos historiales de
corrupción y de la política de la ganancia personal.
Pakistán es un país resistente y adaptable, y sería
prudente que mostrara apoyo, pero dejen que Pakistán se
desenrede por sí solo y sin la interferencia de Estados
Unidos.
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