Semanario de Prensa Libre • No. 218 • 07 de septiembre de 2008

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Punto final

Musharraf tenía verdadero potencial
En Pakistán se han manejado de forma errada los asuntos del Estado.

Por H.D.S. GREENWAY

Pervez Musharraf ya abandonó el escenario, pero el drama paquistaní continúa con críticas negativas. El Gobierno ya perdió control de grandes tramos de territorio ante extremistas islámicos. Hay bombardeos que recorren el área a voluntad, llevando ruina y destrucción a ciudades en el país. Los crecientes precios de la comida y el combustible están dilapidando lo que otrora fue una vibrante economía. La inflación está por los cielos, llegando a más de 20 por ciento, al tiempo que los inversionistas huyen.

El gobierno de coalición, que encabeza Nawaz Sharif y Asif Ali Zardari, ha tenido muy poco qué mostrar por los seis meses que ha estado en el poder, y ahora está al borde de venirse abajo a causa del altercado respecto del restablecimiento de los magistrados de la Suprema Corte.

Sumado a lo anterior, el viejo problema irresoluble, la Cachemira, se está calentando de nueva cuenta con enormes e iracundas manifestaciones provocadas por separatistas musulmanes y nacionalistas hinduistas. El resultado es una tensión cada vez mayor entre los ejércitos indios y paquistaníes que se enfrentan a lo largo de la línea de control.

La posición de Musharraf se había vuelto insostenible, y él hizo bien en renunciar antes de oponer una batalla por conservar el poder, que a final de cuentas sería una distracción y terminaría perdiendo. Él vio que el Ejército, aún la institución más poderosa del país, no iba a respaldarlo... no esta vez.

La historia de Pakistán ha sido un prolongado ciclo de civiles que ganan poder a través de elecciones democráticas, solamente para manejar erradamente los asuntos del Estado, arruinar la economía y sumirse en pantanos de corrupción personal. Después, las fuerzas armadas intervienen para un período subsiguiente de mandato militar, hasta que el país regresa a unas elecciones.

Lo triste es que Musharraf era el mejor del lote actual. Pakistán se regocijó cuando Nawaz Sharif fue expulsado en 1999. Musharraf llevó la estabilidad sin la corrupción personal. Él y su primer ministro a favor del libre mercado, Shaukat Aziz, llevaron un asombroso crecimiento económico al país. La Prensa estaba menos limitada en comparación a como había estado. Además, Musharraf trabajó con seriedad en intentar resolver la cuestión de la Cachemira con la India.

Según Estados Unidos, el aspecto de mayor importancia fue que Musharraf se unió al esfuerzo posterior al 11 de septiembre del 2001, con miras a expulsar al talibán de Afganistán, así como a poner el extremismo islámico bajo control dentro de sus propias fronteras. Él cooperó con Estados Unidos en la detención de muchos integrantes de alto nivel de la red Al Qaeda que se ocultaban en sus c i u d ad e s .

Washington se impacientó con él por no perseguir al talibán con el vigor que a Estados Unidos le gustaría, y algunos de sus esfuerzos por alcanzar ceses al fuego en las provincias el noroeste del país terminaron por no surtir efecto. No obstante, los estadounidenses nunca entendieron las tenues relaciones entre el Estado paquistaní y los pueblos de la frontera, confuso legado de territorios tribales que dejaron tras de sí los británicos. La realidad política era que, a fin de mantener unido Pakistán, no siempre era posible actuar con la dureza que los estadounidenses deseaban.

Yo creo que Musharraf era sincero respecto de su deseo de un país seglar y moderado, exento del extremismo, y que él pudiera haber sido la mejor persona para restablecer la democracia. No obstante, su tragedia fue que empezó a creer que el Estado era él y que él era el Estado. Todo lo que había logrado empezó a deshilvanarse cuando despidió al presidente de la Suprema Corte, Iftikhar Mohammed Chaudhry, y a los otros magistrados, quizá debido a que Musharraf temía que una corte independiente desafiara su elección como presidente. Los abogados salieron a las calles. El respaldo popular se vació como sangre manando de una herida abierta.

La moral del Ejército paquistaní está en problemas, al tiempo que el país ha perdido muchos soldados y ganado muy pocas de sus victorias en contra de extremistas. Habiéndose organizado para combatir a la India, el Ejército sabe que debe entrenarse nuevamente para combatir a una insurgencia y ganarse la confianza del pueblo. Está dispuesto a cooperar con el nuevo gobierno de la población civil. Sin embargo, tanto Sharif como el viudo de Benazir Bhutto, Asif Ali Zadari, tienen largos historiales de corrupción y de la política de la ganancia personal. Pakistán es un país resistente y adaptable, y sería prudente que mostrara apoyo, pero dejen que Pakistán se desenrede por sí solo y sin la interferencia de Estados Unidos.

The globe

   

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