Sobre el civismo
“Bandera nuestra, a ti juramos,
devoción perdurable,
lealtad perenne, honor, sacrificio
y esperanza hasta la
hora de nuestra muerte...”
Desde que tenía seis años
de edad, el juramento a la
bandera y la entonación del
himno nacional formaban
parte de los lunes cívicos. En
toda la primaria fue lo mismo.
Los maestros insistían en
que esa actividad, el respeto a
los símbolos patrios y participar
en los desfiles de cada
15 de septiembre significaban
amor a la patria. Así lo creía.
Mi punteo en educación
cívica siempre fue excelente,
a pesar de que en ese entonces
no comprendía qué
quería decir todo eso. Esa
nota ,
según mis profesores, significaba
que sería una buena
guatemalteca para toda la
vida.
Aún hoy se continúa con
esa enseñanza en muchos establecimientos
educativos. A
los niños no se les permite ser
críticos, y se les obliga, tal
cual loros, a repetir palabras
que para ellos no tienen sentido.
Es una formación obsoleta
que poco o nada tiene
que ver con el amor a la
patria, pues éste, además, incluye
el respeto mutuo, la
convivencia pública y, en palabras
del pedagogo Carlos
Aldana, un cambio de actitud.
La periodista Ana Martínez
de Zárate, en el tema
Dfondo de este día, hace una
reflexión sobre el civismo y
de cómo deberíamos aplicarlo.
Pese a que le parezca ridículo,
usted es un mejor ciudadano
si no tira la basura en
la calle, aunque no se sepa la
letra del himno nacional.
Viviana ruiz
editora |