Semanario de Prensa Libre • No. 219 • 14 de septiembre de 2008

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Editorial

Sobre el civismo

“Bandera nuestra, a ti juramos, devoción perdurable, lealtad perenne, honor, sacrificio y esperanza hasta la hora de nuestra muerte...”

Desde que tenía seis años de edad, el juramento a la bandera y la entonación del himno nacional formaban parte de los lunes cívicos. En toda la primaria fue lo mismo. Los maestros insistían en que esa actividad, el respeto a los símbolos patrios y participar en los desfiles de cada 15 de septiembre significaban amor a la patria. Así lo creía.

Mi punteo en educación cívica siempre fue excelente, a pesar de que en ese entonces no comprendía qué quería decir todo eso. Esa nota , según mis profesores, significaba que sería una buena guatemalteca para toda la vida.

Aún hoy se continúa con esa enseñanza en muchos establecimientos educativos. A los niños no se les permite ser críticos, y se les obliga, tal cual loros, a repetir palabras que para ellos no tienen sentido. Es una formación obsoleta que poco o nada tiene que ver con el amor a la patria, pues éste, además, incluye el respeto mutuo, la convivencia pública y, en palabras del pedagogo Carlos Aldana, un cambio de actitud.

La periodista Ana Martínez de Zárate, en el tema Dfondo de este día, hace una reflexión sobre el civismo y de cómo deberíamos aplicarlo. Pese a que le parezca ridículo, usted es un mejor ciudadano si no tira la basura en la calle, aunque no se sepa la letra del himno nacional.

Viviana ruiz
editora


   

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