Semanario de Prensa Libre • No. 219 • 14 de septiembre de 2008

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Punto final

Mujeres frustradas por brecha salarial

Los alemanes no son tan igualitarios como dicen serlo.

POR SARAH PLASS

María Schaad, ambiciosa mujer empresaria, de 41 años de edad, se considera afortunada. Después del nacimiento de cada uno de sus hijos varones —actualmente de siete y tres años de edad—, su empleador, una importante empresa farmacéutica, le permitió trabajar con un horario reducido, lo cual es un beneficio que difícilmente es un hecho en Alemania.

Sin embargo, su buena suerte llegó solamente a cierto nivel. Si bien Schaad había puesto la mirada en una posición en la administración, su carrera se había estancado luego que ella empezó su familia, contó, aún cuando había obtenido una maestría, después de convertirse en madre.

“En un punto dado, las mujeres deben tomar una decisión”, dijo, con toda calma. “Tener hijos significa que debes alcanzar acuerdos y hacer concesiones” en el trabajo.

Millones de madres trabajadoras —a veces, padres— tienen que hacer lo que frecuentemente son difíciles concesiones cuando se trata del trabajo y la familia, pero expertos laborales aseguran que el cálculo es particularmente austero en Alemania, país que si bien cuenta con una jefa de Estado y yace al centro de la supuesta liberal Europa, tiene una de las brechas salariales entre los sexos más grandes del Viejo Continente.

Es apenas una de las disparidades entre hombres y mujeres trabajadores, en particular las madres, que según el Gobierno y líderes sindicales, establece una pesada carga sobre la participación femenina en la fuerza laboral y, en consecuencia, sobre el crecimiento económico, en una época en que Alemania pudiera estar titubeando al borde de la recesión. También destacan una diversidad de barreras sociales y gubernamentales que impiden la llegada del cambio.

Ingrid Sehrbrock, vicepresidenta de la Federación Alemana de Sindicatos de Comercio, se refiere a la inequidad como “un escándalo”. En fecha reciente, el comisionado de Europa para Empleo y Asuntos Sociales, Vladimir Spidla, hizo un llamamiento dirigido a empleadores alemanes “para que realmente apliquen el principio de la misma paga por el mismo trabajo”.

Una serie de nuevos datos deja entrever que Alemania avanza en la dirección opuesta. Si bien la brecha salarial entre mujeres y hombres se reduce en la Unión Europea y en Estados Unidos, se ha estancado allí. Desde el 2000, las mujeres trabajadoras de ese país han pasado, en promedio, de ganar 26 por ciento menos que los varones a percibir 24 por ciento menos que ellos en el 2006, último año del que se tienen estadísticas disponibles, con base en información suministrada por la oficina de estadística del Gobierno Destatis.

Es una de las mayores grietas entre los sexos en la Unión Europea. Tan solo Chipre, Estonia y Eslovaquia tienen la misma diferencia, o una mayor, con base en un estudio del servicio europeo de estadística Eurostat.

En el Continente, las mujeres percibieron aproximadamente 15.9 por ciento menos que los hombres en el 2007. Esta brecha se ha reducido con cada año desde el 2001, cuando las mujeres ganaban 20.4 por ciento menos que los varones, lo cual se fundamenta en un informe, divulgado la semana pasada, por la fundación de la Unión Europea, que ha estudiado esta tendencia durante varios años.

Hay muchas razones por las que Alemania ha sido el sótano europeo de manera continua. Una de ellas es la clara discriminación sexual, afirman investigadores. Otra es la maternidad: los varones son ascendidos, mientras sus colegas del sexo femenino se toman tiempo para tener hijos.

La desigualdad salarial es menor para las mujeres más jóvenes que no han tenido hijos. Llega a su máximo en el oeste de Alemania, en buena medida, debido a que en esa parte del país el salario promedio por hora de trabajo equivale a casi 50 por ciento más que el percibido por los varones de lo que solía ser en Alemania Oriental.

Algunos expertos en recursos humanos, incluso, destacan las negociaciones salariales de mujeres porque son menos agresivas. En la última década han surgido, como hongos, programas de entrenamiento enfocados a mujeres.

Sin embargo, existen también presiones sociales y políticas. Por ejemplo, las madres que trabajan a veces son ridiculizadas como Rabenmutter , o mamá cuervo. La frase —fundamentada en la errónea idea que los cuervos se van volando, dejando sus nidos tras de sí— se refiere a las mujeres que van en pos de carreras profesionales en vez de ser amas de casa. Es más común en el oeste del país que en la parte este.

La dificultad que enfrentan muchas de las mujeres para trabajar y criar hijos es parcialmente responsable de que Alemania tenga una de las tasas de fertilidad más baja de Europa, 1.37 por ciento de niños por mujer, aseguran investigadores. Tampoco ayuda que, en entrevistas de trabajo, a las mujeres en años reproductivos les pregunten si planean tener hijos; pregunta que va contra la ley.

 

   

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