Mujeres frustradas
por brecha salarial
Los alemanes no son tan igualitarios como dicen serlo.
POR SARAH PLASS
María Schaad, ambiciosa mujer empresaria, de
41 años de edad, se considera afortunada.
Después del nacimiento de cada uno de sus
hijos varones —actualmente de siete y tres
años de edad—, su empleador, una importante
empresa farmacéutica, le permitió trabajar con un
horario reducido, lo cual es un beneficio que difícilmente
es un hecho en Alemania.
Sin embargo, su buena suerte llegó solamente a cierto
nivel. Si bien Schaad había puesto la mirada en una
posición en la administración, su carrera se había estancado
luego que ella empezó su familia, contó, aún
cuando había obtenido una maestría, después de convertirse
en madre.
“En un punto dado, las mujeres deben tomar una
decisión”, dijo, con toda calma. “Tener hijos significa que
debes alcanzar acuerdos y hacer concesiones” en el trabajo.
Millones de madres trabajadoras —a
veces, padres— tienen que hacer lo que
frecuentemente son difíciles concesiones
cuando se trata del trabajo y la
familia, pero expertos laborales aseguran
que el cálculo es particularmente
austero en Alemania, país que si bien
cuenta con una jefa de Estado y yace al centro de la
supuesta liberal Europa, tiene una de las brechas salariales
entre los sexos más grandes del Viejo Continente.
Es apenas una de las disparidades entre hombres y
mujeres trabajadores, en particular las madres, que según
el Gobierno y líderes sindicales, establece una pesada carga
sobre la participación femenina en la fuerza laboral y, en
consecuencia, sobre el crecimiento económico, en una
época en que Alemania pudiera estar titubeando al borde
de la recesión. También destacan una diversidad de barreras
sociales y gubernamentales que impiden la llegada
del cambio.
Ingrid Sehrbrock, vicepresidenta de la Federación Alemana
de Sindicatos de Comercio, se refiere a la inequidad
como “un escándalo”. En fecha reciente, el comisionado de
Europa para Empleo y Asuntos Sociales, Vladimir Spidla,
hizo un llamamiento dirigido a empleadores alemanes
“para que realmente apliquen el principio de la misma paga
por el mismo trabajo”.
Una serie de nuevos datos deja entrever que Alemania
avanza en la dirección opuesta. Si bien la brecha salarial
entre mujeres y hombres se reduce en la Unión Europea y
en Estados Unidos, se ha estancado allí.
Desde el 2000, las mujeres trabajadoras de ese país han
pasado, en promedio, de ganar 26 por ciento menos que los
varones a percibir 24 por ciento menos que ellos en el 2006,
último año del que se tienen estadísticas disponibles, con
base en información suministrada por la oficina de estadística
del Gobierno Destatis.
Es una de las mayores grietas entre los sexos en la Unión
Europea. Tan solo Chipre, Estonia y Eslovaquia tienen la
misma diferencia, o una mayor, con base en un estudio del
servicio europeo de estadística Eurostat.
En el Continente, las mujeres percibieron aproximadamente
15.9 por ciento menos que los hombres en el 2007.
Esta brecha se ha reducido con cada año desde el 2001,
cuando las mujeres ganaban 20.4 por ciento menos que los
varones, lo cual se fundamenta en un informe, divulgado la
semana pasada, por la fundación de la Unión Europea, que
ha estudiado esta tendencia durante varios años.
Hay muchas razones por las que Alemania ha sido el
sótano europeo de manera continua. Una de ellas es la clara
discriminación sexual, afirman investigadores. Otra es la
maternidad: los varones son ascendidos,
mientras sus colegas del sexo
femenino se toman tiempo para tener
hijos.
La desigualdad salarial es menor
para las mujeres más jóvenes que no
han tenido hijos. Llega a su máximo en
el oeste de Alemania, en buena medida,
debido a que en esa parte del país el salario promedio
por hora de trabajo equivale a casi 50 por ciento más que el
percibido por los varones de lo que solía ser en Alemania
Oriental.
Algunos expertos en recursos humanos, incluso, destacan
las negociaciones salariales de mujeres porque son
menos agresivas. En la última década han surgido, como
hongos, programas de entrenamiento enfocados a mujeres.
Sin embargo, existen también presiones sociales y políticas.
Por ejemplo, las madres que trabajan a veces son
ridiculizadas como Rabenmutter , o mamá cuervo. La frase
—fundamentada en la errónea idea que los cuervos se van
volando, dejando sus nidos tras de sí— se refiere a las
mujeres que van en pos de carreras profesionales en vez de
ser amas de casa. Es más común en el oeste del país que en
la parte este.
La dificultad que enfrentan muchas de las mujeres para
trabajar y criar hijos es parcialmente responsable de que
Alemania tenga una de las tasas de fertilidad más baja de
Europa, 1.37 por ciento de niños por mujer, aseguran
investigadores. Tampoco ayuda que, en entrevistas de
trabajo, a las mujeres en años reproductivos les pregunten
si planean tener hijos; pregunta que va contra la ley.
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