Semanario de Prensa Libre • No. 219 • 14 de septiembre de 2008

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“El principal acto cívico es cambiarnos a nosotros mismos”
Se debe transformar el concepto tradicional de civismo.


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Las bandas estudiantiles celebran de diferente forma la independencia.

por ana martÍnez de zÁrate

Desde principios de septiembre, banderas de Guatemala ondean en cada edificio oficial, en calles, automóviles, casas y colegios. A medida que se acerca la fecha de la Independencia, el 15 de septiembre, los guatemaltecos se sienten más identificados con la patria y lo demuestran, principalmente cantando el himno y con diversos desfiles.

En este mes es cuando más se recuerdan los símbolos patrios y las bondades del país, sin ningún tipo de autocrítica. Lo cual es fomentado desde la más tierna infancia, pues en libros escolares de primer grado de primaria, como los de la editorial Piedra Santa —impresos el año pasado — se define civismo como “amor a nuestros símbolos y nuestra patria”.

El Ministerio de Educación se esfuerza por transformar esta noción obsoleta, pues el civismo atañe más al respeto mutuo y a la convivencia pública que al amor por los símbolos patrios. Según el viceministro de Educación, Carlos Aldana, “este mes es el más anticívico”, ya que todavía se relaciona el civismo con un concepto “ideologizado, de extrema derecha y militarista”; por ello, “necesitamos un nuevo civismo”, recalca. Algo muy difícil y costoso de conseguir, ya que, como reconoce Aldana, “el principal acto cívico es cambiarnos a nosotros mismos”.

Y es que provenimos de “un civismo de carácter marcial y con toques muy militaristas”, heredero de aquél que se enseñaba en la década de 1950, tras el golpe militar de Carlos Castillo Armas. “Hasta hace poco —antes de la firma de los Acuerdos de Paz— era obligatorio que todos los niños en edad escolar desfilaran y, además, lo hacían con armas de madera”, recuerda Aldana.

Cómo debería ser

El primer cambio es transformarlo en un concepto “más civil”, opina Aldana. El segundo sería convertir los ritos tradicionales en reflexión, para fomentar la autocrítica y el análisis. Asimismo, hay que desterrar de la educación ese civismo formal, “serio, poco alegre, que no invita a la felicidad, ni a la identidad emocionada”. Debería ser como el desfile de bandas que lleva a cabo el Liceo Brasileiro, por ejemplo, en el que tocan samba y ritmos caribeños, contagiando la alegría a toda la sociedad. “Eso, sí es cívico”.

La potenciación de valores como la comprensión, el diálogo y la tolerancia son clave en una población tan racista y dividida como la guatemalteca, todavía muy “m arcada por la condición colonial”, explica Luis Enrique López, coordinador del Programa de Apoyo a la Calidad Educativa (Pace). Por eso, todos los actores sociales se muestran de acuerdo en que la necesidad de “tender puentes hacia el otro”, y en el caso de este país de que los cuatro pueblos que lo conforman —ladino, xinca, maya y garífuna— se conozcan, se escuchen y se entiendan.

Por otra parte, ya no se debe plantear la indagación de “un guatemalteco homogéneo, sino que hay que buscar las diferencias”, explica López, cuya organización lleva a cabo un proyecto piloto en las Verapaces, Huehuetenango y Quiché con el propósito de enseñar este nuevo concepto de ciudadanía. Según Pace, el objetivo de éste debe ser la exploración de una “ciudadanía intercultural, partiendo de lo local y de la diversidad en las formas de pensar y las diferentes lenguas y creencias”, expresa López.

En la escuela Dolores Bedoya de Molina, de la capital, intentan también introducir cambios en el concepto de civismo y su lunes cívico lo dividen en dos partes. La primera se dedica al himno, la jura de bandera y la historia de los símbolos patrios, mientras que en la siguiente parte se le agrega un valor que “en en este mes es sobre el respeto”, explica Sandra Ordóñez de Ruíz, su directora. La profesora de primer grado, Noemi Segura de Moncada, dice que “ha cambiado mucho la forma de dar formación ciudadana desde hace cuatro o cinco años”. Una de las próximas innovaciones será “la incorporación del himno de Centroamérica”, comenta Ordónez.

Por su parte, en las escuelas rurales es importante que se utilice en la enseñanza la “lengua materna de cada pueblo”, no solo para facilitar el aprendizaje sino para que no pierdan sus raíces. En este punto, López reconoce que en su experiencia ha sido complicado inculcar la educación bilingüe, pues para muchos indígenas estudiar en su idioma constituye un motivo más de exclusión y discriminación.

Además, no se puede desvincular este nuevo concepto de civismo con la memoria histórica. De hecho, el secretario de la Junta Cargadora del Consejo Nacional de Educación Maya, Édgar E. Choguaj Chajil, opina que sería necesaria una “reinterpretación” de la misma, porque “hay que conocer la verdadera”. Por ejemplo, se debe cuestionar la reiterada aparición del guerrero Tecún Umán, quien probablemente existió, pero con diferente nombre “y ni siquiera le ganó a los españoles”, dice.

Desde tiempos de la invasión española, la escuela se ha caracterizado por invisibilizar a los indígenas. “Los mayas no celebramos la independencia porque no intervinimos en ella, tan solo se cambió de patrón, pues continuamos siendo discriminados y nuestra única meta entonces era sobrevivir ”, explica Choguaj. Por esta razón muchos integrantes de los mayas no se sienten identificados con símbolos patrios como la bandera o el himno. “Es algo ajeno a nuestra cultura ”, asegura. Según el secretario, ni siquiera en la actualidad se estudia con profundidad en las escuelas la etapa anterior a la invasión, y la mayoría de la población guatemalteca ignora los antecedentes históricos prehispánicos. Por ejemplo, el cuatro de septiembre se celebró el día de los guías espirituales, “una de sus conmemoraciones más importantes del año”; sin embargo, el resto de la población poco conocía de su existencia. “Deberíamos de compartir las fiestas”, comenta.

A partir del conflicto armado, comenzaron a salir a la luz los grupos indígenas. Este movimiento se enmarcó bajo un fenómeno sin parangón, desde tiempos de la República, que ocurrió en toda América Latina y que se caracterizó porque “los indios empezaron a luchar por recuperar lo suyo”, explica López.

Hoy, los mayas se esfuerzan porque se les tenga más en cuenta en las materias escolares. Proponen que cada pueblo posea su propia guía, al tener en cuenta su contexto particular. En su lineamiento del marco curricular definen la educación maya como “proceso de adquisiciones participativa de los principios, valores y conocimientos de la cultura maya, con la práctica del idioma materno como medio de comunicación, que permite la formación de la persona, la familia y la sociedad, en la constitución armónica con la naturaleza, con el cosmos y el Creador y Formador”. Por ahora, a la espera de su presentación y posterior evaluación de las autoridades, según Choguaj, los mayas “están en disposición para cooperar en todo lo que beneficie al país, mientras sea equitativo, justo e incluyente”.

  • Ciudadanía: en términos sustantivos, es la posición de miembro de una determinada comunidad política, con derechos y deberes definidos.
  • Civismo: comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.
  • Identidad: conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.
  • Patriotismo: concepto que refiere al amor por la patria, que puede ser entendida en un sentido más amplio que la nación o el Estado. La vinculación emotiva del individuo respecto a la patria implica la constante defensa de ésta por aquél.
  • Nacionalismo: ideología política que considera la creación de un Estado nacional, condición indispensable para realizar las aspiraciones sociales, económicas y culturales de un pueblo. El nacionalismo se caracteriza por el sentimiento de comunidad de una nación, derivado de unos orígenes, religión, lengua e intereses comunes.
  • Fuentes: Enciclopedia Encarta y Diccionario de la Real Academia Española.

 

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  • La palabra civismo se deriva etimológicamente del vocablo latino civis, miembro, con todos los derechos, de la civitas o comunidad política.
  • El uso del término tuvo su origen en la Revolución francesa e inicialmente aparece unido a la secularización de la vida que ésta supuso.
  • El concepto en Guatemala tiene su antecedente más lejano en el patriotismo criollo.
  • Tras la independencia se pretendió alejarse de la influencia de la ex metrópoli y los liberales comienzan a mirar a Francia y a tener en cuenta los valores de la Revolución Francesa.
  • Mariano Gálvez (1831-1838) introduce “catecismo político”.
  • Aunque no es hasta la época de Justo Rufino Barrios (1873-1885), quien expulsó a las órdenes religiosas, e impuso una educación laica, cuando se introduce un civismo para fomentar la identidad del país a través de los símbolos patrios.

Medidas

En el Ministerio de Educación se pretende cambiar el concepto de civismo clásico, y desde el 2004, en el Currículo Nacional Base (CNB), la formación ciudadana se orienta hacia “el desarrollo de valores que contribuyan a la formación del ciudadano democrático: respeto, responsabilidad, solidaridad, honestidad y autodeterminación”. Para su redacción se han basado en los Acuerdos de Paz y el Diseño de la Reforma Educativa; asimismo, se ha contado con la participación de 60 instituciones nacionales e internacionales, con la pretensión de la inclusión de todos los actores de la sociedad.

Entre las nuevas actividades impulsadas destaca la recién instituida Agenda Cívica, “en donde no solo se incluye formación identificada con eventos históricos del país sino que también está vinculada al ejercicio democrático y al reconocimiento a fechas clave, en donde se recogen méritos, derechos humanos, valores y sabidurías de pueblos”, explica Carlana Imeri, Coordinadora del Programa Construyendo Ciudadanía. Por lo que en las aulas, cada semana, en los denominados “lunes cívicos” se habla del Día del Niño, de la Población Migrante, de la Lucha contra el sida o de la Multiculturalidad, entre otras muchas temáticas. El siguiente paso, en el que ya trabajan, es en la elaboración de una Agenda Cívica Centroamericana para fomentar el conocimiento entre los países del Istmo.

Otra de las ideas que se lleva a la práctica, desde el 2000, son los “gobiernos escolares” para fomentar la participación de los estudiantes en las decisiones y actividades escolares. En resumen, “es un programa innovador ”, concluye Imeri.

Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos “muchos profesores no conocen los nuevos contenidos de esta asignatura, y otros no los incorporan, porque todavía no hay libros de texto y es más cómodo usar los ya existentes con el concepto tradicional”, lamenta.

Para evitar que continúe esto, en la Dirección para la Gestión de la Calidad Educativa hacen hincapié en que “por primera vez se reparte la guía curricular a los maestros a la vez que se imparte capacitación”, comenta Esther Acevedo, jefa del Departamento Programas y Proyectos Interinstitucionales.

La directora de la Dirección General de Acreditación y Certificación, Silvia de Arriaza, prevé que también se pondrá en marcha en una nueva función de esa dirección “a finales de este mes”. Y consistirá en “controlar los contenidos de los libros de texto de las editoriales, para que no se incumplan los principios del Currículo Nacional Base”. Para ésto, por fin ha conseguido encontrar, tras arduos esfuerzos, un “equipo de tres personas especialistas en diferentes áreas y en el CNB”.

Aunque se hacen avances importantes, el problema es mucho más profundo. Según Felícita González Aguilar, pedagoga y en la actualidad trabajadora en la Secretaría de la Paz, es primordial que los maestros tengan condiciones laborales buenas y la formación adecuada, porque, en su opinión, es imposible tener una educación en ciudadanía correcta, si “muchos niños se mueren de hambre y no pueden ni siquiera estudiar”. Danilo Dardón Flores, director de la Escuela de Historia de la Universidad San Carlos, sugiere que “la solución debe ser integral, ya que involucra otros factores relacionados con las condiciones de vida; por ejemplo, a un niño desnutrido le cuesta mucho más aprender o, los maestros tienen miedo a ser amenazados, incluso asesinados por maras”.

González opina que el concepto de ciudadanía debería implicar “capacidad de emocionarse y de indignarse por todas estas situaciones”, porque “todas las personas tienen derecho a una vida digna”.

Otro problema que González plantea es la dificultad de “llegar a la conciencia de los que tienen el poder económico en Guatemala” que suelen relacionar el civismo con “valores liberales como por ejemplo el individualismo”.

Este nuevo concepto de ciudadanía lo debe impulsar la juventud, considera González. “Que la población de este país sea tan joven es una ventaja que hay que aprovechar para fomentar una educación ciudadana diferente, en donde ellos sean los protagonistas”, expresa, ya que ellos “todavía no son racistas, ni tienen los prejuicios de los adultos”.

Es pronto para hacer valoraciones de la labor de la actual gestión del Ministerio. Según cálculos de Aldana, hasta finales del año próximo no se podrán hacer evaluaciones fiables; pero, por ahora, los diversos actores sociales coinciden en que hay cierta voluntad política de integrar las diferentes etnias del país, de fomentar una comunidad centroamericana y después latinoamericana que, si tiene continuidad, impulsará un nuevo concepto de civismo crítico, no ritualista, civil, pacífico y multicultural. Aunque, antes la “sociedad guatemalteca debe averiguar qué es lo que quiere ser”, concluye González.


   

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