Médico, cantante y pintor
“He sido de la opinión de que si uno ayudará
a un paciente hacerlo bien, y procurar
no hacerle problemática la vida”.
por: julieta sandoval
fotos: carlos sebastiÁn

Al caminar por las calles
de Totonicapán, las personas
se detienen para
saludarlo o darle un
abrazo espontáneo.
Cuando entra en su consultorio, muchos
lo esperan para que les ayude a
curar algún padecimiento, inclinan
la cabeza y dicen “que tal doctor”. Es
difícil que alguien no conozca al
cirujano German Scheel Bartlett,
quien ha ejercido su profesión en
este departamento durante 27 años.
Nació en Huehuetenango, el 26 de
septiembre hace 52 años, pero creció
en Quetzaltenango. Como médico ha
ayudado a los pobladores, sin importar
su condición social. Aunque
practica cualquier tipo de cirugías,
se ha especializado en el labio leporino
y el paladar hendido, pues, como él dice, muchos niños
de la región nacen con esa malformación,
que puede ser solucionada
a corta edad, por eso decidió
ayudarlos. “Siempre he creído que
Dios pone todas las cosas en el
camino, y lo que he hecho ha sido
por eso”, comenta. En esta entrevista
habla un poco de su vida y de su
programa de apoyo a los infantes.
¿Qué lo hizo venir a Totonicapán?
El destino. Después de graduarme
estudié medicina en la Universidad
de San Carlos de Guatemala
(Usac), el primer año lo hice en Xela,
y el resto en la capital, así era en
aquel entonces. Trabajé dos años en
el hospital de Sololá y, luego, logré
un traslado para acá, y aquí me
quedé. Yo quería una beca, en aquel
entonces otorgaban unas para España,
pero el ministro de Salud de
ese tiempo me dijo que viniera a
estrenar el hospital de Totonicapán,
pues lo acababan de construir. Estuve por seis años como director de
la unidad de cirugía de niños, y luego
10 como director general del nosocomio.
Desde hace 27 años, me dediqué a
la corrección de labio leporino y
paladar hendido.
¿Por qué se dedicó a operar
estas malformaciones?
Cuando tenía 11 años fui operado
en la unidad de cirugía cardiovascular
del Hospital Roosevelt, por un
problema cardiaco. Los médicos comentaban
que operaron a 15 niños,
siete murieron y ocho vivieron; yo
fui uno de ellos. Por eso he creído
que tengo una misión que cumplir
en esta vida, y todo se me ha facilitado
para cumplirla.
Cuando era jefe de la cirugía de
niños, preparaba a los pequeños de
labio leporino para que fueran intervenidos
en Antigua Guatemala.
Después, la Facultad de Odontología
(de la Usac) nos envió a un cirujano
maxilofacial, quien venía cada dos
meses, a operarlos. Dos años más
tarde, este médico me entrenó, porque
yo le había manifestado mi interés
por hacerlo. Luego, logré una
beca de labio leporino y estética en
México.
Al ser el director del hospital,
tenía todo el poder en mis manos,
por lo que fundé un programa para
operar a los niños. Se hacían de siete
a 10 cirugías a la semana. Desde
entonces, hemos operado a unos 7
mil 500. La mayoría ha sido de la
región suroccidental, aunque también
han venido de lugares como
Belice. Al retirarme de la dirección,
le pedí a mi sustituto que continuara
con ese programa, pero creo que
había un poco de recelo, y no se hizo
sino hasta cinco años después. En
ese lapso, cuando la entidad pública
no atendió, las personas me buscaban
en mi sanatorio, donde las
operaba, con los costos mínimos,
otros, de forma gratuita.
Pienso que estas malformaciones
hacen sufrir más a los padres que a
los niños, éstos no se dan cuenta por
ser pequeños. Para los progenitores
es un fuerte impacto al mirarlo por
primera vez y cuando lo presentan a
familiares o amigos. Por eso, sería
bueno corregirlo cuando nacen. En
junio de este año me aventuré a
operar a un bebé con anestesia local.
Aprofam de Xela me comentó de un
niño con labio leporino, detectado
por el ultrasonido de tercera dimensión.
Le hablé a la madre y
aceptó, antes lo había hecho con
otras señoras, pero ninguna se había
animado.
Después de nacer, el bebé
fue revisado por la pediatra que
luego lo trasladó a otro quirófano, en
donde lo operé, la cirugía duró 12
minutos. El resultado fue maravilloso;
casi no se observan las cicatrices,
creo que es algo que por
primera vez se hizo en el mundo.
Usualmente, se opera a los dos meses, al tener un peso adecuado y que
los riñones estén un poco maduros
para soportar la anestesia. El paladar
hendido se hace a los dos años. Desde
entonces, he hecho el procedimiento
con siete bebés, dos de ellos con
defecto doble, tienen dos hendiduras.
Hay muchos niños que mueren por
desnutrición, ya que les es difícil
alimentarse por las aberturas.
Algo más
- Está casado desde hace 29
años. Tiene tres hijas. La menor
de ellas siguió sus pasos, y estudia
medicina.
- Pinta cuadros al óleo, otro de
sus pasatiempos predilectos. Ha
elaborado todos los cuadros que
decoran su casa. Además, toca
la guitarra. “Mi papá me compró
una guitarra, y aprendí al oído”,
refiere.
- Su cantante preferido, en primer
lugar, es Alberto Cortés, seguido
por Nino Bravo. De ellos
tomó algunos temas que ha incluido
en el disco que grabó recientemente.
“Son músicos con
canciones con sentido, no como
muchos de los que cantan ahora,
que no dicen nada”, comenta.
- Fue héroe anónimo en el
2001, con el programa que tenía
Bancafé.
- Su página en Internet es: http://www.asogerxel.com. Teléfono
7766-1308.
¿Por qué se da este problema?,
¿es común?
Sí, es común. Antes era reconocido
como un problema genético,
luego se estableció como un déficit
nutricional. Cuando estuve en México
se operaba un promedio de 60
niños diarios. También se ha considerado
que lo genera la falta de
ácido fólico. Pero la causa es multifactorial,
pues hay niños con una
situación económica y social buena,
pero tienen el defecto; al investigar si
es hereditario no se encuentra nada,
entonces, probablemente es un efecto
del tabaquismo, el alcohol, una
droga o medicamento, o exposición
a radiación. En países como el nuestro,
la desnutrición es la que más
incide; el mayor porcentaje de los
pacientes vive en pobreza y pobreza
extrema.
¿El haber sido operado cuando
era niño influyó en su decisión
de ser médico?
Toda mi vida quise ser médico.
Jugaba a serlo, como muchos niños.
Pero a mí también me ha gustado
mucho la música. Me debatí entre
una y otra profesión, pero mi papá,
muy acertadamente, pensó que como
músico iba a morirme de hambre, y
no me apoyó en eso, solo lo hizo para
mantenerme tranquilo. Cuando le
decía que quería grabar un disco, me
llevaba a una radio en Xela, en aquel
entonces se usaban los cartuchos, y
ya me quedaba tranquilo por un tiempo.
Si me invitaban a cantar, mi papá
me daba permiso, pero siempre que
no se convirtiera en mi prioridad.
Finalmente, me dediqué a la medicina,
pero han sido mis dos pasiones.
Si pudiera dedicarme más a la
música lo haría.
¿Qué tipo de música le gusta?
Los boleros, aquellos que se acompañan
con guitarra. Hace poco grabé
un disco que dediqué a mi esposa.
Incluí algunas canciones mías y otras
que he cantado toda mi vida. Ahora,
estoy preparando un disco que contenga
temas solo míos. También tengo
un cassete —que grabé hace 28
años, cuando trabajaba en Sololá—,
es solo con guitarra; en el reciente
tengo acompañamiento. Pero me ha
absorbido la medicina. Todo se ha
encaminado al programa que tengo.
¿En qué consiste su programa?
Desde 1984, atiendo defectos de
paladar hendido y labio leporino que
afecta a niños de pocos recursos. Con
la ayuda de amigos de Guatemala y
del extranjero hago las operaciones.
En Los Ángeles hay un grupo de
guatemaltecos que desea construir
un hospitalito en Totonicapán, especial
para estas malformaciones. La
municipalidad me otorgó el terreno,
ahora esperamos la colaboración para
edificarlo. Ellos son de Santa Lucía
Cotzumalguapa y Retalhuleu, pero
decidieron colaborar aquí (en Totonicapán).
Cuando estos guatemaltecos
residentes en Estados Unidos
vienen, hago operaciones que ellos
patrocinan.
Tengo ayudas individuales para
patrocinar cirugías. Son US$100 por
operación.
Cierta vez tuve una experiencia,
un señor pidió hablar conmigo, era de
Quiché y venía a Toto ha efectuar
unos mandados. En el camino encontró
a un niño con labio leporino,
como de 12 años, había escuchado de
mí, lo metió en el carro y lo trajo,
porque quería ayudarlo. He sido de la
opinión de que si uno ayuda debe
hacerlo bien, no hacerle problemática
la vida al paciente. Por eso le
practiqué la operación, en 20 minutos,
y se lo llevaron. Sería maravilloso
que muchas personas tuvieran
esa inquietud. También hay
quienes no se operan, porque creen
que es parte de la naturaleza, que así
los mandó Dios.
En su consultorio se miran muchas
cosas, ¿qué le obsequian sus
pacientes?
Me han dado cuadros como éste
(señala uno que hizo un paciente de
Soloma), él me ha obsequiado varios,
unos muy grandes. Si los pacientes
son de Almolonga, me regalan verduras.
Si son de Toto, del área rural,
me dan huevos criollos, gallinas,
manzanas, artículos típicos, de ésos
me han dado muchos, como mantas
bordadas. Si son de Momostenango,
me regalan ponchos que vienen con
mi nombre, son muy bonitos. Platos,
como los que mira ahí (señala
una mesa en donde
están). Depende mucho a lo que se
dediquen los familiares de quienes
atiendo. Las personas son muy agradecidas.
¿Cuál es su mayor satisfacción?
Hace dos años vinieron unos jóvenes
a hacer práctica, estudiaban
bachillerato en medicina, tenían 18
años. Ellos fueron mis pacientes, les
corregí la malformación. Me dio gusto
verlos inmersos en la vida y salir
adelante, eso es satisfactorio. He operado
a muchachos cuando ya tienen
15 ó 17 años, pues sus padres los han
tenido escondidos en sus casas, convirtiéndose
en casi salvajes, y negándoles
a tener una vida como cualquier
otro.
Este no es un trabajo para enriquecerse,
pero da satisfacciones
enormes, la sonrisa en los rostros de
los papás, cuando el niño está bien, y
saber que esos pequeños van a tener
una vida normal es lo mejor.

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