Semanario de Prensa Libre • No. 219 • 14 de septiembre de 2008

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D mundo

Pequeños destructores
Estos animales pueden aparecer en cualquier parte y de forma inesperada; su proliferación es una amenaza para el hombre.

POR julieta sandoval
ilustraciÓn: nelson xuyÁ

Son animales que al verlos parecen insignificantes, pero su reproducción masiva, en pocos días o hasta horas, los convierte en plagas que destruyen cultivos o cosechas completas pues destrozan aquello que encuentran a su paso, lo que ocasiona millonarias pérdidas monetarias. Esto las convierte en un recurrente riesgo.

Roedores e insectos destruyen, por lo menos, el 10 por ciento de las cosechas almacenadas, calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO). Su magnitud varía de región a región, de año en año, y según el tipo de cultivo y de plaga. Por ejemplo, las pérdidas en arroz se prevén en 46 por ciento, la mayoría es por insectos. Además, son vectores y transmisores de enfermedades.

Las plagas son tan antiguas como la humanidad, hay que recordar las 10 que cayeron sobre Egipto, narradas en el Antiguo Testamento. Según la FAO, en 1970 una sexta parte de la cosecha de maíz de los Estados Unidos se perdió. Una década más tarde sucedió lo mismo en la isla de Java, con el 70 por ciento de su cosecha de este grano infestada de insectos.

África y Asia occidental tienen periódicamente plagas de langosta del desierto. En condiciones de humedad se reproducen en grandes cantidades y, al ser favorecidas por vientos, llegan a recorrer miles de kilómetros. Forman nubes compuestas por más de 400 millones de insectos, cada uno de los cuales come diariamente un volumen de vegetación equivalente a su propio peso.

Las ratas son otro problema. Las comunes se encuentran en las alcantarillas o en cualquier parte de una ciudad. Su daño, en especial, es la contaminación de alimentos, al roerlos, o por sus excrementos con gran contenido de gérmenes. Viven en grupos, se reproducen rápidamente durante todo el año —hasta 10 crías, unas siete veces—, lo que demuestra la velocidad de su propagación.

De forma regular, Australia es azotada por las peores plagas de ratones en el mundo. Por eso en ese país se ha trabajado en un virus de herpes genéticamente modificado para esterilizar a este animal y detener su crecimiento. Algo similar utilizaron para detener la profusión de conejos, que una vez atacaron esa región. Cada cuatro años, se da un aumento de miles de millones de ratas. Una plaga agresiva puede costar más de US$90 millones de pérdidas en cultivos. La agencia Reuters refiere que en algunos sitios australianos las personas, para acostar a sus hijos por la noche, tienen que sacudir las sábanas para sacar a los roedores.

En India, la proliferación es un hecho que ocurre cada medio siglo, en mayor o menor medida, y deja pérdidas hasta del 50 por ciento de las cosechas. Dos meses atrás, en Bihar, uno de los estados más pobres de esa nación, las autoridades pedían a ricos y pobres comer ratas para combatir esa plaga, la subida de los precios de los alimentos y ahorrar las existencias de grano. Han llegado hasta planear ofrecerlas en los menús de los restaurantes. Dichos animales no invaden solo a países en vías de desarrollo, pues en Londres, una de las ciudades más ricas del mundo, los roedores se multiplican en varios barrios por un sistema anticuado de alcantarillado y la acumulación de basura en las calles.

Aumentan controles

Aunque el uso de plaguicidas ha ayudado, no ha detenido los daños. El uso excesivo de éstos puede perjudicar a los alimentos. Por ello, además de usar químicos, se buscan sistemas biológicos de control como utilizar enemigos naturales de las plagas. En África occidental se introdujo la avispa para detener a la babosa de la yuca, y salvar ese cultivo.

En India, las semillas del árbol neem, Azadirachta, se usan como insecticida natural para proteger las cosechas y los granos almacenados. Las sustancias activas de esa pl a n ta pueden controlar más de 200 especies, como langostas, gorgojos del maíz y gusanos del arroz, pero sin dañar a las aves, los mamíferos ni a los insectos benéficos como las abejas.

A pesar de los inventos que el hombre fabrica para destruir a los seres pequeños y aparentemente inofensivos que lo perjudican, éstos son cada vez más resistentes, pues la naturaleza los ha dotado de una extraordinaria capacidad de reproducción. Fuente:fao.org, eurosur.org, axxon.com, Reuters

Otros seres molestos

  • La helicoverpa zea es una polilla. Su larva es de las peores plagas de la agricultura. Se alimenta de muchas plantas diferentes durante el periodo larval. Se la conoce como gusano del algodón, por atacar ese cultivo. Al consumir maíz es gusano elotero. Su impacto es significativo, por el amplísimo rango de cultivos atacados y su rápida reproducción.
  • Las cucarachas son una plaga doméstica frecuente y de las más difíciles de exterminar. Su excremento puede causar alergias, además de transportar en sus cuerpos organismos infecciosos, como bacterias, protozoarios y virus.
  • Las hormigas carpinteras o las termitas causan deterioros casi totales en cualquier construcción hecha por el hombre.
  • Las palomas son consideradas símbolo de paz, pero su sobrepoblación las ha convertido en una plaga urbana desastrosa, capaz de corroer las estructuras y fachadas de los edificios y ocasionar enfermedades. También son portadoras de pulgas, garrapatas y ácaros.

 


   

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