Almas gemelas
Algunas personas tienen parecidos poco frecuentes.

Foto Prensa Libre: Carlos Sebastián
Suele ocurrirles que las dos visten
pantalones del mismo color verde. A
veces, compran las mismas cosas o los
mismos zapatos. Sin ponerse de acuerdo
ni vivir juntas, varias veces les pasa que
llevan a su trabajo la misma comida. Una
comerá pollo y arroz cuando la otra
también. Igual pasa con los fideos.
Esas coincidencias puede que sucedan
con cierta frecuencia en varias
oficinas del mundo. Lo poco común en
doña Catalina G. de Castellanos (12 abril
de 1951) y doña Gloria Marina García
Hernández (7 de marzo de 1952) son
esas y otras casualidades.
Ambas crecieron en la zona 5 de la
Ciudad de Guatemala, aunque se conocieron
cuando tenían más o menos 17
años de edad. Después de un tiempo,
cada una siguió su destino, pues se
casaron, pero se reencontraron cuando
ya habían sido abandonadas por sus
maridos, hecho que les sucedió más o
menos por la misma fecha. Cada una se
quedó cuidando a sus dos hijos varones
(ahora ya tienen 32 y 27 años de edad los de
doña Catalina, y 30 y 24 años los de doña
Gloria), por lo que, desde el abandono, se
acostumbraron a apoyarse y a salir de
paseo los seis.
La madre de doña Gloria falleció el 19
de febrero del 2005, cuando cumpliría 76
años de edad. Nueve días después,
falleció la madre de doña Catalina, a los
76 años de edad. Por azares del destino,
la madre de doña Catalina falleció el
día del cumpleaños de la madre de
doña Gloria. Las dos señoras no eran
amigas, aunque en alguna ocasión se
saludaron.
Sus dos padres no se conocieron ni
tuvieron muchas coincidencias (el padre
de doña Catalina nació en Santa
Elena Barillas, y el de doña Gloria en
Barberena, departamento de Santa Rosa),
pero una situación significativa es
que ambos murieron de manera trágica.
Otra coincidencia entre ellos dos,
dice a manera de broma doña Gloria:
“es que los dos tomaban”.
Tiempo después, una le cubrió las
vacaciones a la otra y quedó contratada
en el mismo trabajo (Prensa Libre). Es
por eso que se ven todos los días,
comparten las mismas tareas de mantenimiento,
penas y alegrías. “Somos
como hermanas”, dice doña Cata. “Ni
mis hermanos saben tanto de mí como
ella”, agrega doña Gloria. Y, finalmente,
se parecen en el carácter. Las dos
aseguran que lo tienen “fuerte”, pero
que se respetan todo el tiempo y se
tienen un profundo cariño.
(Jcl)
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
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