Semanario de Prensa Libre • No. 219 • 14 de septiembre de 2008

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En tercera persona

Almas gemelas
Algunas personas tienen parecidos poco frecuentes.

Imagen
Foto Prensa Libre: Carlos Sebastián

Suele ocurrirles que las dos visten pantalones del mismo color verde. A veces, compran las mismas cosas o los mismos zapatos. Sin ponerse de acuerdo ni vivir juntas, varias veces les pasa que llevan a su trabajo la misma comida. Una comerá pollo y arroz cuando la otra también. Igual pasa con los fideos.

Esas coincidencias puede que sucedan con cierta frecuencia en varias oficinas del mundo. Lo poco común en doña Catalina G. de Castellanos (12 abril de 1951) y doña Gloria Marina García Hernández (7 de marzo de 1952) son esas y otras casualidades.

Ambas crecieron en la zona 5 de la Ciudad de Guatemala, aunque se conocieron cuando tenían más o menos 17 años de edad. Después de un tiempo, cada una siguió su destino, pues se casaron, pero se reencontraron cuando ya habían sido abandonadas por sus maridos, hecho que les sucedió más o menos por la misma fecha. Cada una se quedó cuidando a sus dos hijos varones (ahora ya tienen 32 y 27 años de edad los de doña Catalina, y 30 y 24 años los de doña Gloria), por lo que, desde el abandono, se acostumbraron a apoyarse y a salir de paseo los seis.

La madre de doña Gloria falleció el 19 de febrero del 2005, cuando cumpliría 76 años de edad. Nueve días después, falleció la madre de doña Catalina, a los 76 años de edad. Por azares del destino, la madre de doña Catalina falleció el día del cumpleaños de la madre de doña Gloria. Las dos señoras no eran amigas, aunque en alguna ocasión se saludaron.

Sus dos padres no se conocieron ni tuvieron muchas coincidencias (el padre de doña Catalina nació en Santa Elena Barillas, y el de doña Gloria en Barberena, departamento de Santa Rosa), pero una situación significativa es que ambos murieron de manera trágica. Otra coincidencia entre ellos dos, dice a manera de broma doña Gloria: “es que los dos tomaban”.

Tiempo después, una le cubrió las vacaciones a la otra y quedó contratada en el mismo trabajo (Prensa Libre). Es por eso que se ven todos los días, comparten las mismas tareas de mantenimiento, penas y alegrías. “Somos como hermanas”, dice doña Cata. “Ni mis hermanos saben tanto de mí como ella”, agrega doña Gloria. Y, finalmente, se parecen en el carácter. Las dos aseguran que lo tienen “fuerte”, pero que se respetan todo el tiempo y se tienen un profundo cariño.

(Jcl)

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