Semanario de Prensa Libre • No. 220 • 21 de septiembre de 2008

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D folclor

Bandas de mi pueblo
Durante décadas han sido actores en la visita de presidentes, desfiles, cortejos fúnebres, procesionales y bailes.



Durante varias décadas del siglo pasado, los jardines de parques centrales de las ciudades del país fueron testigos de conciertos de las bandas de música. Las interpretaciones de estos grupos fueron el marco ideal del inicio de historias de amor que culminaron en matrimonios o fugaces idilios.

En esos años, en las plazas de las provincias se reunían los parroquianos, con distintos objetivos. Los adultos, por ejemplo, llegaban para disfrutar de las melodías, y se sentaban en bancas o paseaban entre los jardines conversando con amigos. Las muchachas solteras caminaban alrededor del parque, mientras los jóvenes lo hacían en sentido contrario, con el fin de entablar contacto con alguna señorita de su agrado.

La raíz de estos grupos musicales data de varios siglos, pero tomó un giro más formal durante el gobierno Liberal (a partir de 1871). El antropólogo e investigador de la Universidad de San Carlos, Alfonso Arrivillaga, cuenta que el gobierno de Justo Rufino Barrios se interesó en la cultura europea, e intentó llevar las bandas musicales a otro nivel. Fue así como se establecieron la Escuela de Formación Musical Sustitutos (1875) y la Banda Marcial (1877).

El nombre de éstas ha cambiado con los años. La de Sololá, por ejemplo, —fundada en 1940— se llamó, inicialmente, Banda de Musica Marcial; después, municipal; luego, militar, y en la actualidad, banda de música civil. Esta transformación ha ocasionado que el color de los uniformes también varíe. “Al principio fue de estilo y color militar, después similar al de la desaparecida Policía Nacional, y ahora tenemos un uniforme sencillo, común y corriente”, explica Miguel Ángel Atz, director del grupo.

En la actualidad, estos conciertos aún se llevan a cabo, pero con menor jolgorio. Son amenizados por las bandas de música civil que, administrativamente, forman parte de las gobernaciones departamentales (Ministerio de Gobernación).

En Chimaltenango, por ejemplo, el público tiene la oportunidad de disfrutar estos recitales los martes y jueves, de 16.30 a 18 horas; mientras que en Antigua Guatemala, los viernes, de las 16 a las 18 horas. En otros departamentos se hacen los viernes o domingos, incluso, durante las noches.

Particulares

Los grupos que pertenecen a las gobernaciones departamentales no son los únicos que animan los acontecimientos sociales de la provincia. También se han formado otras bandas particulares, con el mismo fin. Tienen un repertorio el que interpretan desde marchas fúnebres hasta música internacional.

La diferencia entre ambos grupos es que, mientras las bandas de música civil no cobran por sus servicios, porque su objetivo es la proyección social y cultural, las particulares cobran por cada hora de trabajo.

Carlos Arévalo, secretario administrativo de la Gobernación Departamental de Chimaltenango, dice que la banda de ese departamento participa en todos los actos protocolarios gubernamentales, conciertos públicos, coronaciones de reinas de feria, desfiles escolares, deportivos, procesiones religiosas y algunos cortejos fúnebres. “Lo único que deben costear los solicitantes es el transporte y alimentación de los músicos”, agrega.

Su repertorio no abarca únicamente marchas y el himno nacional, también música popular como merengues, cumbias y hasta corridos. “Lo hacemos para alegrar al público, ya que solicitan ese tipo de melodías”, refiere Ósman Ávila, director de la banda de Chimaltenango.

Víctor Abaj, integrante de una banda particular de esa misma ciudad, cuenta que ellos amenizan eventos similares y cobran, aproximadamente, Q25 la hora, por cada integrante. A diferencia de la orquesta de Gobernación que ensaya a diario, los miembros de grupos particulares lo hacen ocasionalmente, ya que la experiencia de muchos años los ha convertido en maestros. “Solo nos avisamos entre sí y vamos a eventos como procesiones, entierros y celebraciones de cofradías”, afirma Abaj.

  • Alfonso Arrivillaga, investigador y antropólogo de la Universidad
    de San Carlos, relata algunos sucesos que dieron
    origen a la formación de las bandas.
  • Los instrumentos de viento empezaron a tener importancia
    dentro de la Iglesia Católica, en el período colonial.
  • De esas prácticas se derivaron las bandas que acompañaban
    las procesiones.
  • Rafael Carrera, en 1839, trajo del área rural una banda
    conocida como La Tambora, de la cual se hizo mofa por su
    mala calidad musical.
  • Justo Rufino Barrios pretendía que las bandas que existieran
    tuvieran una expresión formal, y fundó la Escuela de
    Formación Musical Sustitutos y la Banda Marcial.
  • Trajo al alemán Emilio Dressner que junto a Germán
    Alcántara y Fabián Rodríguez fueron los actores clave de la
    formación musical.
 
   

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