Semanario de Prensa Libre • No. 220 • 21 de septiembre de 2008

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En primera persona

Tío Lesho
“Sabía reparar relojes, máquinas o molinos de nixtamal y, además, fue alcalde”.

Imagen
Foto Prensa Libre: JAR

Hace pocos días partió, a sus casi cien años, el conocido Tío Lesho ( Tereso Donis Reynoso), originario de Mataquescuintla, Jalapa. Recordado por sus multifacéticas maneras de ayudar a su pueblo campesino, fue un hombre inteligente que aprendió a leer casi solo. Formado a lo rudo, fue de los primeros en manejar automóvil, y recordaba muy bien la primera gasolinera de don Walter Siebol, situada en la 7a. avenida y 18 calle de la zona 1. Contaba que cuando se trasladaban con bestias de la capital, las guardaban en el Mesón San Agustín.

Como buen autodidacta, sabía reparar relojes, máquinas o molinos de nixtamal. Fue alcalde de su pueblo durante la Liberación. Introdujo la primera planta eléctrica. Su militancia política le valió que lo metieran al bote, con la caída de Árbenz. Conformó un comité de salud, que felizmente se inauguró y cuyo primer director fue el médico Julio Penados del Barrio.

Tío Lesho consiguió la ambulancia que él mismo manejó y a la que dio mantenimiento. Salvó muchas vidas, porque no le importaba la hora en que llegaran a tocar su puerta para llevarlos al hospital de Jalapa, en donde otro gran hombre de igual corazón también los atendía.

El visionario don Teco —como también se le decía debido a su nombre, Tereso — siempre colaboró en forma desinteresada con los planes de estudios de la Universidad de San Carlos que empezó la facultad de Odontología con el tesonero trabajo de los médicos Enrique Pomez, Otto Menéndez, Édgar Morán y otros.

Muchos estudiantes se alojaron en su casa, que se convirtió en un lugar de peregrinación, a veces para pedir consejo de cómo pedir novias. Adiós, Tío Lesho. Dicen los vecinos que por las noches aún oyen el ruido de su pequeño Jeep.

Dr. Jose Alfaro Rodríguez
josealfaror@g.com

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