Taiwan, ciudad que nunca duerme
Esta metrópoli nos recuerda lo que
decía Confucio, hay que transmitir
“la cultura a todo el mundo, sin
distinción de razas ni de categorías”.

Templo Pao-an de la religión Tao
textos y fotos: lucÍa herrera
Viajar a la isla de
Formosa es
transportarse a
un mundo lleno
de tradiciones,
misterios, tecnología,
misticismo, trabajo, educación,
orden, amabilidad,
negocios y gastronomía.
Las más de 20 horas de
vuelo hasta la República
de China, Taiwán, quedan
en el olvido cuando al salir
del aeropuerto y recorrer
las carreteras, se puede
apreciar ese contraste entre
la modernidad, antigüedad
y tradición de su
arquitectura. Además, la
hospitalidad y amabilidad
de los taiwaneses sale a
relucir desde el primer
momento, a pesar de que la
comunicación verbal sea
difícil, porque casi nadie
habla el español, y muy
pocos en inglés comprensible,
tratan de valerse de
todos los recursos a su alcance
para darse a entender,
ofrecerle la bienvenida
a su país y proporcionarle
todas las comodidades
necesarias.
Luego de un merecido
descanso, las energías están
listas para empezar a
recorrer la urbe. El sistema
de transporte es muy organizado,
y se puede hacer
en taxi o en el metro, en
donde las estaciones están
claramente señalizadas,
también en inglés.
Los sitios a visitar pueden
ser variados, acordes a
los propósitos del viaje, pero sin duda no puede
faltar el Museo Nacional
del Palacio, que se fundó
en 1925 en la ciudad prohibida
de Pekín, y años
más tarde, debido a la guerra
con Japón, fueron trasladadas
las más de 600 mil
piezas a Taiwán. El museo
cuenta con guías en español
que llevan por los
tres pisos del lugar en un
recorrido por la historia
del arte chino.
En las calles no pasarán
desapercibidas las miles
de motocicletas que transitan
o están estacionadas;
al menos hay una o dos por
familia, 3 millones en todo
Taiwán, aproximadamente.
Los negocios están presentes
por todas partes y
abiertos a cualquier hora
del día, almacenes que
compiten por tener el rótulo
más llamativo, con mayor iluminación y que
venden desde ropa, calzado
y accesorios hasta
los tradicionales y característicos
electrónicos
taiwaneses, famosos en
todo el mundo. Y, por supuesto,
los locales de comida,
formales o informales,
donde se puede
degustar de una gran variedad
de platillos típicos.
Por cierto, muy diferentes
a lo que aquí se conoce
como comida china.
Los templos son lugares
muy interesantes, allí
llegan las personas de todas
las edades a pedir
bendiciones y preguntar
a los maestros o dioses si
están siguiendo el camino
correcto.
Otro de los atractivos
principales es el Taipei
101, el tercer rascacielos
más alto del mundo. Un
edificio impresionante
que cuenta con un centro
comercial en los primeros
pisos y es el centro
financiero más imponente
de Taiwán. El público
puede subir hasta el piso
89, en un elevador de gran
velocidad (los 89 pisos se
suben en 37 segundos),
allí se puede divisar un
paisaje fenomenal por
sus diferentes puntos.
Visite los mercados
nocturnos, en donde se
encuentran ventas de comida
muy tradicionales y
exóticas, y ventas informales
de casi cualquier
artículo de interés.
Taiwán, como dicen,
“es la ciudad que nunca
duerme”.

Lugares de interés
- El Té en muy tradicional
dentro de la
cultura china, dentro
de la ciudad existen
varias fábricas de
gran tradición, una de
ellas es Wang Tea, en
donde además de poder
comprar diferentes
tés, se puede ver
la tradicional ceremonia
de fabricación y
prepa ración.
- Si quiere conocer
su futuro, en las calles
es común encontrar
adivinos que por una
pequeña cantidad de
dinero se lo predicen.
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