Semanario de Prensa Libre • No. 220 • 21 de septiembre de 2008

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D portafolio
   > D astronomía
   > D fondo
   > D folclor
   > D mundo
   > D recomendación
   > D farandula
   > D viaje
   > D Punto final

 


D viaje

Taiwan, ciudad que nunca duerme
Esta metrópoli nos recuerda lo que decía Confucio, hay que transmitir “la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías”.

Imagen
Templo Pao-an de la religión Tao

textos y fotos: lucÍa herrera

Viajar a la isla de Formosa es transportarse a un mundo lleno de tradiciones, misterios, tecnología, misticismo, trabajo, educación, orden, amabilidad, negocios y gastronomía.

Las más de 20 horas de vuelo hasta la República de China, Taiwán, quedan en el olvido cuando al salir del aeropuerto y recorrer las carreteras, se puede apreciar ese contraste entre la modernidad, antigüedad y tradición de su arquitectura. Además, la hospitalidad y amabilidad de los taiwaneses sale a relucir desde el primer momento, a pesar de que la comunicación verbal sea difícil, porque casi nadie habla el español, y muy pocos en inglés comprensible, tratan de valerse de todos los recursos a su alcance para darse a entender, ofrecerle la bienvenida a su país y proporcionarle todas las comodidades necesarias.

Luego de un merecido descanso, las energías están listas para empezar a recorrer la urbe. El sistema de transporte es muy organizado, y se puede hacer en taxi o en el metro, en donde las estaciones están claramente señalizadas, también en inglés.

Los sitios a visitar pueden ser variados, acordes a los propósitos del viaje, pero sin duda no puede faltar el Museo Nacional del Palacio, que se fundó en 1925 en la ciudad prohibida de Pekín, y años más tarde, debido a la guerra con Japón, fueron trasladadas las más de 600 mil piezas a Taiwán. El museo cuenta con guías en español que llevan por los tres pisos del lugar en un recorrido por la historia del arte chino.

En las calles no pasarán desapercibidas las miles de motocicletas que transitan o están estacionadas; al menos hay una o dos por familia, 3 millones en todo Taiwán, aproximadamente. Los negocios están presentes por todas partes y abiertos a cualquier hora del día, almacenes que compiten por tener el rótulo más llamativo, con mayor iluminación y que venden desde ropa, calzado y accesorios hasta los tradicionales y característicos electrónicos taiwaneses, famosos en todo el mundo. Y, por supuesto, los locales de comida, formales o informales, donde se puede degustar de una gran variedad de platillos típicos. Por cierto, muy diferentes a lo que aquí se conoce como comida china.

Los templos son lugares muy interesantes, allí llegan las personas de todas las edades a pedir bendiciones y preguntar a los maestros o dioses si están siguiendo el camino correcto.

Otro de los atractivos principales es el Taipei 101, el tercer rascacielos más alto del mundo. Un edificio impresionante que cuenta con un centro comercial en los primeros pisos y es el centro financiero más imponente de Taiwán. El público puede subir hasta el piso 89, en un elevador de gran velocidad (los 89 pisos se suben en 37 segundos), allí se puede divisar un paisaje fenomenal por sus diferentes puntos.

Visite los mercados nocturnos, en donde se encuentran ventas de comida muy tradicionales y exóticas, y ventas informales de casi cualquier artículo de interés.

Taiwán, como dicen, “es la ciudad que nunca duerme”.


Lugares de interés

  • El Té en muy tradicional dentro de la cultura china, dentro de la ciudad existen varias fábricas de gran tradición, una de ellas es Wang Tea, en donde además de poder comprar diferentes tés, se puede ver la tradicional ceremonia de fabricación y prepa ración.
  • Si quiere conocer su futuro, en las calles es común encontrar adivinos que por una pequeña cantidad de dinero se lo predicen.

   

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com