Semanario de Prensa Libre • No. 221 • 28 de septiembre de 2008

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D cultura

Piezas de exhibición
Un simple objeto de porcelana blanca adquiere belleza mágica al ser pintado a mano.

Imagen

Por julieta sandoval
fotos: carlos sebastian

La porcelana pintada a mano se ha hecho más accesible para quienes gustan del arte. Atrás quedó el tiempo en el que se guardaban celosamente los productos para su elaboración o eran considerados artículos exclusivos de la realeza, que acostumbraba a tomar el té en piezas decoradas de forma delicada, lo que les dio prestigio y, por consiguiente, elevó su valor.

Ahora cualquier persona que desee aprender este arte puede efectuar trabajos tan elaborados como lo hacían, en épocas pasadas, artesanos especializados. Es como pintar en un lienzo en blanco, pero la superficie es sólida y con diferentes formas: platos, tazas, jarrones o cuadros. “Cualquier cosa que esté hecha de porcelana”, dice Margarita de González, presidenta de la Asociación Guatemalteca de Pintores de Porcelana.

En estos artículos se puede reproducir la imagen que se desee, ya sea al utilizar calco o dibujos a mano alzada, como lo hace Carlota de Peter, quien lleva más de 30 años desarrollando esta afición, la que hace ver fácil, pues en pocos minutos un plato en blanco adquiere gracia y encanto al ser decorado con delicadas flores. Con pinturas y pinceles se trazan desde bodegones, paisajes, animales, plantas y personas, hasta imitar obras antiguas del Renacimiento.

De Peters dice que cuando son imágenes muy elaboradas como un retrato entonces sí utiliza la copia. Una pieza posee mayor fastuosidad cuanto más técnicas se han empleado en ella, como el grabado, relieve, oro o plumilla. “Es un arte sin límite”, agrega Margarita de González.

El atractivo de la porcelana es haber sido pintada a mano con delicadeza y pulcritud; las convierte en únicas. De González comenta que existen objetos elaborados empleando calcomanías que al venderse en grandes cantidades y en serie, les disminuye valor.

En Guatemala se empezó con esta técnica, aproximadamente, hace 30 años. Las entrevistadas fueron de las primeras que aprendieron esta técnica. De González lo hizo en Sudamérica; y De Peters en Guatemala, pero luego se especializó con cursos en el extranjero. Ellas junto a otras personas amantes de este arte han formaron un asociación en donde se ha profundizado en los conocimientos y los transmiten a quienes lo deseen, sin importar que posean o no habilidades para el dibujo, “pues el deseo es lo que importa”, aseguran. Hay estudiantes de 10 hasta 80 años.

Esa búsqueda de saber más llevó a Lourdes Gutiérrez de De la Riva a inventar, en 1979, un aerosol para porcelana llamado China Mist, a base de colores minerales y aceite, que sirve para dar un acabado perfecto.

Una pieza puede terminarse en un día o en un mes, pero cada una podría llegar a ser una obra de arte.

Historia

  • Los inicios de la porcelana pintada se remontan a cuatro mil años, en China, en los yacimientos de Kaoling, que han dado nombre a la materia prima de la porcelana. Su mayor esplendor lo alcanzó durante el siglo XIII.
  • El nombre porcelana es sinónimo de cau- co , una concha marina blanca. A su regreso de China, Marco Polo escribió en sus memorias sobre la belleza de este material y de cómo era extraído del mar. Hasta ese momento no se conocía su fórmula.
  • En algunos lugares de Oriente se utilizó como moneda de cambio.
  • En tiempo de los Medicis, en el Renacimiento, se consiguió una pasta elaborada con caolín y silicatos de cuarzo vidrioso, con una cobertura de esmalte y mezcla de estaño.
  • La verdadera porcelana, conocida como dura, logró su esplendor entre 1708 y 1709, al aparecer, cuando el alquimista alemán Friedrich Böttger consiguió una fórmula cuyo resultado se aproximó mucho a la cerámica china: tierra fina y grisácea de Kolditz, conocida como caolín o alabastro, pero descubrió que el secreto estaba en la cocción.

 

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