Semanario de Prensa Libre • No. 221 • 28 de septiembre de 2008

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D familia

Padres fuera de serie
Algunos hombres han tomado las riendas de las tareas domésticas, mientras sus esposas trabajan en EE. UU.


Francisco apoya a sus hijos en las tareas escolares.

por francisco mauricio martinez
fotos: carlos sebastian y archivo

Ser el responsable de las tareas de hogar fue algo que nunca estuvo en los planes de Francisco Laínez cuando se casó con Mayra Mencos. Preparar el desayuno, almuerzo, cena y hacer la limpieza, como acostumbra hacerlo una ama de casa tradicional, son trabajos que forman parte de su rutina desde hace cuatro años y medio, cuando su esposa se vio obligada a marcharse a Estados Unidos, debido a que la empresa de calzado que tenían quebró como consecuencia de la delincuencia.

En la actualidad, Laínez se dedica al cien por ciento a las tareas de la casa, mientras Mayra trabaja en un restaurante de tacos mexicanos en Houston, donde es la gerente. Envía mensualmente, unos Q5 mil para la manutención de sus tres hijos, Clara (13 de años) Mildred (10) y Javier (5). “Me siento contento de cumplir con este rol, ahora comprendo que uno de padre también tiene que ocuparse de los patojos. Nunca lo pensé, pero es satisfactorio ayudar a sacar adelante a los hijos”, comenta.

Esta familia respira un tanto tranquila debido a que ha logrado pagarlas deudas que mantenía, entre éstas, la hipoteca de la casa. La caída de la empresa se debió a que varias veces se entraron a robarles a las zapaterías, siendo el que puso final a su negocio uno de Q140 mil. Desesperados por no tener otra fuente de ingresos, ella decidió marcharse a la ciudad estadounidense donde residía uno de sus hermanos. “Con lo que envía ya pagamos todo, sólo debo una tarjeta de crédito de US$2 mil y ella como Q6 mil”, indica.

La historia de esta pareja es uno de los pocos casos en los cuales los papeles de la pareja se han invertido. Lo normal es que el hombre migre a Estados Unidos en busca de dólares y luego los envíe a la familia que se queda. Sin embargo, cada vez más el fenómeno de la migración se extiende a las mujeres, lo cual se revela cuando las noticias de Prensa dan a conocer deportaciones o son detenidas en su intento por llegar.

El ritmo de crecimiento de las remesas en los últimos años ha perdido fuerza este año, ya que entre enero y agosto el ingreso acumulado por este concepto registró un alza de apenas 7 por ciento respecto del mismo período del 2007, cuando fue de 14.58 por ciento.

  • Según la Organización Internacional para la Migraciones (OIM) alrededor de 1.3 millones de guatemaltecos viven en Estados Unidos.
  • Cerca de 60 por ciento de ellos como indocumentados. Las remesas constituyen casi el 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
  • El reporte del Banguat indica que durante agosto, los guatemaltecos que viven en el extranjero enviaron US$373.5 millones, frente a los US$381 millones del mismo mes del año pasado.

 

José y María van al colegio

El ajetreo que vive Francisco es similar al de José Carlos Gómez, quien reside en la colonia Primero de Julio. Sus tareas domésticas comienzan a las cinco de la mañana cuando prepara cereal para sus hijos y las loncheras. Revisa que los uniformes vayan bien planchados y que no falte nada en los bolsones de José Carlos (9 años) y María José (8), quienes una hora más tarde se marcharán en el autobús del colegio.

José Carlos se siente feliz y dichoso de haber roto el estereotipo de la familia tradicional guatemalteca, en la que el cuidado de los hijos recae en la madre. A diferencia del caso de la familia Laínez Mencos, la partida de su esposa, América Rodríguez, a Los Ángeles se debió a que ambos se quedaron sin trabajo cuando uno de los bancos del sistema quebró, y ella fue despedida del puesto de secretaria de una maquila ubicada en Mixco. “Al principió me sentía mal y me daba vergüenza, pero ahora eso ya pasó y me ayuda mucho que mi esposa me diga: Alguien tiene que cuidar a nuestros hijos y quien mejor que vos”.

El único que temor que aflije a ambas parejas es que un día reciban la sorpresa de ser deportadas. “Eso nos acabaría porque aquí no hay trabajo y creo que si eso sucede, entonces yo me iría a los Estados”, advierte José Carlos.

Situaciones como las anteriores son cada vez más comunes en Guatemala, aunque muy pocos hombres se atreven a revelar el papel que llevan a cabo, debido a los patrones culturales preexistentes. El sociólogo Juan José Ramírez dice que “tradicionalmente los roles de la familia han sido vistos bajo una perpectiva patriarcal y machista, donde se ve a las madres como las únicas responsables de cuidar a los hijos”

 

   

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