Cerca del infierno
Las cárceles de Bautzen, infiernos en Alemania.
textos y fotos: viviana ruiz
Bautzen es una típica ciudad
alemana, capital histórica
en la región Oberlausitz.
Sus calles y edificios
se asemejan a los
descritos por los hermanos Grimm
en el cuento Hansel y Gretel. Durante
la primavera, su clima es muy
agradable gracias a la brisa que le
ofrece el río Spree. Sin embargo, sus
veranos e inviernos son extremos.
En los años de 1950, aunque ya lucía
así de encantadora, fueron construidas
dos de las cárceles más famosas
de la Stasi —Ministerium für
Staatssicherheit (Ministerio para la Seguridad
del Estado)—. Su misión, ser
un implacable servicio secreto tanto
fuera como dentro de la extinta República
Democrática Alemana
( RDA).
Fue así como en los alrededores
de las construcciones medievales de
la “apacible ciudad” se levantaron
fachadas de palacios que encubrían
las pequeñas y frías celdas adonde
eran llevados los prisioneros políticos
que estaban en contra del
sistema implantado por los rusos.

Estos supuestos vándalos fueron
delatados por alguno de los 91 mil
espías que estaban al servicio del
sistema o por alguno de los 300 mil
informantes civiles, encargados de
vigilar cada uno de los movimientos
de los habitantes sospechosos de no
simpatizar con el régimen. Se dice
que de los 16 millones de ex ciudadanos
germano-orientales, seis
millones fueron espiados.
El Partido Socialista Unificado
gobernó con mano férrea en la República Democrática Alemana desde
1949 hasta la caída del Muro de Berlín
(1989) y sus brutales prácticas clandestinas
son aún recordadas con repudio
por los alemanes de hoy.
Las prisiones Bautzen I y II supuestamente
no eran conocidas por
aquellos años. Sin embargo, sus edificios
fueron ubicados en áreas residenciales
desde los cuales se podía
observar lo que pasaba dentro de esas
“maravillosas construcciones”.
Michael Lederman, un estudiante
inglés que colabora como guía en el
recorrido que puede hacerse dentro de
Bautzen I, relata, con el seño fruncido,
cómo llevaban a los prisioneros: “Utilizaban autos iguales a los empleados
por los repartidores de pescado, sin
embargo, su estructura interior era
totalmente diferente: cada uno de estos
pequeños autos estaban divididos
en diminutos compartimientos, de no
más de un metro cuadrado de espacio,
en donde colocaban a uno de
los prisioneros esposado. Ningún cubículo
tenía ventana con vidrio blanco,
así que la mayoría nunca supo a
donde fue llevado”.
“La tortura empezaba desde allí
—cuenta —, pero adentro de Bautzen
las cosas eran mucho más brutales”.
Entrar a esta edificación produce
una sensación de soledad. Un estrecho
y frío pasillo conduce hacia las
celdas. Una puerta de barrotes y una
escalera de metal, que llega al tercer
piso, era lo que veían los condenados
al encierro. Cada una de las celdas, de
dos metros cuadrados, tenía un catre
y un retrete. En la parte superior, unaventana con los vidrios pintados de
negro. Uno de los castigos era que los
prisioneros no pudieran ver la luz del
sol.
En el verano nunca se abrían esas
ventanas, pero en el invierno sí, porque
durante la época de calor, la celda se
convertía en un infierno, y en los
meses de frío, en un Ártico, así que los
agentes de la Stasi abrían de par en par
las ventanas para que el hielo entrara y
congelara aún más los cuerpos de los
condenados.
Otro de los castigos que ponían en
práctica era conocido como “caos ”;
consistía en
darle, por un
tiempo, ciertos
privilegios
al reo,
como hablar,
salir de su
celda y caminar
por
los pasillos,
o dejarlo ver
algún programa
de televisión
y, al
poco tiempo,
le informaban
que todo
quedaba en
el olvido y
que no tenía
derecho, incluso,
ni a
dormir; debía
permanecer
de pie todo el
día y toda la
noche.
En cuanto
a la comida,
era poca y de
vez en cuando.
El prisionero
únicamente
contaba con su uniforme y nada
más.
Las familias de estos hombres tampoco
supieron donde se encontraban,
porque las visitas no eran permitidas.
Todas las semanas, el reo debía escribir
una pequeña carta dirigida a sus
seres queridos, en la que se le informaba
que se encontraba en excelente
estado de salud y sin ningún
problema, cosa que nunca fue así.
La Stasi fue disuelta en 1989, tras la
caída del Muro. Aún hoy se destapa en
la prensa germana la faceta de espía de
relevantes deportistas, intelectuales o
políticos alemanes, y quienes lograron
sobrevivir a las torturas de este servicio,
nunca más han pisado las cárceles
de Bautzen, a las que llaman “una
puerta antes del infierno”.
Opresión
- Para sus fundadores, la Stasi
debía ser “el escudo y la
espada del Partido Comunista”.
Su sede se ubicó en Berlín
Oriental, y hoy se puede contemplar
tanto su antigua central,
en la Normannenstrasse,
como algunas de sus temidas
cárceles, en las que se practicó
todo tipo de torturas.
- Las actas de la Stasi ocupan
114 kilómetros y se pueden
consultar desde 1992. Mucha
gente descubre cómo vecinos,
amigos, e incluso, su cónyuge
se dedicaron a informar sobre
su vida privada.
- Uno de sus miembros más
famosos fue el llamado Hombre
sin rostro, el fallecido Markus
Wolf, jefe de la HVA, el departamento
exterior de la Stasi,
quien llegó a escribir sus memorias,
en donde defendía, junto
a otros espías germano-
orientales, sus pasadas actividades.
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