Semanario de Prensa Libre • No. 221 • 28 de septiembre de 2008

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D mundo

Cerca del infierno
Las cárceles de Bautzen, infiernos en Alemania.

textos y fotos: viviana ruiz

Bautzen es una típica ciudad alemana, capital histórica en la región Oberlausitz. Sus calles y edificios se asemejan a los descritos por los hermanos Grimm en el cuento Hansel y Gretel. Durante la primavera, su clima es muy agradable gracias a la brisa que le ofrece el río Spree. Sin embargo, sus veranos e inviernos son extremos. En los años de 1950, aunque ya lucía así de encantadora, fueron construidas dos de las cárceles más famosas de la Stasi —Ministerium für Staatssicherheit (Ministerio para la Seguridad del Estado)—. Su misión, ser un implacable servicio secreto tanto fuera como dentro de la extinta República Democrática Alemana ( RDA).

Fue así como en los alrededores de las construcciones medievales de la “apacible ciudad” se levantaron fachadas de palacios que encubrían las pequeñas y frías celdas adonde eran llevados los prisioneros políticos que estaban en contra del sistema implantado por los rusos.

Estos supuestos vándalos fueron delatados por alguno de los 91 mil espías que estaban al servicio del sistema o por alguno de los 300 mil informantes civiles, encargados de vigilar cada uno de los movimientos de los habitantes sospechosos de no simpatizar con el régimen. Se dice que de los 16 millones de ex ciudadanos germano-orientales, seis millones fueron espiados.

El Partido Socialista Unificado gobernó con mano férrea en la República Democrática Alemana desde 1949 hasta la caída del Muro de Berlín (1989) y sus brutales prácticas clandestinas son aún recordadas con repudio por los alemanes de hoy.

Las prisiones Bautzen I y II supuestamente no eran conocidas por aquellos años. Sin embargo, sus edificios fueron ubicados en áreas residenciales desde los cuales se podía observar lo que pasaba dentro de esas “maravillosas construcciones”.

Michael Lederman, un estudiante inglés que colabora como guía en el recorrido que puede hacerse dentro de Bautzen I, relata, con el seño fruncido, cómo llevaban a los prisioneros: “Utilizaban autos iguales a los empleados por los repartidores de pescado, sin embargo, su estructura interior era totalmente diferente: cada uno de estos pequeños autos estaban divididos en diminutos compartimientos, de no más de un metro cuadrado de espacio, en donde colocaban a uno de los prisioneros esposado. Ningún cubículo tenía ventana con vidrio blanco, así que la mayoría nunca supo a donde fue llevado”.

“La tortura empezaba desde allí —cuenta —, pero adentro de Bautzen las cosas eran mucho más brutales”. Entrar a esta edificación produce una sensación de soledad. Un estrecho y frío pasillo conduce hacia las celdas. Una puerta de barrotes y una escalera de metal, que llega al tercer piso, era lo que veían los condenados al encierro. Cada una de las celdas, de dos metros cuadrados, tenía un catre y un retrete. En la parte superior, unaventana con los vidrios pintados de negro. Uno de los castigos era que los prisioneros no pudieran ver la luz del sol.

En el verano nunca se abrían esas ventanas, pero en el invierno sí, porque durante la época de calor, la celda se convertía en un infierno, y en los meses de frío, en un Ártico, así que los agentes de la Stasi abrían de par en par las ventanas para que el hielo entrara y congelara aún más los cuerpos de los condenados.

Otro de los castigos que ponían en práctica era conocido como “caos ”; consistía en darle, por un tiempo, ciertos privilegios al reo, como hablar, salir de su celda y caminar por los pasillos, o dejarlo ver algún programa de televisión y, al poco tiempo, le informaban que todo quedaba en el olvido y que no tenía derecho, incluso, ni a dormir; debía permanecer de pie todo el día y toda la noche.

En cuanto a la comida, era poca y de vez en cuando. El prisionero únicamente contaba con su uniforme y nada más.

Las familias de estos hombres tampoco supieron donde se encontraban, porque las visitas no eran permitidas. Todas las semanas, el reo debía escribir una pequeña carta dirigida a sus seres queridos, en la que se le informaba que se encontraba en excelente estado de salud y sin ningún problema, cosa que nunca fue así.

La Stasi fue disuelta en 1989, tras la caída del Muro. Aún hoy se destapa en la prensa germana la faceta de espía de relevantes deportistas, intelectuales o políticos alemanes, y quienes lograron sobrevivir a las torturas de este servicio, nunca más han pisado las cárceles de Bautzen, a las que llaman “una puerta antes del infierno”.

Opresión

  • Para sus fundadores, la Stasi debía ser “el escudo y la espada del Partido Comunista”. Su sede se ubicó en Berlín Oriental, y hoy se puede contemplar tanto su antigua central, en la Normannenstrasse, como algunas de sus temidas cárceles, en las que se practicó todo tipo de torturas.
  • Las actas de la Stasi ocupan 114 kilómetros y se pueden consultar desde 1992. Mucha gente descubre cómo vecinos, amigos, e incluso, su cónyuge se dedicaron a informar sobre su vida privada.
  • Uno de sus miembros más famosos fue el llamado Hombre sin rostro, el fallecido Markus Wolf, jefe de la HVA, el departamento exterior de la Stasi, quien llegó a escribir sus memorias, en donde defendía, junto a otros espías germano- orientales, sus pasadas actividades.

 


   

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