Rosario Castellanos
Prolongadas estancias en
Chiapas, el acceso a documentos
oficiales, nuevas lecturas y
pláticas con personas que la
trataron durante su permanencia
en San Cristóbal —custodios
cariñosos de fotografías,
cartas y recortes de periódicos —, más la amistad
personal con la escritora, dieron
vida a este libro, construido
alrededor de una recopilación
antológica: nueve
obras de teatro, un relato,
dos notas educativas,
dos ensayos y
cuatro artículos, en
los que la autora reflexiona
desde la
experiencia de su
confrontación personal
con la realidad
de Chiapas, acerca
de los propósitos y
alcances del teatro
guiñol para indígenas.
A lo largo del texto se
reproducen fragmentos
de conversaciones
y entrevistas, más una
muestra hemerográfica
con abundantes acercamientos
a su poesía y al
ciclo narrativo chiapaneco,
no siempre a resguardo
de los encasillamientos
“corriente indigenista ”, “escuela nacionalista”, “tendencia regionalista ”, de los que no participó.
El indigenismo de los
cincuenta, el círculo de los
antropólogos en un medio de
confrontación ladino-indígenas,
la “antropología aplicada”
y el teatro guiñol, son algunos
de los temas que contiene este
libro.
Rosario Castellanos,
su presencia
en la antropología mexicana.
Carlos Navarrete. 191
páginas.
Universidad Nacional
Autónoma de México.
PRESTO NON TROPPO
Pues sí, Carlitos,
¿qué pasó?
Desde un principio fue obvio para los muchos que
siguieron paso a paso el desarrollo del concurso Latin
American Idol 2007 que, a pesar de sus virtudes, Carlos
Peña no iba a ganar sólo con base en su desempeño
musical. Era necesario que los fans se engancharan con lo
que más fácilmente podían hacer: gastar una millonada en
mensajitos telefónicos (a casi un dólar cada mensaje) para
empujar estadísticamente al representante nacional, en un
ardid que tuvo mucho de estrategia publicitaria pero poco
de trascendencia artística. Y eso fue lo que sucedió.
Millares de guatemaltecos respondieron a la convocatoria
y Carlitos ganó. Recuerdo las expresiones de júbilo, los
abrazos, los panegíricos, hasta de quienes no tenían el
menor interés en el asunto, cuando se anunció el resultado
hace un año. Pero... y ¿desde entonces?
Aunque no lo conozco personalmente, me parece que
Carlos sabe cantar. Sabe desenvolverse en un escenario.
Tiene buena pinta. Tiene, en su papá, a un excelente asesor
mediático. Es joven. Es simpático. En su corazón seguramente
guarda sus propios sueños y en sus circunstancias
ciertamente cuenta con ventaja para alcanzarlos.
Mas, aparte de un disco sacado a la carrera, unas
participaciones en eventos por aquí o por allá, y su imagen
en algunos anuncios, afiches y camisetas, ¿qué hay?
Es que recuerdo, también, el burdo texto que circuló en
varios medios de comunicación: “La victoria de Peña
significa un verdadero logro para Guatemala, un país
donde, excepto por Ricardo Arjona, no hay estrellas en la
música pop ni en las artes o deportes en general” (!) No es
necesario enfermar de nacionalismo para desmentir semejante
inexactitud; basta con saber un poco acerca de
nuestros mejores exponentes en pintura, escultura, fotografía,
arte visual, literatura, rock , música clásica, incluso
de algunos atletas individuales.
Ahora bien, si para ser “estrella ” es indispensable
exiliarse de Guatemala y vivir en otro país... ya tendrá que
decidir Carlitos si eso es lo que él quiere. Por lo pronto,
sería agradable saber qué pasó con él.
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