Semanario de Prensa Libre • No. 221 • 28 de septiembre de 2008

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D recomendación


Rosario Castellanos

Prolongadas estancias en Chiapas, el acceso a documentos oficiales, nuevas lecturas y pláticas con personas que la trataron durante su permanencia en San Cristóbal —custodios cariñosos de fotografías, cartas y recortes de periódicos —, más la amistad personal con la escritora, dieron vida a este libro, construido alrededor de una recopilación antológica: nueve obras de teatro, un relato, dos notas educativas, dos ensayos y cuatro artículos, en los que la autora reflexiona desde la experiencia de su confrontación personal con la realidad de Chiapas, acerca de los propósitos y alcances del teatro guiñol para indígenas.

A lo largo del texto se reproducen fragmentos de conversaciones y entrevistas, más una muestra hemerográfica con abundantes acercamientos a su poesía y al ciclo narrativo chiapaneco, no siempre a resguardo de los encasillamientos “corriente indigenista ”, “escuela nacionalista”, “tendencia regionalista ”, de los que no participó.

El indigenismo de los cincuenta, el círculo de los antropólogos en un medio de confrontación ladino-indígenas, la “antropología aplicada” y el teatro guiñol, son algunos de los temas que contiene este libro.

Rosario Castellanos,
su presencia en la antropología mexicana.
Carlos Navarrete. 191 páginas.
Universidad Nacional Autónoma de México.

 

PRESTO NON TROPPO
Pues sí, Carlitos,

¿qué pasó?

Desde un principio fue obvio para los muchos que siguieron paso a paso el desarrollo del concurso Latin American Idol 2007 que, a pesar de sus virtudes, Carlos Peña no iba a ganar sólo con base en su desempeño musical. Era necesario que los fans se engancharan con lo que más fácilmente podían hacer: gastar una millonada en mensajitos telefónicos (a casi un dólar cada mensaje) para empujar estadísticamente al representante nacional, en un ardid que tuvo mucho de estrategia publicitaria pero poco de trascendencia artística. Y eso fue lo que sucedió. Millares de guatemaltecos respondieron a la convocatoria y Carlitos ganó. Recuerdo las expresiones de júbilo, los abrazos, los panegíricos, hasta de quienes no tenían el menor interés en el asunto, cuando se anunció el resultado hace un año. Pero... y ¿desde entonces?

Aunque no lo conozco personalmente, me parece que Carlos sabe cantar. Sabe desenvolverse en un escenario. Tiene buena pinta. Tiene, en su papá, a un excelente asesor mediático. Es joven. Es simpático. En su corazón seguramente guarda sus propios sueños y en sus circunstancias ciertamente cuenta con ventaja para alcanzarlos. Mas, aparte de un disco sacado a la carrera, unas participaciones en eventos por aquí o por allá, y su imagen en algunos anuncios, afiches y camisetas, ¿qué hay?

Es que recuerdo, también, el burdo texto que circuló en varios medios de comunicación: “La victoria de Peña significa un verdadero logro para Guatemala, un país donde, excepto por Ricardo Arjona, no hay estrellas en la música pop ni en las artes o deportes en general” (!) No es necesario enfermar de nacionalismo para desmentir semejante inexactitud; basta con saber un poco acerca de nuestros mejores exponentes en pintura, escultura, fotografía, arte visual, literatura, rock , música clásica, incluso de algunos atletas individuales.

Ahora bien, si para ser “estrella ” es indispensable exiliarse de Guatemala y vivir en otro país... ya tendrá que decidir Carlitos si eso es lo que él quiere. Por lo pronto, sería agradable saber qué pasó con él.

presto_non_troppo@yahoo.com



   

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