La otra cara de la Semana Santa
Algunos creen que los días venideros tienen mucho de santos. Otros opinan que es una excusa como otra cualquiera para poner en práctica alguno que otro pecado capital. Y es que la Semana Santa, sobre todo en Guatemala, puede ser vivida de mil y una maneras.
Fiel a sus orígenes españoles, uno de los momentos cumbres del año para los guatemaltecos es la que se lleva a cabo durante la Semana Mayor.
Quienes profesan la fe católica se lanzan a las calles de la ciudad para, primero, apreciar las efímeras alfombras de colores elaboradas con serrín, flores y frutas, y luego, observar el cortejo procesional con Cristos yacentes, Nazarenos y advocaciones de la Virgen.
Los rezos, al igual que el incienso, suben al cielo transformados en plegarias. Los cucuruchos y las devotas cargadoras, con los ojos cerrados, reciben en sus hombros las andas, y comienza a bambolear la procesión.
Todo pareciera efectuarse bajo un estricto código de respeto y armonía. Aunque las más de las veces así sucede, la verdad es que mientras pasa el cortejo, alguno que otro parroquiano protagoniza otra historia, muy alejada de la solemnidad.
Sobre la otra cara de la Semana Santa trata el tema D fondo de esta edición. Isaac Ramírez relata con hilarante jocosidad varias anécdotas de las que ha sido testigo, y quizá protagonista, durante 20 años.
Viviana Ruiz,
editora
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